La fiesta de San Sebastián es mágica. La cercanía del patrón de la ciudad, cuyo influjo ya le echó un cable al equipo el martes con ese gol de Zubeldia en el último suspiro, volvió a dar alas a una Real, de Matarazzo, que derrotó por segunda temporada consecutiva al flamante y en los últimos meses intratable líder de la categoría.
Los blanquiazules supieron aguantar como pudieron el vendaval azulgrana, que se topó con un portero que se reivindicó como nunca ante el entorno de un equipo que no para de hacerle de menos. Remiro fue la estrella de una tamborrada con un Tambor Mayor como Oyarzabal, que subió enteros el espíritu y la competitividad de su ejército, y un Guedes que simplemente marcó las diferencias cuando pisó el área rival. Él puso un centro perfecto que Oyarzabal convirtió en gol y él recogió un centro de Soler para lograr el 2-1 segundos después de que el Barcelona empatara. Y sus rivales, que las tuvieron de todos los colores, no estuvieron tan finos en la definición. O no lograron batir a un meta que es internacional y campeón de Europa por algo. Y el que le conoce sabe muy bien que estaba esperando esta cita para recordar a la Liga que la portería de la Real está muy bien guardada desde hace muchos años.
Un rival espectacular
Vamos a volver a incidir en lo más importante. Este Barça es un conjunto de un nivel espectacular, un posible campeón de Europa, con un talento desbordante, que además se presentó en Anoeta en un momento álgido, cuando ya ha alcanzado la velocidad de crucero del curso pasado y va dejando cadáveres a su paso. La única forma que tenía la Real para ganar era esperar, aguantar el chaparrón como cuando entra una galerna por el Cántabrico que se lleva todo a su paso y esperar a que llegase su ocasión.
Porque, aunque su nivel es muy inferior, a nadie se le escapa que esta plantilla cuenta con elementos ofensivos que también pueden marcar diferencias si encuentran su espacio y generan sus opciones. Lo decíamos en la previa. Esto es Anoeta, Donostia y aquí lo que sucedió esta noche simplemente ha pasado y se ha repetido en muchas ocasiones.
Nos gusta insistir en que para nosotros la Real es el club más grande, que aquí los niños quieren ser Oyarzabal, no Messi o Lamine Yamal, que por estos lares han pasado los más grandes del mundo y han sufrido y muchos han doblado la rodilla y el que avisa no es traidor. Si encima al hechizo se le añade la festividad de San Sebastián, la realidad es que puede suceder cualquier cosa.
No sorprende
Que la Real ganase no sorprende a ninguno de sus fieles. Que lo hiciese después de que Remiro firmara varias paradas al estilo Arconada y que el Barcelona estrellara hasta en cinco ocasiones la pelota en la madera fue una cuestión de la Virgen del Coro o del espíritu del patrón de la ciudad, que se colocó bajo palos para desviar la lluvia de remates visitantes con la que acecharon las murallas donostiarras.
Un gol de Oyarzabal y otro de Guedes dieron un triunfo antológico a una Real que ha pasado de una campaña que parecía triste y deprimente a vivir una de las semanas más emocionantes y sobrecogedoras que se recuerdan. Y en esto tiene mucho que ver Matarazzo, que, aparte de acertar con sus planteamientos y de convencer al grupo de que es capaz de enfrentarse al que sea y de reponerse de cualquier golpe que reciba, también salió a regar un poco su flor con un triunfo con tanta madera de por medio.
Matarazzo fue valiente y apostó por su plan habitual sin importarle que enfrente estaba el arsenal ofensivo más potente de toda Europa. Zubeldia sentó a Caleta-Car. Y el resto fueron los esperados o los habituales con Sergio y con el americano.
¿Quién ha sido el mejor jugador de la Real?
El partido comenzó con un gol anulado a Oyarzabal, a centro de Guedes, en una jugada calcada a la del inicio de partido de Osasuna, aunque el servicio fuese en aquella ocasión de Soler. Fue el pistoletazo de salida para un auténtico baño del Barcelona y para una locura de primera parte debido a los errores de Gil Manzano y las intervenciones del VAR. Pronto se descubrió que la empresa iba a ser de aúpa, con un líder enrachado y vestido de frac. Haciendo gala de un despliegue físico y táctico espectaculares, con un juego combinativo quirúrgico, con una precisión de cirujanos. Una cosa de locos. Al minuto, Pedri ya había puesto a prueba a Remiro. Luego llegó el tanto anulado a Olmo por una falta previa a Kubo, un disparo del internacional que se fue alto, otros dos de Lamal que era un demonio...
Tras una contra de Kubo, que proyectó bien en largo a Guedes pero este se vio perjudicado en la definición por un resbalón, llegó la diana anulada más polémica, por milímetros de Yamal, por la que llorarán durante toda semana en Barcelona. La máquina es igual para todos y si no que vean por qué a Oyarzabal le birlaron un gol en Vigo cuando el equipo estaba en plena crisis. Unos días te favorecen y otros, te perjudican. No hay más con el sistema del VAR.
Pasada la media hora, en un doble servicio maravilloso de Guedes, Oyarzabal adelantó a la Real al estar muy inteligente para no caer en fuera de juego y volear con el interior. Turrientes tuvo su opción con la zurda y Olmo y Yamal se volvieron a encontrar con el muro en los últimos minutos.
En la reanudación el panorama no cambió mucho. Olmo envió dos balones al poste casi seguidos, Ferran descubrió que Remiro seguía enchufado y poco después hizo la parada de la noche en un cabezazo de Lewandowski que sacó de milagro antes de que la pelota rebotara en el larguero.
Matarazzo pasó a jugar con tres centrales y dos carrileros, algo que agradeció el equipo, que se vio más protegido y más suelto en ataque. Pero en el minuto 70 empató Rashford en un centro al segundo palo y cuando la cosa pintaba mal, esta Real, que ahora tiene una mandíbula de granito, reaccionó al golpe con otro más contundente al minuto al aprovechar Guedes el centro de Soler. Oyarzabal perdonó el tercero, tras un centro de Odriozola, y Zubeldia casi anotó de vaselina pero salvó bajo palos Cubarsí.
Y en los minutos finales, después de otro larguero de Koundé y de otro palo en el saque de esquina, Soler vio la roja por una entrada a Pedri. Una acción que rearbitraron con descaro y que quizá no hubiese sido igual con otro rival y otro jugador. Los realistas se remangaron y aguantaron sin excesivos apuros porque para ese momento Remiro ya era un pulpo que atrapaba todo lo que le pasaba cerca.
Derrotar a este Barcelona en un encuentro así, con un rival a un nivel estelar, está cerca de lo místico y mágico. Como el día de San Sebastián está tan cerca, todos lo entendemos mejor y si no que le pregunten a Agirretxe y su gol inmortal que volteó un 0-2 en la víspera.
Que esta Real, viniendo de donde viene y en la situación en la que se encuentra, sea capaz de imponerse al líder no es ninguna sorpresa. Es una cuestión de creer. Y en eso Matarazzo parece uno de los mejores, porque, además, transmite tanto que convence a todos. Parece el flautista de Hamelin.
Los donostiarras somos plenamente conscientes de que cuando la Real logra una hazaña de este tipo nos volvemos a sentir especiales. Por la belleza de nuestra tierra, por su club, por su gente, por el amor que le profesa su parroquia… Porque Donostia es única en el mundo. Que empiece la fiesta. Bagera!