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Solo la victoria es bella

EN plena semana electoral puede ser un titular confuso para una columna en la prensa. Y aunque bajo este título podríamos escribir de deporte y trampas para obtener la victoria -el dopaje es una de ellas tan solo-, quisiera llamar la atención sobre un problema de nuestro rugby: se está introduciendo la mentalidad de que el resultado exige recortar el espectáculo, cada equipo únicamente debe de perseguir la victoria y esa victoria es más fácil de alcanzar reteniendo el balón sin arriesgar su pérdida en lo posible y con una defensa asfixiante que impida crear juego al contrario; todo ello con una disciplina colectiva férrea.

Es evidente que ese esquema mental puede servir para una competición entre equipos de fuerzas parecidas pero es inútil -que se lo pregunten al Gernika en su andanza europea-, para enfrentarse a formaciones de un nivel muy superior.

Un buen entrenador es consciente de las fuerzas y debilidades de su escuadra, a la vez que debe manejar la misma información del conjunto rival y su planteamiento táctico en un encuentro determinado va a estar en función de su evaluación de las fuerzas enfrentadas y que deben haber asimilado los jugadores de manera correcta.

A veces, en una liga como la española en División de Honor A, parece que todos nos conocemos demasiado y que el resultado perseguido obliga a jugar a todos los equipos con patrones muy parecidos hasta que los azares del balón oval rompen el partido.

Cuando acaban los encuentros, sin embargo, como espectador -y creo que no soy el único-, me acuerdo más de las imágenes de las jugadas que surgen después del momento de ruptura, cuando la creatividad parece sustituir a la disciplina, que de todo lo anterior y, en ocasiones, lo anterior se hace muy largo.

Quizá habría que buscar cómo reflejar en el resultado la belleza del juego de cada equipo si tal belleza no condujera, como sí conduce a algunos equipos, a un bello resultado también.