Arsen Zakharyan sigue sin desplegar las alas
El ruso regresó tras perderse siete partidos por una lesión en el sóleo y volvió a rozar la gloria, aunque desperdició tres ocasiones muy claras casi al final
Siempre hay futbolistas cuyo debate se mantiene abierto y casi nunca termina de resolverse. Arsen Zakharyan es uno de ellos. Tres años después de que la Real Sociedad apostara fuerte por su talento –13 millones abonó al Dinamo de Moscú, una inversión importante que lo señalaba como apuesta de presente y futuro–, el ruso continúa siendo más promesa que realidad. Y, pese a ello, en Zubieta nadie discute su calidad.
Su primera temporada dejó señales positivas, aunque sin consolidarse como indiscutible. Disputó 40 partidos, 22 como titular y solo tres completos, con 1.861 minutos, un gol en la Liga y dos asistencias. Cifras discretas, pero acompañadas de detalles técnicos que alimentaban el optimismo: conducción elegante, visión para el último pase y personalidad para recibir entre líneas.
No fue un impacto inmediato, pero sí un punto de partida lógico para un jugador joven que llegaba desde otro contexto competitivo y cultural. Fue titular en escenarios exigentes como San Siro, aunque su actuación más recordada terminó siendo la exhibición en Mendizorrotza, en un duelo de menor trascendencia.
El año que lo frenó todo
La segunda campaña supuso un frenazo brusco. Una grave lesión en la pretemporada, tras una entrada de Jonathan Gómez, lo dejó prácticamente fuera de combate. Solo pudo disputar un partido como titular –ante el Leganés, con gol incluido y posterior sustitución al descanso por molestias– y tres apariciones desde el banquillo. En total, 79 minutos en todo el curso. Una cifra paupérrima que pone en evidencia que al final de cuentas se pasó un año en blanco que le puede pasar factura para el resto de su carrera. Más que una temporada discreta, fue un paréntesis en su progresión. Para un futbolista que necesita continuidad, la inactividad prolongada resulta especialmente perjudicial.
Este año estaba señalado como el de su consolidación. Sin embargo, los números vuelven a ser modestos: 16 partidos, cuatro titularidades y un gol en la Copa. A ello se suman acciones que han marcado la percepción externa: la ocasión fallada ante Osasuna en el último minuto, el penalti errado en una tanda decisiva o las tres oportunidades desperdiciadas frente al Oviedo.
Ante el conjunto asturiano, decidió culminar una buena jugada colectiva con un remate blando, cuando tenía la opción de abrir a Sergio Gómez, que doblaba por fuera. Más tarde, ya con el 3-3 en el marcador y en plena prolongación, cabeceó alto un centro preciso del propio Sergio Gómez. Poco después, tras un rebote en el poste, reaccionó tarde y acabó disparando a las manos del guardameta.
Anoeta empieza a impacientarse. El talento se intuye, pero no se traduce en impacto sostenido. Desde el club txuri-urdin, sin embargo, el respaldo es firme. Pellegrino Matarazzo mantiene su confianza y ya dejó claro que no contemplaba una salida en invierno cuando surgieron rumores de cesión.
Fe interna y duda externa
En Zubieta el discurso es unánime: consideran que es un futbolista diferencial. El vestuario lo valora y el presidente sostiene en privado que está llamado a marcar diferencias. Pero el fútbol profesional exige rendimiento constante, no solo convicción.
Su llegada, además, estuvo cargada de simbolismo: aterrizó como relevo de David Silva. Sustituir a un referente de ese peso nunca es únicamente una cuestión técnica; implica asumir una herencia emocional y futbolística considerable.
El aspecto físico también genera inquietud. Las lesiones han condicionado su continuidad y alimentado dudas externas. Desde los servicios médicos de la entidad guipuzcoana han salido al paso para defender su profesionalidad, pero cada nuevo parón amplifica el ruido. A ello se suma una adaptación más compleja de lo previsto. El cambio de contexto –idioma, cultura, estilo de juego y exigencia mediática– no siempre es inmediato, y en su caso el proceso ha sido más lento de lo esperado.
Zakharyan tiene 22 años. Ya no es una irrupción juvenil, pero aún está a tiempo de consolidarse. La cuestión que sobrevuela Anoeta es clara: ¿necesita simplemente continuidad o, como ya temen algunos, estamos ante una promesa que no terminará de dar el salto? La calidad técnica permanece: golpeo, visión y capacidad para filtrar pases diferenciales. Lo que falta es regularidad competitiva. Y en un club que aspira a competir en Europa cada temporada, el margen de paciencia no es infinito.
La Real apostó por un proyecto de estrella. Hoy ese proyecto sigue en construcción. El fútbol, sin embargo, rara vez concede todo el tiempo deseado. Zakharyan vive en esa frontera incómoda entre lo que promete y lo que ofrece. Y el reloj, silencioso, sigue avanzando.
