Colaboración

Dinero

31.12.2019 | 06:23

Uno de los deseos más comunes para el año nuevo es "ganar más dinero". Bueno, hay otros: perder peso, dejar de fumar, buscar pareja, ampliar las experiencias, conocer lugares y personas nuevas?, pero el primer deseo es el más compartido por todos, junto con el de ganar la lotería. Ya se sabe, después del fracaso de la lotería de Navidad llega el Niño. En fin, más dinero para Hacienda.

En una encuesta muy curiosa realizada hace varios años en Estados Unidos las personas debían escribir cuánto dinero ganaban y cuánto deseaban ganar en el futuro. Independientemente de la cantidad inicial, todos querían el doble. No hay nada como los dichos populares para conocer las pautas más ocultas de nuestro comportamiento: "Todos queremos más, y más, y más y mucho más". Ahora bien, ¿qué es el dinero? ¿Por qué todos anhelamos tener más? ¿Cómo explicar el efecto que ejerce el vil metal? Bueno, el vil metal se ha transformado en un bit de ordenador que baja constantemente hasta llegar a fin de mes.

Según la teoría económica habitual, el dinero cumple tres funciones. Primero, es un medio de pago. A partir del mismo podemos adquirir los bienes y servicios que necesitamos y deseamos. Segundo, es una unidad de cuenta. Sirve para hacer comparaciones al evaluar diferentes precios. Tercero, es un depósito de valor. Es, en sí mismo, riqueza. Una riqueza que ha evolucionado en el tiempo, ya que en un principio el dinero estaba formado por los granos de la cosecha de trigo. Por supuesto, eran las civilizaciones más antiguas. Así tenía valor en sí mismo como mercancía. Cuando las cosas se fueron complicando, se usaron metales. Como estos pesaban mucho, se sustituyeron por papeles (billetes), que daban derecho a intercambiarlos por oro cuando el propietario lo considerase oportuno. Cuando interesó a los poderes políticos, se suprimió este derecho (fue el fin del patrón oro) y se convirtió en el denominado dinero fiduciario. Cambiamos papeles por turrones debido a que la persona que recibe el papel entiende que socialmente está admitida su valoración como medio de intercambio. Hoy en día seguimos usando este papel para comprar bienes y servicios, aunque un futuro fascinante nos espera: tarde o temprano, solo se usarán los bits de ordenador como medida de intercambio. Posible excepción: monedas sociales.

En definitiva, conocemos las funciones del dinero y sabemos lo que es: un bit. Claro que eso es algo técnico; en un mundo gobernado por los sentimientos, bueno será valorar cuáles son los generados por el dinero. Pues bien, pocas cosas son más volátiles. Para unos, "el dinero es Dios". Para otros, "el dinero es el diablo". Entre medio, tantos sentimientos como personas.

¿Entonces? ¿Qué conclusiones podemos sacar cuando es imposible poner a todo el mundo de acuerdo?

El dinero es riqueza, ya que nos permite adquirir bienes, servicios o experiencias que estén acordes con nuestras necesidades y deseos.

A la hora de valorar esta riqueza, se deben distinguir dos aspectos. Uno es el dinero flujo, otro es la riqueza stock: inmuebles, cuentas de ahorro o múltiples propiedades posibles. El primer caso es el importante, ya que está formado por nuestros ingresos. ¿De dónde vienen? Lo más normal, trabajo. Pero hay más posibilidades: excedentes brutos de explotación, si somos propietarios de una empresa; intereses o dividendos de activos financieros, rentas de alquiler, derechos de imagen o de algún producto que hayamos creado (libros, música...) Sí: el flujo es clave para efectuar presupuestos monetarios. El stock puede ser dinero, puede ser un activo. Aunque necesitamos tener dinero como base para cubrir nuestras necesidades básicas y también debemos tener un lugar para vivir, es deseable que el resto del stock nos permita generar flujos. En fin, eso es lo que dice la teoría. Después se debe pasar a la práctica.

No obstante, cometemos un error enorme como sociedad: valorar a las personas por el dinero que ganan y/o tienen. Conforme pasan los años, nos comparamos con los demás y, sin duda, esa lógica es delicada. ¿Es mejor tener mucho y vivir angustiado por el hecho de perder algo sin tener tiempo para estar con la familia? ¿No es mejor vivir de acuerdo a lo que sabemos hacer y compararnos solo con nosotros mismos en diferentes momentos del tiempo? No lo olvidemos: la envidia dura más tiempo que la alegría de la persona a la que envidiamos.

Así, podemos empezar el año pensando en cambiar nuestra relación con el dinero. Verlo como una medida de intercambio generada a partir de un flujo que debemos crear con base en nuestras competencias y características. Pensar más en los gastos estúpidos que en el rendimiento de las inversiones. Y recordar que, antes de morir, nadie se arrepiente de haber gastado poco en el último coche de moda. Lo que cuenta son las experiencias.

Feliz nueva relación con el dinero.

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