La clave para vivir más: el hábito sencillo que comparten las personas más longevas del mundo
La longevidad no está en los entrenamientos extremos ni en el gimnasio, sino en este gesto cotidiano que mejora la salud, el físico y la mente
Las personas más longevas del mundo tienen algo en común: caminan todos los días.
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No corren maratones ni hacen rutinas extremas. Lo hacen para ir a trabajar, para hacer la compra o para despejarse.
Es un gesto cotidiano, integrado en su día a día, que apenas llama la atención, pero que marca la diferencia cuando se analizan los patrones de longevidad en distintas partes del mundo.
En las zonas del planeta donde la esperanza de vida supera con frecuencia los 90 o incluso los 100 años, caminar no se concibe como ejercicio, sino como una forma natural de desplazarse.
Allí no se planifican entrenamientos ni se contabilizan calorías: se anda porque forma parte de la vida. Mientras tanto, en muchas ciudades modernas, el contraste es evidente. Hay quien se desplaza en coche al gimnasio para caminar en una cinta durante media hora y después vuelve a casa sentado.
Este cambio en el estilo de vida no es casual. La forma en la que nos movemos ha cambiado radicalmente en apenas unas décadas.
Según señala el coach fitness y creador de contenido David Martínez, "nuestros antepasados daban más de 20.000 pasos al día. Hoy la mayoría no llega ni a 3.000. Y aun así, caminar sigue siendo el ejercicio más infravalorado que existe: no cuesta nada y mejora tu salud, tu físico y tu mente".
Accesible y fácil
Caminar es una actividad simple, accesible y sin barreras.
No requiere equipamiento ni conocimientos técnicos, y se puede adaptar a cualquier edad y condición física.
A diferencia de otros ejercicios, no genera un estrés excesivo en el cuerpo, lo que permite mantenerlo de forma constante a lo largo del tiempo. Y precisamente esa constancia es una de las claves de la longevidad.
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Beneficios de caminar
Los beneficios de caminar de forma regular son amplios y están bien documentados. Ayuda a quemar grasa y a reducir la grasa visceral, una de las más peligrosas para la salud. Mejora la sensibilidad a la insulina y aumenta la termogénesis por actividad no asociada al ejercicio, lo que contribuye a un mayor gasto calórico diario sin necesidad de entrenamientos intensos.
Además, regula el apetito y disminuye el cortisol, la hormona del estrés, favoreciendo un mejor equilibrio hormonal.
Desde el punto de vista cardiovascular, caminar mejora la salud del corazón, reduce la presión arterial y contribuye a una mejor circulación.
También tiene efectos positivos sobre la mente: agudiza la concentración, mejora el estado de ánimo y ayuda a combatir la depresión. No es casual que muchas personas utilicen los paseos diarios como un espacio para pensar, desconectar o gestionar el estrés.
A nivel físico, caminar fortalece las articulaciones, mejora la digestión y favorece la oxidación de grasas.
Es una actividad con un riesgo de lesión muy bajo, lo que la convierte en una opción segura a largo plazo. Además, si se realiza al aire libre, contribuye a aumentar la vitamina D, clave para la salud ósea y el sistema inmunitario, y mejora la calidad del sueño.
Otro de sus puntos fuertes es su facilidad para integrarse con otros hábitos saludables. Caminar se puede combinar con escuchar podcast, hacer llamadas telefónicas, charlas con amigos o familiares o simplemente disfrutar del entorno. También desarrolla disciplina, ya que no hay excusas: es gratis, accesible y siempre disponible.
Clave para vivir más y mejor
En un contexto donde el sedentarismo se ha convertido en uno de los principales factores de riesgo para la salud, apostar el hábito de caminar a diario puede ser una de las decisiones más sencillas y efectivas para vivir más y mejor. Como resume David Martínez: "Cuando dudes, sal a caminar".
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