Supongo que en 1946, cuando Fred Trump y Mary Anne MacLeod arrojaron al mundo a su chiquilín Donaldcito no llegaron a hacerse la gran pregunta: “¿Y si este feto venido arriba es el Anticristo?”. Es normal. Doy por hecho que los que hemos sido padres, madres o monoparentales tampoco nos hemos hecho esa pregunta, ya sea por olvido o por miedo. Pero no es menos cierto, visto lo visto, que Donald Trump vino a este mundo con un propósito claro y un único verbo a conjugar: “Joder”

Joder a hombres y niños, en sentido figurado, y a mujeres y niñas en sentido literal y figurado. En cualquier rincón del mundo, pagando o por la fuerza o por la fuerza de quien paga y hay más para ti si te portas bien. Lo dicho: enfrentarte a la posibilidad de haber puesto en circulación a un cabrón así, con tantos balcones a la calle, acojona. Mucho.

Donald Trump, en una imagen de archivo. Benedikt von Loebell / EP

Otro ejemplo y paro. En 1889, en Braunau am Inn (pequeña aldea en el ojete del Imperio austrohúngaro y cercana a la frontera alemana) el inspector de aduanas Alois Hitler y su santa, Klara Pölzl, echaron a gatear a su pequeño Adolf. Años después la criatura fue el máximo responsable de que al menos once millones de personas -entre civiles y combatientes- se fueran a criar malvas antes de tiempo. Y de la casi absoluta devastación de Europa y alrededores. Dudo que el matrimonio se hiciera esa pregunta del millón: “¿Y si este enano viene con el Apocalipsis bajo el brazo?”.

Estoy seguro de que no se la hicieron y de que, en cualquier caso, no habrían obtenido respuesta alguna ni del viento ni de Dios. Y quiero creer que, en caso contrario, habrían cambiado el coito por sexo oral y la Iglesia Católica llevaría desde entonces revisando su doctrina sobre el aborto. Conclusión: incluso hoy el test de embarazo está bien, pero corto de información.

Maria Corina Machado, en una imagen de archivo. Jesus Vargas / EP

Y así las cosas, María Corinna Machado se cita con Donald Trump por aquello de ver qué hay de lo suyo y agarra, coge va y le regala un collage del Premio Nobel que no cuela ni en El Rastro y que él agradece con el debido desprecio.

¿Y Maduro? Pues en su celda, como un Teletubbie bolivariano y bigotón dando vueltas y exigiendo que le devuelvan sus juguetes.

¿Y Groenlandia? Pues perdiendo hielo, como desea Trump para llenar aquello con rentables autopistas intercontinentales. Y con 56.831 habitantes en una superficie casi cien veces superior a la de Bizkaia entera, que cuenta con 1.167.233 habitantes aunque algunos crean que son más.

¿Y Julio Iglesias? Enviando dinero a Isabel Díaz Ayuso para que imprima camisetas bien ceñidas de “Todos somos Julio Iglesias”.

 ¿Y si... tiro la toalla?