La cara oculta de la cerveza sin alcohol: por qué no es tan saludable como parece, según una nutricionista
Mylenne Salazar desmonta los mitos sobre esta bebida cada vez más popular
La cerveza sin alcohol se ha convertido en una de las opciones preferidas para quienes quieren reducir el consumo de alcohol sin renunciar al sabor de una cerveza.
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Aunque tiene una imagen de producto ligero y supuestamente saludable, esta percepción no siempre se ajusta a la realidad nutricional del producto.
Según Mylenne Salazar, dietista con más de 14 años de experiencia y divulgadora en redes sociales, la cerveza sin alcohol "no es una bebida saludable, no ayuda a adelgazar, no regula tus picos de glucosa y no te desinflama".
Una afirmación contundente que choca con el mensaje que durante años ha acompañado a este tipo de bebidas, promocionadas como una alternativa "mejor" frente a la cerveza tradicional.
La experta va más allá y advierte de que "la cerveza sin alcohol es mucho más perjudicial" de lo que imaginamos.
El motivo principal está en su composición. Aunque el proceso de eliminación del alcohol reduce uno de los componentes más problemáticos de la cerveza convencional, no convierte automáticamente el producto en una opción saludable.
De hecho, puede generar otros inconvenientes desde el punto de vista metabólico.
Cómo se sustituye el azúcar
Tal y como explica Salazar, el alcohol es un azúcar.
Al retirarlo del producto, se necesita compensar esa pérdida para mantener la textura, el sabor y la espuma características de la cerveza.
Para lograrlo, se recurre a la adición de jarabe de glucosa u otros azúcares simples.
Este añadido tiene un impacto directo en los niveles de glucosa en sangre, provocando picos que pueden ser especialmente perjudiciales para personas con resistencia a la insulina, diabetes o que buscan controlar su peso.
Lejos de ayudar a adelgazar, la cerveza sin alcohol puede convertirse en una fuente de azúcares de rápida absorción que no aportan saciedad ni beneficios nutricionales relevantes.
Además, al tratarse de un producto líquido, estos azúcares se consumen con facilidad, a menudo sin ser plenamente conscientes de la cantidad ingerida.
Otro de los mitos habituales es su supuesto efecto antiinflamatorio o digestivo.
Según la experta, no existe base para sostener que la cerveza sin alcohol tenga propiedades desinflamatorias ni que mejore la salud intestinal. Al contrario, el consumo habitual de bebidas con azúcares añadidos puede favorecer procesos inflamatorios y alterar el equilibrio metabólico.
Alternativas saludables
Ante este escenario, Salazar propone alternativas más saludables para el consumo diario.
Entre ellas, recomienda el agua con gas, que puede resultar refrescante y saciante sin aportar calorías ni azúcares; las infusiones o tés, tanto calientes como fríos; y las aguas saborizadas, siempre que no contengan azúcares añadidos.
En resumen, la cerveza sin alcohol no es el producto saludable y ligero que muchos creen.
Aunque puede ser una opción puntual en contextos sociales, no debería considerarse una bebida saludable ni un aliado para la pérdida de peso o el control de la glucosa. Leer las etiquetas y priorizar bebidas simples sigue siendo la mejor estrategia para cuidar la salud.
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