Cuando hablas con niños pequeños, siempre controlas lo que dices. No puedes hablar igual que con una persona adulta, más que nada porque no te van a entender. Es evidente que un infante no comprende lo que le rodea y para evitar traumas o conversaciones incómodas le dices que algo es malo (o caca) o bueno y sueltas diminutivos para todo: “vamos a casita”, “a ver a la amoñi…”. Lo jodido es que, ahora mismo, la persona más poderosa del mundo habla así. Invito a cualquiera que sepa inglés a escuchar un discurso de Donald Trump o, si no, a leer las transcripciones de sus comentarios. Produce vergüenza observar las banalidades, lugares comunes, muletillas que suelta con un lenguaje extremadamente simple, más allá de lo faltón y peligroso que es su discurso. Cada vez que le leo o escucho alucino: ¿por qué está hablando a la ciudadanía como si fuera el profesor de un jardín de infancia? Hay dos opciones: o piensa que la gente es idiota y cree que merece la pena hacerlo o, la que yo creo que es correcta, es que no sabe ni hablar. Vivimos en un mundo en el que una persona que habla como un parvulito tiene acceso a bombas atómicas. Ah, y se me olvidaba que además es un loco, egocéntrico, fascista que quiere ser el dueño del mundo por la fuerza.