Desde que el rey pamplonés Sancho III el Mayor repartió su reino entre sus hijos, la localidad de Biel, en la comarca zaragozana de Cinco Villas, se convirtió en territorio fronterizo que fue atacado y defendido en varias ocasiones durante las disputas fronterizas de los reinos de Navarra y Aragón. A la sombra de las localidades que dan nombre a la comarca, Ejea de los Caballeros, Tauste, Sádaba, Uncastillo y Sos del Rey Católico, son muchos los viajeros que pasan de largo mientras recorren esta comarca, y se quedan sin conocer un tesoro.

La sierra de Santo Domingo es el marco que cierra el horizonte y esconde este pueblo de indudable sabor antiguo y, paseando por sus calles, no es difícil ponerse en el lugar de quienes vivieron hace mil años en sus casas.

Panorámica de Biel con la sierra de Santo Domingo al fondo. Diego Delso

Una gran torre

Desde lejos se ve la gran torre del castillo de Biel, una estructura que revela enseguida su razón de ser, ver y ser vista de lejos. Una muestra de poder para tiempos turbulentos en los que las escaramuzas militares no eran extrañas.

De forma natural, a la sombra de la protección que ofrecía el recinto, se fue construyendo poco a poco una población que daba servicio al castillo y que poco a poco se convirtió en una población de artesanos y agricultores. Es una villa modesta, pero auténtica, de callejuelas estrechas y ambiente medieval, un casco urbano el que seduce a cada paso.

El castillo es uno más de la línea defensiva que separaba musulmanes de cristianos y aragoneses de navarros. Aunque su estructura no es de las más impresionantes de la zona, es una torre con una pequeña muralla rodeándola; lo que la hace destacar de otras semejantes es el tamaño, sus 30 metros de altura. Hace que cualquier estructura cercana parezca pequeña.

Pero además cuenta con un detalle que la hace distinta de todas las de su alrededor: el número de aspilleras en sus muros es sensiblemente superior al que tienen las demás. Esta característica la emparenta con las construcciones normandas del norte de Francia. Según cuentan los historiadores, fueron constructores venidos de esa región durante la Cruzada de Barbastro en el siglo XI contra los musulmanes que dominaban la península.

Al lado de la torre se ubica la iglesia de San Martín, levantada en el siglo XVI sobre los restos románicos de la original. Con todo, y a modo de contrastes, es el altar barroco lo que más destaca en su interior.

La judería

Como en otros casos, esta guarnición militar fue el germen de un núcleo urbano que todavía se mantiene. Recorrer sus calles es pasear por una maraña de calles y pasadizos empinados y estrechos que se retuercen alrededor de casonas con blasones que hablan de un importante legado patrimonial y recoletas plazas en las que disfrutar del silencio y una calma asentada durante siglos.

Una parte de este casco histórico lo forma la judería, un rincón donde vivía la población hebrea y que durante el siglo XV llegó a ser la mitad de la población. Esto la convirtió en una de las más importantes del reino.

Este legado judío es aún visible. Numerosas casas conservan todavía una pequeña hornacina junto a la puerta principal que en su momento sirvió para colocar un pergamino en el que se habían escrito unos versículos de la Torá, y no solo en su entramado urbano. También lo es en forma de hornacinas que se conservan en las entradas de algunas casas y que servían para colocar la Mezuzá, un pergamino con versículos de la Torá, el equivalente al Pentateuco cristiano, los cinco primeros libros del Antiguo Testamento que ambas religiones comparten.

Senda por El Frago de Biel. Toporation

Naturaleza y estrellas

Para quienes la actividad al aire libre sea su principal interés, Biel cuenta con el atractivo de estar completamente rodeada por la sierra de Santo Domingo, un paisaje protegido en el que los bosques de encinas, hayas y los pinares son su principal atractivo. De esta forma, senderistas, ciclistas y excursionistas en general encontrarán numerosas rutas y sendas para disfrutar de su deporte favorito. Aunque ahora en invierno quizá no apetezca mucho bañarse, las piscinas naturales de Pozo Pígalo siguen siendo uno de los destinos de la zona para visitar y disfrutar del paisaje. La senda del río Arba es un itinerario muy recomendable para adentrarse en este entorno.

Además, no se debe olvidar que, si ahora no se puede o si se es amante de los fenómenos astronómicos, este año 2026 trae varios destacados, como la Luna Azul (denominación que se da a la segunda luna llena en un mismo mes) el 31 de mayo y el especial eclipse total de sol del 12 de agosto. Para este último, basta recordar que Biel se encuentra dentro de la zona de totalidad y se podrá disfrutar del fenómeno durante algo más de un minuto. Salvo que las nubes opaquen el cielo, este es un excelente lugar para disfrutar de las estrellas en cualquier noche del año.