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Tribuna txuri-urdin: "Paréntesis en el Bernabéu"

La mejor Real de Matarazzo viajó a Madrid y no pudo ser ella misma. Que vuelva contra el Oviedo

Tribuna txuri-urdin: "Paréntesis en el Bernabéu"AFP7 vía Europa Press

Con la derrota en Madrid aún caliente, Mikel Oyarzabal se mostró claro ante los micrófonos de la televisión, todavía vestido de corto: “El cansancio no debe ser excusa, pero está ahí”. Durante una temporada se juegan partidos y partidos, también con Matarazzo. Y el del sábado era uno de esos a los que, por su dificultad y por su ubicación en el calendario, no debemos prestar mucha atención en clave analítica. Al fin y al cabo, casi nada de lo que hizo la Real Sociedad en el coliseo merengue puede disociarse de la semana que quedaba atrás, durante la que el equipo había completado con éxito 180 minutos de concentración absoluta ante Elche y Athletic. Luego en Chamartín pesaron las piernas, como ya dijo el capitán, pero seguro que afectó también, a nivel mental, el hecho de afrontar un tercer ejercicio consecutivo de exigencia casi quirúrgica. Volver a sumar demandaba acercarse muy mucho a una perfección a la que los txuri-urdin miraron con prismáticos. Y así cuesta mucho en un estadio así.

Hasta el final

Atado de pies y manos por el desgaste copero y por el miedo a posibles lesiones, el entrenador quiso promover ante los de Arbeloa un partido largo, en el que la incertidumbre por el resultado se prolongara hasta el minuto 90. Para ello mentalizó a los suyos de que iba a tocar defender replegados durante largas fases del choque. Para ello diseñó, por primera vez desde su llegada, una presión alta zonal y no individual, ahorrándoles a los futbolistas persecuciones exigentes. Y para ello se guardó también en el banquillo a quienes posiblemente significan sus dos armas más potentes para atacar en transición: Turrientes con sus conducciones verticales y Guedes con sus carreras profundas. Beasaindarra y portugués podían hacer de las suyas con el encuentro avanzado. El problema residió en que, cuando el plan A de Rino entró en escena, el marcador reflejaba ya un rotundo 4-1. Polémicas arbitrales al margen, la idea inicial había dejado bastante a deber...

El sello de 'Rino'

Contra el colista en casa. En medio de una semifinal de Copa. Y en ese carajero horario de las dos de la tarde. Lo que nos aguarda el sábado en Anoeta frente al Oviedo puede parecer un mero trámite. Se trata, en realidad, de un encuentro importantísimo, por lo que supone a nivel matemático (tres puntos siempre son tres puntos) y porque debe implicar el cierre del paréntesis abierto en el Bernabéu. El de Madrid fue un partido especial, por las circunstancias explicadas. Pero la Real llegó al mismo tras firmar sus dos mejores actuaciones con Matarazzo, en orden creciente además. Hasta hace un par de semanas, subrayamos varias veces en este mismo espacio cómo el equipo ganó ciertos encuentros agarrado al cambio de inercia que suelen generar los relevos en el banquillo. Las citadas victorias ante Elche y Athletic, mientras, tuvieron un sello Rino que ya había emergido en Vitoria para remontarle al Alavés. Que vuelvan cuanto antes aquellas sensaciones, nada lejanas en el tiempo, por otra parte.

En San Mamés

El derbi copero de Bilbao resultó casi perfecto. El buen trabajo defensivo permitió a la Real proteger con eficacia el área de Remiro, y robar también desde su presión alta el balón que significó el 0-1. Además, los txuri-urdin hicieron mucho daño al rival mediante su salida de tres, las conexiones con Oyarzabal y los cambios de orientación hacia Guedes. Y se trajeron así un botín en ningún caso definitivo, pero sí digno de ser destacado como merece. Fue una victoria a domicilio y en unas semifinales: palabras mayores. Porque se habla demasiado a la ligera de oportunidad perdida para sentenciar la eliminatoria... Y se infravalora así el descomunal peso que tiene el gol en el juego. Lo merecieron desde mucho antes los de Matarazzo, con ocasiones y con posibles penaltis. Pero, una vez que lo marcaron, su amenaza bajó enteros y su superioridad menguó claramente. Tardar 61 minutos en adquirir ventaja pudo ser hasta bueno, porque minimizó la capacidad de respuesta de un Athletic que, con su cuádruple cambio, había agotado ya el comodín de la revolución.