Editorial

No es solo la economía, que también

30.03.2020 | 23:50

La repetición por Sánchez de un proceso de toma de decisiones unilateral y confuso no abona la confianza de quien las deberá cumplir o hacer que se cumplan, mucho menos de quien padecerá sus consecuencias

No se trata únicamente de las consecuencias económicas que seguramente, tal y como advierten los empresarios, serán de tal dureza que se hacen difíciles de cuantificar previamente. Si la paralización de toda "actividad no esencial" asegurase un beneficio nítido en el ámbito principal de la crisis del coronavirus, el de la salud pública, dichas consecuencias deberían ser, serían, asumidas sin atisbo de duda incluso por quienes hoy las esgrimen para cuestionar la decisión de Pedro Sánchez. El problema radica en que el cierre de la economía más allá de las medidas de confinamiento y aislamiento social que ya estaban en vigor desde el día 14 no asegura dicho beneficio. De hecho, hasta el momento los centros laborales no han sido identificados en ningún momento como foco de transmisión del SARS-CoV-2, como sí ha sucedido con infraestructuras sanitarias y, por ejemplo, residencias, y no sería la primera ocasión en que determinada estrategia contra el coronavirus ha pasado de vital a controvertida. Ayer mismo, la OMS advertía de que el uso de las mascarillas que se ha generalizado en la calle no es necesario salvo en la atención sanitaria y, sin embargo, son precisamente los profesionales de Sanidad los que más carencias de este –entre otros– material de protección sufren. Y en esa confusión general producida por el enorme volumen de información, incluido el manejo diferente, muchas veces contradictorio y no precisamente aséptico, de los datos, la repetición por el Gobierno español de un proceso de toma de decisiones unilateral y confuso no abona precisamente la confianza ni de quienes las deberán cumplir, ni de quienes deberán hacer que se cumplan... ni de quienes, empleador o empleado, padecerán sus consecuencias. Porque se trata de la economía –y omitamos el epíteto–, como esgrimía Clinton frente a Bush en 1992, pero no solo. Que el procedimiento del decreto fuese premioso y tan difuso como su contenido, que necesitara de una moratoria durante el día de ayer ante la falta de concreción de su alcance o de la aprobación por el Gobierno de nuevas medidas en el día de hoy para tratar de matizar sus límites y efectos en el tejido económico y el empleo, define la previsión y reflexión que le antecedió como muy inferior a la que, con toda la responsabilidad, se debe exigir frente a la pandemia.