La próstata es una glándula exclusiva del hombre que, con el envejecimiento, tiende a aumentar de tamaño.
Este crecimiento, cuando no es canceroso, se conoce como hiperplasia benigna de próstata.
Se trata de una patología muy común: afecta al 50% de los hombres mayores de 50 años y al 90% de los que tienen entre 70 y 80 años. A pesar de su alta prevalencia, sigue siendo una enfermedad infradiagnosticada.
Según una encuesta realizada por la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC), el 69,5% de los hombres declara haber sufrido algún síntoma asociado con la próstata, pero solo el 31,8% ha acudido a visitar al urólogo.
Estos datos reflejan una realidad preocupante: muchos hombres conviven durante años con síntomas urinarios que afectan a su calidad de vida sin buscar ayuda médica.
Uno de los síntomas más característicos de los problemas prostáticos es la nicturia, es decir, la necesidad de levantarse a orinar durante la noche.
Esto ocurre porque el agrandamiento de la próstata comprime la uretra e interfiere en el vaciado normal de la vejiga.
Como consecuencia, la vejiga no se vacía por completo y se llena antes de lo habitual, obligando a orinar con más frecuencia, especialmente durante las horas de sueño.
En muchos casos se normaliza y se atribuye al paso del tiempo, a haber bebido líquidos antes de acostarse o a dormir ligero.
Sin embargo, cuando esta necesidad se repite todas las noches, puede ser una señal de alerta que no conviene ignorar. Uno de los motivos más habituales detrás de este síntoma es un problema de próstata.
Otros síntomas
Los síntomas de la hiperplasia benigna de próstata son variados y no se limitan solo a levantarse por la noche.
Pueden estar relacionados con el llenado de la vejiga, con el vaciado o con molestias que aparecen después de orinar.
Entre los más habituales se encuentran las interrupciones en el flujo de orina, la dificultad para iniciar la micción y el flujo de orina débil.
También es frecuente el goteo después de orinar, la sensación de que la vejiga sigue llena pese a haber ido al baño y la necesidad urgente de mear, incluso con poca cantidad de orina.
A todo ello se suma la micción frecuente, sobre todo por la noche, uno de los síntomas que más impacta en el descanso y el bienestar diario.
Acudir a un urólogo
Aunque la hiperplasia benigna de próstata no es un cáncer, puede provocar complicaciones si no se trata a tiempo.
Entre ellas se incluyen infecciones urinarias recurrentes, retención aguda de orina, daño en la vejiga e incluso afectación renal. Además, algunos de sus síntomas pueden solaparse con los del cáncer de próstata, por lo que una evaluación médica resulta clave para descartar patologías más graves.
La detección temprana es fundamental. Consultar con un urólogo ante cualquiera de estos síntomas es esencial para evitar que los problemas de próstata se compliquen y deriven en otras patologías.
El urólogo puede realizar pruebas sencillas y establecer un tratamiento adecuado, que puede ir desde cambios en el estilo de vida hasta medicación o intervenciones específicas, según cada caso.
Concienciar a los hombres sobre esta realidad es fundamental. Normalizar hablar de la próstata y de los síntomas urinarios no solo mejora la calidad de vida, sino que puede salvarla. Asimismo, escuchar al cuerpo y acudir al médico a tiempo sigue siendo la mejor herramienta para cuidar la salud.