El gato y el ratón

Cambiaba el Mallorca para frenar a la Real. Respondían con acierto los de Imanol. Sucedió varias veces en apenas 47 minutos. Se impuso el cuadro txuri-urdin

27.01.2020 | 06:24
Odegaard conduce el balón perseguido por Lumor.

está bien ganar. Pero el cómo también importa. No se trata aquí de valorar factores estéticos. No se trata de hacer un llamamiento al jogo bonito. Se trata principalmente de sembrar en clave de futuro. Y ayer la Real se llevó un partido que debe suponer un impulso para lo que resta de temporada. Encontró sobre la marcha antídotos para los virus que trató de inocularle el rival. Y sacó adelante un encuentro encarrilado a partir de dos goles cuya película no respondió ni mucho menos a la casualidad. Una salida de tres con Zubeldia entre centrales. Una presión tras pérdida de Llorente con 70 metros a sus espaldas. Este es el equipo txuri-urdin. Sumó tres puntos siendo él mismo. Mostrándose fiel a una forma de hacer las cosas. Mostrándonos también matices poco usuales. Y celebrando un nuevo gol del delantero llamado a ser titular de aquí a mayo. Magníficas noticias. ¡Si hasta descansó algo Oyarzabal!

EL INICIO Tuvo su miga el arranque de partido. Seguro que Imanol y los miembros de su cuerpo técnico se habían empapado de vídeos mallorquinistas durante los días previos. Pero las circunstancias de la competición pueden esconder a veces los planes de un entrenador. El caso es que el cuadro balear había basado su victoria ante el Valencia, el pasado domingo, en un engrasado 4-4-2 con el que encarriló aquel duelo. El conjunto che, desbordado, cambió su dibujo en el descanso y apostó por un 4-3-3 similar al de la Real. La reacción de Vicente Moreno consistió en ajustar a los suyos ipso facto, escorando al Cucho Hernández en fase defensiva. Pero la expulsión de Parejo, un par de minutos después, convirtió el movimiento en casi imperceptible. ¿Lo detectó nuestro entrenador mientras quemaba energías en la bici estática de Zubieta? Tiene toda la pinta de que sí.

LA REACCIÓN ¿Por qué? Pues porque sus futbolistas no tardaron en ejecutar un plan que pareció adecuarse a ese 4-1-4-1 del rival. Atraían marca Zaldua y Aihen. Pisaban línea de cal Odegaard y Merino, al costado de sus teóricas marcas. Y el hecho de que Portu y Oyarzabal partieran a pierna cambiada, buscando zonas interiores, cobraba así todo su sentido. La salida de tres con Zubeldia incrustado entre centrales facilitó además los inicios por banda de la Real, con lo que Vicente Moreno se apresuró a cambiar sobre la marcha. Apenas diez minutos le duró el esquema del comienzo. Enseguida pasó a un 4-4-2 con Cucho y Budimir en punta, apuesta que coincidió en el tiempo con otras dos circunstancias. Como Merino y Odegaard ya no iban a poder disfrutar de ese espacio que frecuentaron en el arranque, a los extremos realistas se les pasó a demandar amplitud, con lo que Portu y Oyarzabal regresaron a sus perfiles naturales. En clave visitante, mientras, dio la sensación de que el Mallorca mejoró con el nuevo contexto, blindándose aún más por dentro para que sus centrocampistas no tuvieran que perseguir en horizontal.

NUEVO CONTEXTO El dibujo de los baleares a partir del cuarto de hora otorgó a estos, además, una mayor libertad en ataque, menos rigidez. Dani Rodríguez dejó de actuar fijo en el carril interior para aparecer en él desde la banda. Cucho, ya en punta, pudo caer al ala izquierda intercambiando su posición con Lago Junior. Y este encontró también sitio para centrarse y ceder todo el pasillo exterior a su lateral. Generaron lo suyo los de Vicente Moreno tras implantar semejante dispositivo. Hasta que poco a poco, conforme fue acercándose el descanso, la Real encontró vías para inclinar el campo hacia Manolo Reina. ¿Cuáles? La principal, ganar escalones por fuera, con sus parejas lateral-extremo, para, desde ese punto de partida, terminar también las jugadas buscando la línea de fondo y no el balcón del área. Poco usual en este equipo. Pero productivo ayer.

LA SEGUNDA PARTE Sin llegar nunca a desarbolar a su adversario, y habiendo sufrido incluso para evitar un molesto 0-1, la Real sí ofreció la sensación durante el primer tiempo de haber sabido responder a las dos preguntas que le había hecho el Mallorca. La del arranque y la de la mutación bermellona a 4-4-2. Seguro que el entrenador visitante pensó lo mismo durante el descanso, porque lo aprovechó para dar a su maquinaria una nueva vuelta de tuerca. Solo fueron dos minutos. Los que separaron la reanudación del gol de Isak. Pero durante ellos pareció adivinarse un funcionamiento híbrido en el rival, respecto a las dos caras ofrecidas anteriormente. Regresó Moreno al 4-1-4-1. Pero en él Dani Rodríguez saltaba a la presión como no había hecho en el comienzo de la primera mitad. Lo vieron de inmediato los txuri-urdin para volver a su línea de tres en la salida. Para volver a apostar por la vía interior. Y la cadena de pases Merino-Oyarzabal-Isak rajó de arriba abajo al rival. Aihen le ganó la espalda a Cucho y la carrera hacia atrás del colombiano supuso una metáfora del partido en su totalidad. Se le escapaba su par. Se le escapaba el encuentro al Mallorca. Porque quedaba el segundo tiempo casi completo, cierto. Pero el valor anímico de un gol puede resultar tan decisivo como cualquier circunstancia táctica. Se vino arriba la Real. Siguió apretando. Apretó incluso más que antes. Y una presión tras pérdida liderada por un valiente Diego Llorente supuso la antesala de la sentencia.