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Premios Sabino Arana
Juan María AtutxaExpresidente del Parlamento Vasco y exconsejero de Interior

"La izquierda abertzale y sus comilitantes debieran reflexionar y decir para qué sirvió tanto sufrimiento"

Después de entregar 15 ediciones de los Premios Sabino Arana como presidente de la Fundación entre 2005 y 2020, Juan María Atutxa asumirá en la gala de este domingo el papel de galardonado por “su trayectoria y legado cívico”

"La izquierda abertzale y sus comilitantes debieran reflexionar y decir para qué sirvió tanto sufrimiento"Pankra Nieto

La carrera de Juan María Atutxa (Areatza, 1941) está íntimamente ligada a la construcción institucional de Euskadi por su labor como apoderado en las Juntas Generales de Bizkaia, diputado de Agricultura, concejal en Lemoa, consejero de Interior del Gobierno Vasco (1991-1998) y presidente del Parlamento Vasco (1998-2005). La lucha contra ETA y la defensa de la dignidad de las instituciones marcan una trayectoria de servicio público en la que también ha trabajado por afianzar la identidad vasca como presidente de Sabino Arana Fundazioa, entidad que ahora le reconoce con uno de sus premios y en cuya sede en Bilbao se celebra la entrevista.

En los últimos años nos hemos familiarizado con el concepto de ‘lawfare’, en referencia al uso del sistema judicial con fines políticos, sobre todo tras la condena del Tribunal Supremo al ya ex fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz, por revelación de secretos. ¿Con estos procesos siente un déjà vu, que ya ha pasado por ese trance?

Este proceso lo he vivido con interés a través de los medios de comunicación porque con anterioridad nosotros, a lo largo de 14 años, padecimos las consecuencias de unos tribunales injustos y cuyas decisiones fueron aplaudidas por quienes hoy se han visto de alguna manera dañados por la última sentencia respecto del fiscal general. Es decir, en aquel entonces había formaciones políticas que aplaudían el que nosotros fuéramos condenados y algo parecido ha sucedido en esta ocasión, pero he aquí que las reacciones han sido contrapuestas, es decir, en aquel entonces se aplaudía y ahora se lloraba.

En el caso de la Mesa del Parlamento Vasco, la causa judicial por no disolver el grupo Sozialista Abertzaleak pasó por todas las instancias judiciales hasta llegar a la exoneración decretada por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo. 

Fuimos absueltos dos veces por el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco. Previamente a la celebración del juicio, incluso la juez instructora había ordenado el archivo de la causa, que no había razón de continuidad. Pero un sindicato fascista, Manos Limpias, recurrió y se celebró el juicio, tres días sentados en el banquillo y por dos veces fuimos absueltos en el Tribunal Superior. Condenados con posterioridad por el Tribunal Supremo, ratificada también nuestra condena por el Tribunal Constitucional y absueltos, sin duda alguna, a lo largo de 14 años, por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. 

¿Qué fue lo más penoso de esta situación?

El sufrimiento de naturaleza personal lo lleva uno y punto, es parte del peaje que uno tiene que pagar porque ostenta responsabilidades políticas. Pero lo más penoso para mí es que fuera pisoteada de aquella manera tan brutal una institución parida con dolor por la voluntad de este pueblo, el Parlamento Vasco. Nosotros lo que defendíamos precisamente era la dignidad institucional. 

“Padecimos unos tribunales injustos cuyas decisiones fueron aplaudidas por quienes hoy se han visto dañados por la sentencia del fiscal general”

Presidió el Parlamento Vasco entre 1998 y 2005, un periodo todavía convulso. ¿Aprecia paralelismos con la tensión que desprende hoy día la política española?

Aprecio paralelismos en cuanto a la intencionalidad de algunos grupos parlamentarios pero no así en cuanto al resultado, es decir, ni en aquel entonces ni hoy mismo puede compararse la seriedad y el rigor con el que se tratan los temas en el Parlamento Vasco con el desbarajuste, la falta de respeto y las palabras gruesas que se utilizan en el Congreso. En este caso el Parlamento Vasco todavía está a salvo del descrédito de las instituciones.

Hay hechos diferenciales, por ejemplo el auge de la extrema derecha en el Estado.

Sí, pero a rebufo también entran otros. Es decir, en cuanto a la utilización del vocabulario y el trato, los disparates que se dicen mutuamente no conducen a ninguna parte y no son aceptables de ninguna forma. Yo siempre he entendido que el debate en el Parlamento tiene que ser caliente, fogoso, de defensa de la posición de cada uno, la ideología, los proyectos, etc. Pero de ahí a pasar al insulto permanente, al vocabulario grueso, hay un abismo. Y gracias a Dios en este Parlamento nuestro todavía no hemos caído ahí. 

El PNV, en coalición con EA, obtuvo en las autonómicas del 13 de mayo de 2001 su mejor resultado histórico frente a la pinza formada por PP y PSE, que supuso uno de los mayores ejemplos de polarización y de bloques enfrentados. ¿Cómo lo recuerda?

Aquello fue un fracaso estrepitoso, y es más, recuerdo que incluso alguna fiesta que ya estaba organizada tuvieron que suspenderla esa misma noche. Hubo mucha gente que había venido aquí de Madrid, etc., a festejar el éxito, que lo tenían ya totalmente cantado pero los resultados, el pueblo, les dio la espalda. 

Un momento de especial efervescencia en mitad de su mandato fue la presentación de la Propuesta de Estatuto Político de la Comunidad de Euskadi, conocida popularmente como ‘plan Ibarretxe’, en el pleno de política general de septiembre de 2002...

...y después la presentación en Madrid por el propio lehendakari, a cuya sesión acudí también. Aquello fue un portazo que no debiera haberse producido por parte de las fuerzas del Congreso porque hay que dar opción al debate. Otra cosa es que luego uno tenga que contar con el apoyo suficiente para que el proyecto salga adelante, pero es que no se dio ni opción a debatir sino que fue rechazado de plano. Y todavía seguimos ahí, desde entonces no se ha vuelto a poner en marcha una iniciativa de aquel tenor, seguimos pendientes de la actualización de nuestro propio Estatuto que Dios sabe cuándo llegará. 

“Quien vota a dos manos, en dos escaños distintos, es que no cree en una institución tan representativa y respetable como el Parlamento”

También se produjeron episodios que, vistos ahora, parecen casi naifs, como cuando Carlos Iturgaiz votó en una sesión en lugar de un ausente Jaime Mayor Oreja el 22 de diciembre de 2003.

Eso solamente significa la falta de respeto a esa institución a la que antes me refería, nacida desde la voluntad de un pueblo. Para mí merece un respeto y precisamente por eso después luché también y pasamos aquellos 14 años por su defensa. Entonces quien opta, como si se tratara de un juego, por votar a dos manos, en dos escaños distintos, es que no cree en la institución. El que se haya hecho o no esa chapuza, pues bien, pero el problema grave es que se juegue con una institución tan representativa y respetable como el Parlamento, eso es lo que no cabe en cabeza de nadie. 

¿Qué destacaría sobre la evolución experimentada por la Ertzaintza en la década en que ejerció como consejero de Interior, cómo cogió el cuerpo y cómo lo dejó? 

Lo que pasa es que en aquel entonces la presencia de la Ertzaintza todavía era muy exigua. Por ejemplo, ninguna de las tres capitales tenía ni siquiera instalaciones en el año 91. A lo largo de esos años, en los que yo tuve el honor de ser consejero de Interior, se abrieron las comisarías de las tres capitales, las más importantes. Entonces, en la medida que íbamos desplegándonos, tenía que producirse el repliegue de otras fuerzas porque veníamos ocupando un espacio que antes ocupaban Guardia Civil y Policía Nacional. Lo que a veces sacaba algún sarpullido que otro porque algunos interpretaban la aplicación del propio Estatuto como si se tratara de una retirada. Y no se trataba de nada de eso, sino de dar cumplimiento al contenido del Estatuto del 79. 

15 agentes asesinados por ETA entre 1985 y 2001. ¿Esa es la peor parte?

La más dramática, sin duda alguna, la muerte de cualquiera. Y no quisiera centrarme exclusivamente en los 15 –que fueron 14 uniformados y Genaro García de Andoain, que era director de la Ertzaintza– en cuanto a lo dantesco de estas situaciones sino en todas las demás personas, incluso de otros cuerpos policiales, cuyas vidas fueron segadas. 

Ha sido la persona más señalada por ETA y la izquierda abertzale radical, llegando a ser objetivo de la banda por encima de épocas y coyunturas. ¿Cómo lo sobrellevó? 

Lo que digo siempre es que ese mundo, denominado la izquierda abertzale, y sus comilitantes debieran hacer una reflexión y decir para qué sirvió tanto sufrimiento, más de 800 personas asesinadas, ciento y pico incluso de sus propias filas, bien en enfrentamientos en operaciones policiales o habiéndoles explosionado sus propias bombas. 

“En la medida en que la Ertzaintza se desplegaba tenía que producirse el repliegue de otras fuerzas, lo que a veces provocaba algún sarpullido”

La organización terrorista realizó numerosos esfuerzos para atentar en su contra. 

Recuerdo que en mi segundo mandato, concretamente tras la desarticulación en 1994 de un comando Bizkaia, se supo que por lo menos habían intentado asesinarme 8 o 10 veces. Primera cuestión, que al haberme asesinado poniendo el coche bomba a la entrada de la autopista, etc., no solamente hubiese ido yo en el paquete sino también quienes me acompañaban. Quiero también sin duda alguna brindarles un recuerdo de agradecimiento a todos ellos. Pero la profesionalidad, la disciplina y la suerte hicieron que no acertaran. 

¿Cómo rememora esas vivencias? 

Yo era consciente sin duda alguna del riesgo en el que estaba envuelto, estaba claro. Otra cosa distinta es que eso te llevara a hacer dejación de tu responsabilidad como consejero de Interior y como parte de ese gran equipo que constituíamos en el Departamento. Y la verdad es que esa parte la soporté bien, mi familia sufrió lo incalculable, desde mi mujer, fallecida en 2023, mis hijos, etc. En muchas ocasiones Begoña, mi mujer, decía “alguien lo tiene que hacer”. Y ese alguien era yo, a quien había designado el lehendakari Ardanza en su momento. Y en este momento me cabe el honor de haber servido a mi pueblo desde esa responsabilidad y la satisfacción de poder estar hablando con usted.

Habla del sufrimiento de su familia. Hay unas palabras que se pronunciaron públicamente, precisamente en el año 94… 

De Begoña.

Sí. “Quiero decirle públicamente a ETA que nuestra única fuerza es Euskadi, que no cederemos al chantaje del terror. Hemos nacido abertzales con mayúsculas y estamos dispuestos a dar la vida por Euskadi…”. 

“Que la próxima vez que intentéis matar a mi marido os aseguréis de que yo voy con él. Porque quiero morir con él” (golpea con los nudillos encima de la mesa). Eso lo dejó grabado Begoña en Radio Euskadi sin que yo lo supiera. El mismo día en que yo comparecía en el Parlamento para explicar los detalles de la desarticulación del comando. Cuando volvía de Altube para Bilbao, sobre las tres, iba la radio puesta y escuché el mensaje en el coche. Yo no sabía nada. Y a Begoña, en algún momento, le pregunté: “Vamos a ver, cómo no me dijiste que ibas a llamar a Radio Euskadi”. Y me dijo, “si te lo hubiese dicho, no me lo hubieses permitido. Por lo tanto, lo tuve que hacer de esta manera”. Y lo hizo. Esa ha sido la forma de ver las cosas en mi casa. 

ETA anunció el cese definitivo de su actividad el 20 de octubre de 2011, y culminó su disolución el 3 de mayo de 2018. Antes de esos hitos, ¿hubo algún momento en el que pensó que estaba abocada a desaparecer? 

Era cuestión de tiempo, lo que pasa es que duró demasiado. Aquello no podía salir adelante porque cada vez tenía menos apoyo en la propia sociedad. Recuerdo que, años atrás, cuando ETA asesinaba a alguien en la calle entre mucha gente se decía “algo habrá hecho”. Y en la medida en que iban transcurriendo los años, ese “algo habrá hecho” desapareció. 

“Yo era consciente sin duda alguna del riesgo. En muchas ocasiones Begoña, mi mujer, decía ‘alguien lo tiene que hacer’. Y ese alguien era yo”

¿Qué pesó más a su juicio para dicha disolución, la acción política, la acción policial o la pérdida de apoyo social? 

El conjunto de todo ello, sin duda alguna, la acción policial, la acción de la justicia, el rechazo del pueblo... No hay una sola, independientemente no. Lo que me llevo es haber vivido la desaparición de la brutalidad en 2011.

Tras los incidentes del pasado 12 de octubre en Gasteiz por la presencia de la Falange, agentes de la Ertzaintza están denunciando que los contramanifestantes iban contra ellos, no contra los concentrados.

Hoy mismo he estado en una conferencia de Bingen Zupiria y se ha hablado sobre eso. El consejero de Seguridad reconoció públicamente en su momento, porque le caracteriza y le honra esa honestidad y esa transparencia, que no estuvieron en el nivel que cabía esperar de la Ertzaintza. Pero está claro que tanto un bloque como el otro no iban a hacer nada que favorezca el ejercicio de la responsabilidad de nuestra policía. Y aquello fue un desmadre. El hambre con las ganas de comer.

El Estatuto de Gernika se tenía que haber completado antes del final de 2025. Se siguen dando pasos pero sigue siendo una tarea pendiente y ardua de culminar.

Llevamos cuarenta y tantos años con esto y ya sabemos que el Gobierno español ha guardado ese as en la manga para cuestiones de negociación, pero tanto uno como otro, fuere del color que fuere. Pero bueno, en muchísimas ocasiones dentro de mi propia formación política comentábamos que la barra de salchichón de todo el Estatuto nunca la íbamos a traer entera sino a rodajas. Ahora hemos traído cinco rodajas, quedan otras 16 y luego quedará la cuerda del salchichón. Poco a poco.

¿Cuál es la importancia de contar con un autogobierno pleno?

Todo aquello que ha sido transferido de Madrid a Euskadi ha mejorado en su gestión desde la proximidad, el servicio al ciudadano e incluso la diferencia. Lo cual no significa que se rompa nada, solamente que se está pretendiendo mayor eficacia.