Si hacen como yo y cogen lo primero que tienen a mano para marcar la página que están leyendo, siempre y cuando hablemos de papel, pueden haber sido protagonistas de algunas historias curiosas. La mía, si cabe, tuvo hasta su momento inverosímil.

Había vuelto a coger un libro de consulta en una biblioteca mediante el préstamo interbibliotecario, ese tesoro que nos permite en la CAV pedir cualquier libro que aparezca en el catálogo, sin importar dónde esté físicamente, desde nuestra biblioteca de cabecera. Lo iba a hojear mientras escuchaba en la radio una entrevista a la bibliotecaria de Errenteria. El motivo era la exposición 'Tesoros entre páginas', una curiosa iniciativa en la que mostraban marcadores, tickets, fotografías, postales, notas manuscritas e incluso algún que otro curioso objeto que habían sido usados como marcapáginas y olvidados por sus dueños al devolverlos. Con ellos habían montado una exposición en la que interpelaban a la imaginación para tratar de descubrir las historias tras esos retales de nuestra vida olvidados entre las páginas.

Mientras escuchaba la radio llegué, me di cuenta de que el libro que miraba también tenía un marcapáginas olvidado. Pero más sorprendente fue comprobar que a pesar de que habían pasado seis meses desde la última vez, ahí seguía en la página donde lo dejé.