Hace ya unos años, para saber de qué diablos hablaban en la serie Narcos, primero en su versión colombiana y más tarde en la mexicana, tuve que poner los subtítulos porque no entendía un pijo. A veces me pasa lo mismo con las películas argentinas, y creo que no soy el único. He visto los 13 minutos del espectáculo de Bad Bunnyen el Súper Tazón del pasado domingo, y me sucede ídem de ídem. Acierto a escuchar que en un momento dice Nueva Yol o algo así. A mi alrededor la chavalería (en esto tampoco somos únicos en el mundo) canta estrofas enteras de este buen hombre, así que la problemática debe ser mía. Aborrezco el reguetón, una música cansina donde las haya, monótona, con unas letras de dudoso gusto, muchas de ellas machistas a más no poder. Para gustos están los colores, y supongo que a nuestros padres en los 80 y 90 también les chirriaba que pusiéramos en el radiocasette del coche las cintas de Eskorbuto y La Polla Records. Pero, dejando a un lado la música y las letras, Benito Antonio Martínez Ocasio, que así se llama Bad Bunny, me ganó para la causa en el final del espectáculo, cuando recitó uno a uno los nombres de todos los países de América. Su elegante alegato fue como una patada en la boca a los Trump, Ayuso, Abascal y demás ultras que llevan toda la semana rabiando.