Los Reyes Magos han venido este año comiqueros. Melchor me ha traído el nuevo tomo de la edición numerada (Bruguera) de Superlópez, gran héroe de infancia injustamente finiquitado sin una historia de despedida por su autor, Jan, a quien conocí, me hice una foto y hasta me dibujó un original mientras se me caía la lagrimilla, gracias a mi amiguete Harri que, desde entonces, ya no me ha llevado a más sitios molones. Yo creo que guardé la compostura, más o menos, pero tampoco lo puedo asegurar.

Gaspar ha tirado también de nostalgia con el tomo recopilatorio de otro héroe de infancia, Benito Boniato (Dolmen), de quien también guardo con cariño otro original, dibujado y firmado por los hermanos Fresno’s. Y Baltasar me ha traído Rosa, de Alfonso Casas Moreno (Random), que es lo primero que tengo de este autor, que me ha hecho el corazón añicos y ha sacado a pasear los monstruos que creía tener... no diré domados, pero sí dormidos, para descubrir, en una historia con demasiadas coincidencias, que no, que solo estaban agazapados a la espera de un descuido para reivindicar su victoria en el duelo. Es doloroso, es brillante y es un libro y un autor de los que no quiero separarme en mucho tiempo. Si es tanto como los anteriores, será lo que me quede de vida. Venía, por cierto, con un cuaderno para desinvisibilizar monstruos y fantasmas que no tengo cojones a rellenar.