No bastaba
Por enésima vez el prójimo se ha hartado de ser cobaya en una probeta ideológica cuyos jaleadores jamás padecen
Al parecer, no bastaba con negar la evidencia de un régimen que ha enviado al exilio político y económico a millones de ciudadanos, encarcelado a miles de opositores, asesinado a centenares de estudiantes, perseguido, censurado y detenido a decenas de periodistas, y habilitado uno de los mayores centros de tortura de Hispanoamérica, el Helicoide.
Y no bastaba con desoír el testimonio diario y cercano de los escapados, camareras, médicos, abogadas, tenderos, entre quienes resulta milagroso toparse con alguien que no considere a su gobierno una feroz dictadura. No, no bastaba.
Tampoco bastaba con esquivar la exposición detallada de las vejaciones, violaciones y extorsiones que su fuerza paramilitar viene infligiendo a tantísimos lugareños que no se someten a sus delirios. Hermana, yo no te creo. Ni bastaba con despreciar la reiterada y masiva refutación de una utopía devenida pesadilla para gran parte de sus supuestos beneficiarios. Aún menos bastaba con eludir la crítica sensata y razonada de la intelectualidad huida. No, no bastaba.
Por no bastar, ni siquiera bastaba con desdeñar la súbita alegría sabatina de infinitos venezolanos, célebres y del montón, incluidos bastantes que alguna vez dieron su apoyo a un sistema policiaco empíricamente fracasado. No, no era suficiente. Faltaba llamar fascista, gusana y ricachona a esa muchedumbre expulsada del país, y hasta clamar por su deportación. Y todo, porque por enésima vez el prójimo se ha hartado de ser cobaya en una probeta ideológica cuyos jaleadores jamás padecen. ¡Hasta la victoria siempre, claro! Pero, mientras llega, que pierdan los demás.
