La de Patxi Zamora

28.03.2021 | 11:26
La de Patxi Zamora

Patxi Zamora, periodista, auxiliar de vuelo, persona comprometida en lo social desde Kontuz, le chafaron (jodieron) la vida hace unos años, despidiéndolo en la práctica de su trabajo habitual. Y digamos que fue despedido gracias a un informe negativo de la Guardia Civil que le impedía trabajar en donde trabajaba desde hacía 31 años: la compañía de aviación Iberia. ¿Los motivos? En aquel momento, año 2018, no se sabían con certeza, aunque se sospechaban.

Tengo para mí que, para entonces, Patxi Zamora se había convertido en un personaje socialmente muy incómodo, a raíz de sus investigaciones sobre los pufos de la Caja de Ahorros de Navarra y sus poderosos protagonistas. Mal asunto este en un país en el que quien no tiene amigos, tiene secuaces, cuadrilleros, y donde funciona el comercio de favores que es un gusto: si quieren chafarte (joderte) la vida), te la joden (chafan). Patxi Zamora no se quedó quieto y emprendió unas acciones judiciales que duran hasta ahora mismo, sin sacar otra cosa en claro que el ir de una instancia a otra con resultados inciertos, algo muy del ciudadano contra la Administración.

Pero todo esto acaba de dar un giro insospechado (al menos para mí) y gravísimo: el Gobierno acaba de admitir con total claridad que a Patxi Zamora se le privó de su puesto de trabajo por su ideología política. Y se quedan tan tranquilos ¿Un informe policial arbitrario y político puede privarte de tu medio de ganarte la vida? Pues por lo visto sí, con el visto bueno de un Gobierno que se las da de paladín de la democracia. Marlaska feliz, sospecho con fundamento. Esa respuesta daña la legitimidad democrática del Gobierno. Ni urnas ni constituciones ni tribunales: un país donde se expulsa a un ciudadano de su puesto de trabajo en atención a su ideología política no puede presumir de democracia, una ideología, encima, tan legal como para poder presentarse a las elecciones. El despido vicia a estas y les resta legitimidad. O es legal o no es legal el ejercicio de tu opción política. Lo que no cabe es una legalidad electoral a medias, de modo que puedas presentarte a un cargo público como representante de los ciudadanos que te voten, pero por ese mismo motivo pierdas tu puesto de trabajo, gracias a un informe policial de contenido político (y arbitrario insisto). Como es preceptivo, no hay dimisiones, ni destituciones ni imputaciones penales cuando sobran artículos del Código Penal para hacerlo ¿Para cuándo entonces el normalizar los despidos laborales en razón de la raza, la religión o el sexo? Total ya, qué más da, ¿no?

Y otro asunto igual de grave que los anteriores. De haber sido el auxiliar de vuelo despedido un candidato de la siempre levantisca derecha, a estas horas no quedaría vestidura alguna que rasgar, habrían reventado las rotativas y el escándalo en sede parlamentaria habría sido mayúsculo. Y no descarto la caída del Gobierno, este, ya muy debilitado por la pandemia y los empujones golpistas. Pero no, en el caso de Patxi Zamora, silencio, mirar para otra parte o complacencia. Ya se lo han dicho: que acuda a los tribunales si quiere. Una burla esta impropia de gobernantes democráticos, porque enviar a alguien a reclamar a los tribunales equivale a enviarle a silbar a la vía (con todos sus populares sinónimos). Ni más ni menos. No es justo, el maleante que desde su despacho oficial urde esta inmerecida y cruel befa, lo hace disparando con pólvora del rey a sabiendas de que el ciudadano debe dejar el pellejo en el ejercicio de las acciones que defienden sus derechos y se ve obligado a embarcarse en los conocidos caminos ad calendas graecas (cuando las ranas críen pelo), el sine die (indefinidamente) y concordantes que suelen conducir a parte alguna (a donde el diablo perdió el poncho). En este caso, la causa anda por Estrasburgo.

Así las cosas, la respuesta gubernamental a la pregunta de un diputado del PNV, con ser determinante, es absolutamente insuficiente. El Gobierno debe aclarar, sin subterfugios falaces que encubren el peor rostro de un régimen policiaco, si la ideología es motivo suficiente para el despido laboral o no. Si lo es, con la Constitución del 78 podemos hacer matasuegras o confetis navideños. Estamos en manos de bellacos opinión muy subjetiva, lo admito.

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