Pamplona – Fernando Vallespín (Madrid, 1954) es un peso pesado de la politología. La pasada semana estuvo en Pamplona para participar en una jornada de la Universidad de Navarra sobre la encrucijada de los medios de comunicación en la democracia europea. La víspera de su intervención, recién llegado al hotel donde se alojaba, mantuvo esta entrevista, con el brío de quien detecta la profundidad del cambio geopolítico al que asistimos.
Después de muchos años de estudio y docencia asiste a transformaciones severas de paradigmas.
Estamos en un momento muy interesante pero a la vez enormemente peligroso, porque el mundo tal y como lo conocíamos se nos está derrumbando. Creo que estamos entrando en una nueva era. Por otro lado también es lógico porque los cambios de época suelen producirse como consecuencia de transformaciones tecnológicas. Se ha entrado en la era de la Inteligencia Artificial, que hace que todo sea muchísimo más complejo y más difícil de entender.
¿Y políticamente?
Hemos dado el salto hacia una nueva geopolítica, donde se ha vuelto a una situación curiosamente, muy parecida a la del siglo XIX, de neoimperialismo, que es lo que ahora parece que se está imponiendo. Hemos roto con el sistema de ordenación del mundo que nació de la Segunda Guerra Mundial, muy apoyado en instituciones internacionales, en valores que se daban por absolutamente supuestos, y eso Donald Trump lo ha dinamitado.
Vuelta a los imperios...
También asociados a aventuras bélicas como la guerra de Ucrania, a la búsqueda de zonas de influencia, lo que se percibe también mucho en el caso de China. Respecto a los sistemas democráticos, que es lo que más nos debería preocupar, estamos transitando sin darnos cuenta en dirección hacia nuevas formas de autoritarismo cuyos rasgos fundamentales todavía desconocemos. Eso se está acelerando mucho en los EEUU. En nuestro contexto más inmediato el gran interrogante es qué va a ser de Europa. O la sometemos a los dictados de EEUU, que nos trata prácticamente como si fuéramos una colonia suya, o Europa se sacude el dominio que quieren imponer Trump y Putin y vamos a una mayor unión. Seguramente no será igual que la UE tal y como la conocemos, pero la condición de posibilidad de nuestra supervivencia en este nuevo orden mundial yo creo que pasa por ahí.
¿Y entonces?
Europa se enfrenta a tres grandes desafíos, el primero y quizá el más preocupante es el militarismo ruso. El segundo es la dependencia de Donald Trump. Y el tercero la competencia económica de China. Nos han metido en una especie de pinza, donde los tres nuevos imperios nos están amenazando.
Habrá quien piense que esto no será para tanto.
Yo creo que sí es para tanto, estoy muy preocupado, creo que EEUU es una sociedad escindida, y en Europa está pasando lo mismo. Hay una guerra civil valorativa que afecta sobre todo a los principios que deben dominar en nuestro espacio geopolítico. Lo de Groenlandia ha sido un chantaje. Que alguien de quien tú dependes ante el desafío de Putin quiera aprovechar la situación de dominio militar sobre ti, alguien en quien confiabas en que te fuera a defender, de repente quiere calzarse una parte de tu territorio, son palabras mayores. Trump habrá conseguido que empresas estadounidenses puedan invertir en la búsqueda de tierras raras o poner sistema de misiles de defensa frente a potenciales ataques de China o de Rusia por el Ártico, pero como se diría vulgarmente se ha pasado 20 pueblos. Esto es cualitativamente distinto. Las relaciones internacionales no pueden estar al arbitrio de un loco. Y no retiro la palabra.
La OTAN está tocada.
Sí, desde que Trump pone en duda la aplicación del artículo cinco. Si mañana Putin entra de una manera sibilina en el norte de Finlandia y en Estonia, y no se reacciona, eso significaría que la OTAN está vulnerando sus propios estatutos.
¿No cabe pensar que Putin se va a conformar con parte de Ucrania?
Yo creo que no, hablo por lo que dicen los estados mayores de los países más importantes de Europa. Esto lo afirman Macron, Merz, Starmer, cualquiera que está al tanto de las informaciones de sus servicios secretos. Rusia parte de la base de que Europa por sí misma no está dispuesta a defenderse. En parte tiene razón si miramos las encuestas, en las que una mayoría de jóvenes no están dispuestos a dejarse la vida por Estonia o por el norte de Finlandia. Por tanto, Rusia piensa que Europa estaría tan horrorizada frente a un ataque ruso agresivo incluso con la posibilidad de alguna bomba nuclear práctica, con un destrozo muy limitado pero nuclear, y que buscaríamos inmediatamente un acuerdo, y a saber cuál sería su petición entonces. Putin sabe que EEUU no se va a enfrentar militarmente con ellos. Pero el simple hecho de que estemos hablando de ello, es un síntoma de que la cosa está fatal.
Se dice que Pedro Sánchez se aferra a la geopolítica, más cómodo en cuestiones internacionales.
Percibo que ahora está mucho más retirado hacia cuestiones nacionales. Es de los líderes objetivamente más débiles de Europa por su situación política interna, y eso lo saben los líderes europeos que respetan estos constreñimientos de la política interior. Creo que estamos muy apartados del G3 en seguridad, de Reino Unido, Alemania y Francia. Y hay un G 5 donde se unen Polonia e Italia.
Ha estado en Pamplona analizando en la UNAV la encrucijada de los medios informativos en Europa.
Hay un cambio de época cuando hay una transformación tecnológica. Como decía Marx, la base material condiciona la forma de ver el mundo. Hemos pasado de una democracia mediática donde la política se representaba en los medios de comunicación y el espacio público lo ofrecían los medios a la democracia digital donde estamos, donde todo tiene lugar en el ciberespacio, con consecuencias muy interesantes pero en algunos casos preocupantes. Los medios de comunicación tradicionales tenían que someterse a las leyes que rigen el oficio, por ejemplo verificar una noticia. Eran gate keepers. Los que vigilaban la entrada de lo que se hablaba, un filtro. Y de repente apareció el caos.
¿Cómo lo explica?
Soy catedrático de Ciencia Política y no conocía a Alvise. Me enteré en las últimas elecciones europeas que existía este señor que sacó prácticamente los mismos votos que Sumar. También la sorpresa de Trump tiene mucho que ver con campañas on line. Con podcast muy seguidos, radicalizados, mucho más reproducidos que una entrevista que te hicieran en la CBS o en la Fox. Esto está dinamizándose a una velocidad realmente impresionante. El nuevo espacio público es muy opaco pues la gente accede a informaciones que no son conocidas por todos a través de medios que no forman parte del espacio público común como son los telediarios o la prensa.
Un cambio muy profundo.
En las últimas elecciones en la India, que está muy avanzada en temas de Inteligencia Artificial, la gente recibía una llamada del avatar hablándole por su nombre en una campaña individualizada. Esto acabará imponiéndose aquí también. ¿Cuál es el problema como politólogo y analista? Que pierdes pie en aquello que se está cociendo durante la campaña, porque ya los mítines no te dan información.
ChatGPT me ha sugerido que le pregunte si la Inteligencia Artificial puede suponer un reto para la democracia. La respuesta parece obvia, por el efecto emocional.
¿Por qué tienen éxito los partidos populistas? Porque su discurso es muy fácilmente reproducible por los nuevos medios. Pero hay un componente emocional que se transmite, y puedes programar que la gente sienta odio o empatía o cualquier tipo de vínculo emocional según cómo le vayas transmitiendo lo que ocurre. Quien diseña el algoritmo acaba consiguiendo el poder. Yo soy muy categórico con eso. El gran problema que tenemos es que los algoritmos están en manos de gente que no cree en la democracia, que ahora mismo están apoyando la posición de Trump...
Hace un año asistieron a su toma de posesión.
Sí, sí, es el nuevo poder tecnofeudal. Y el problema es que controlan también medios convencionales. Bezos es el propietario del Washington Post. El hombre más rico del mundo tiene X. Luego están los dueños de la Paramount o Zuckerberg, que tiene Meta, Facebook, Instagram y Whatsapp, y todo eso se puede manipular... ¿Por qué estaban estos tecnoplutócratas en la toma de posesión de Trump? Porque el poder político les puede regular, que es por lo que odian a Europa, porque aquí hay una regulación muy estricta. Ellos necesitan a Trump y Trump les necesita a ellos. Se ha creado una especie de marinaje entre el poder social de los grandes plutócratas mundiales y el poder político. Un poco lo que ocurre en China desde otra perspectiva, donde el Estado controla la Inteligencia Artificial china. En EEUU estas nuevas empresas actúan independientemente de regulaciones públicas salvo unas muy laxas, pero están cada vez más vinculadas al Estado, y no sé detienen a la hora de manifestar sus opiniones políticas. Lo vemos en Elon Musk que dice que la AfD es lo que tienen que votar los alemanes, y afirma no creer en la democracia, que lo que hace falta es un gobierno dirigido por una especie de rey, que sea como un director de empresa y que
imponga un gobierno puramente tecnocrático, apoyado por supuesto por estas nuevas tecnologías. Esto antes no se daba. Los empresarios buscaban satisfacción e intereses fundamentalmente económicos, pero ahora los sistemas democráticos se enfrentan también a una élite que no cree en los valores del país en el que operan, como en EEUU u otros. Esto ya es un salto.
Incluso respecto a la primera legislatura de Trump.
Yo creo que cuando ganó por primera vez las elecciones en 2016 Trump no sabía dónde se metía, no tuvo más remedio que apoyarse en gente que sabía. La segunda vez estaba preparado, ya sabía qué decisiones tomar, a quiénes tiene que meter, a quiénes echar, y entró cortando cabezas. Por tanto está imponiendo un programa. Ese es el peligro y el escándalo, que no es producto de improvisación, sino que está bien meditado. Ahí Europa molesta. Estamos observando una capacidad de acción absolutamente acelerada, y detrás hay ya una estrategia. Él mandó el portaaviones al Caribe, una especie de aviso a navegantes, raptó a Maduro, y con Europa la advertencia es si no queréis lo tomamos, el aquí mando yo. Trump no puede disponer del territorio de los países que integran la OTAN y la Unión Europea. Por tanto, por una parte estamos ante un programa muy meditado de un sector de la derecha extrema de los EEUU, que a su vez se mezcla con otro peligro que es Donald Trump, porque también improvisa y adopta decisiones sin pensarlas en exceso.
¿Cómo convivir con quien no quiere hacerlo o espera escarmentarte?
Es el principio de tolerancia que presupone que tú respetas a quien no coincide con tus ideas, primero porque te quita de en medio gran cantidad de conflictos. Y también por respeto. Lo que pasa es que si no es recíproco entonces no hay posibilidad de entendimiento. La crisis de la democracia en el fondo es de valores compartidos. Lo que consideraba Europa y nos dotaba de identidad era que todos creíamos en los mismos valores, en la democracia, en la tolerancia, en el respeto mutuo... Si de repente dejamos de ponernos de acuerdo, como ha ocurrido con EEUU, quien resuelve nuestros conflictos al final es el poder. Se trata de buscar un equilibrio y una ponderación de los intereses mutuos y ver cómo se resuelve, por ejemplo respecto a Groenlandia.
¿China no aprovechará esta coyuntura para acercarse a la UE?
Si no se lo pide Europa no, pero aquí todavía se confía en un acuerdo con los EEUU. Son demasiados años viviendo juntos como para enseguida poner los cuernos digamos con el máximo enemigo en la disputa por la hegemonía mundial. Pero no me caber la más mínima duda de que si esto sigue así, Europa no entrará en ninguna alianza militar con China, pero en alianzas comerciales todas las que sean factibles. Y de hecho hemos empezado ya a hacerlo. Creo que no nos queda otra.