Editorial

Se podía, se puede y se podrá

11.05.2021 | 01:01

La firma de cuatro nuevas transferencias a Euskadi acerca al cumplimiento íntegro del Estatuto de Gernika, un texto fundamental del ordenamiento legal del Estado zancadilleado por todos lados

Ayer se firmaba en Bilbao un nuevo paquete de transferencias contempladas en el Estatuto de Gernika y queda en manos del Gobierno vasco la polémica gestión de las prisiones, que se suma a un corpus competencial sin parangón en el Estado y la Unión Europea. La insistente demanda, la voluntad de negociación y el aprovechamiento de oportunidades políticas allí donde no llegaban los compromisos de los sucesivos gobiernos del Estado con el cumplimiento de la norma fundamental de la Comunidad Autónoma Vasca han situado al fin a esta cerca de su cumplimiento íntegro. La vigencia del calendario pactado para ese objetivo es proporcional al rigor con el que el Ejecutivo de Pedro Sánchez se aplique en el futuro inmediato y no está exento de un riesgo en tanto sus prioridades políticas personales pudieran girar en otra dirección. No obstante, la fidelidad a ese compromiso será también un factor de estabilidad para el Gobierno socialista en tanto se muestre como un socio fiable más allá de otras circunstancias. Quedan pendientes aún competencias muy importantes para el bienestar ciudadano y su sostenibilidad socioeconómica y también muy severamente cuestionadas, como la gestión de la Seguridad Social. Pendientes pero a la vez señaladas en el calendario, lo que es un paso necesario, aún insuficiente, pero que desmiente ya un discurso construido durante décadas por los partidos de ámbito estatal y que pretendía enmendar de facto el texto estatutario negando transferencias por considerarlas emblemas de las políticas de Estado. Se podían negociar y transferir las competencias en políticas activas de empleo como se puede hacer con la de prisiones y como se podrá en el futuro la Seguridad Social. Al desprestigio del Estatuto han colaborado también quienes se reivindican como vanguardia de los derechos del pueblo vasco mediante una estrategia de todo o nada, independencia o inmovilismo, que en cuatro décadas de democracia no ha aportado un ápice de bienestar a los vascos y sí mucho dolor y pérdida de tiempo en debates estériles. El autogobierno construido durante este tiempo no ha contado con su aportación sino con su desmarque permanente. Un error cuya repetición será el enésimo obstáculo en el camino del modelo vasco de convivencia y bienestar. Pero, como hasta ahora se ha construido, en adelante también se podrá.

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