El segundo bloque del evento Animales de Compañía se centró en la relación que construimos con nuestros perros. También en la educación, no solo la que transmitimos a los canes, sino la que deben recibir los tutores para que la convivencia con el animal sea lo más sana y satisfactoria posible. Participaron en el debate Anne Ver, educadora canina en Akan, y Miren Muguerza, educadora social y psicoterapeuta en GuauGuau.
“En las terapias que realizamos ponemos el foco tanto en el bienestar de las personas como en el de los canes. Es fundamental respetar su espacio y entender que para fortalecer la relación primero hay que crear un vínculo sólido”, señaló Muguerza.
Por otro lado, perros y humanos no sentimos igual. Por ejemplo, los canes tienen el olfato mucho más desarrollado, de modo que a través de él absorben lo que ocurre a su alrededor, detectando todo tipo de sensaciones: desde el nerviosismo hasta el malestar y la alegría. Son una increíble fuente de intuición. Es por ello que, como relató Muguerza,“todo lo que el perro percibe afecta a su estado anímico a pesar de que las personas, en muchas ocasiones, no somos conscientes”.
Y es que no tienen nuestra capacidad de regular emociones y necesitan mucho más tiempo para asimilarlas. “Hay que tener cuidado cuando los llevamos y tiramos de ellos aunque quieran ir en otra dirección. Puede que hayan olido algo que les genera miedo o curiosidad. Debemos estar atentos a esas señales”.
Por eso, en Akan ofrecen lo que denominan una “educación canina amable”, partiendo de la base de que los canes son libres para expresar lo que sienten en cada momento. “Acompañamos a las familias que conviven con un perro en su hogar. Al final, el animal se comunica de una forma distinta y tiene necesidades diferentes a las nuestras. Se trata de construir una relación equilibrada y basada en el respeto”, explicó Ver.
Con el paso del tiempo, la comunicación entre los tutores y sus mascotas ha evolucionado. En opinión de Ver, “antes era principalmente unidireccional. Nosotros, como humanos, les dábamos órdenes y esperábamos que ellos obedecieran. En la actualidad, con el auge de la educación canina amable, se valora la respuesta del perro y él también puede pedir cosas. Se comunican constantemente con nosotros, pero muchas veces no sabemos cómo interpretar lo que nos quieren decir”.
La diferencia entre adiestrar y educar
Estos conceptos dan lugar a confusión con mucha frecuencia: “Realmente no tiene nada que ver una cosa con la otra. El adiestramiento es cuando el tutor enseña al perro una conducta determinada, como sentarse. Podemos decir que es una forma de enseñar trucos. Esto es aplicable a deportes caninos o a los perros que desempeñan algún tipo de trabajo. Por otro lado, la educación engloba su comportamiento en general. Con frecuencia no vemos que una conducta negativa puede deberse a que algunas de sus necesidades no están cubiertas, de modo que hay que concienciar a los tutores para que escuchen”, razonó Ver.
Así pues, el origen de un mal comportamiento suele estar en el tutor y no en el animal. Es por ello que se le puede enseñar al humano a prevenir situaciones desagradables y a tratar a su compañero de una forma más adecuada.
Por su parte, Muguerza destacó que la responsabilidad que tienes con tu mascota ayuda a tus hábitos personales: “Si tienes un can diabético y tú también lo eres, ambos podéis seguir las pautas que necesitáis en el día a día. Compartir rutinas provoca que todo sea más llevadero. Lo mismo sucede con los paseos: el contacto con la naturaleza es beneficioso para ambas partes”.
“Todo lo que el can percibe afecta a su estado anímico, a pesar de que las personas a veces no seamos conscientes”
Los problemas más comunes
“El perfil de persona que acude a Akan es el de alguien que se preocupa por el bienestar de su perro”, puntualizó Ver. “Quieren ofrecer al animal el mejor entorno posible, y por ello recurren a ayuda profesional. Las casuísticas son diversas: canes que no saben quedarse solos en casa o comportamientos algo agresivos con otros ejemplares. Sin embargo, esos actos son solo el síntoma de algo más profundo. Por ejemplo, cuando un perro se lanza a por otro al verlo, puede ser por múltiples causas: miedo, frustración, protección hacia el tutor… Nosotros analizamos qué es lo que motiva ese sentimiento y trabajamos para corregirlo. Cuando te centras en la causa y no en el síntoma, la situación se acaba corrigiendo por sí sola”.
Aquí entra en juego un aspecto que suele preocupar a los tutores: el tiempo. “Siempre me preguntan cuánto durará el proceso, y eso depende de las circunstancias. Los tiempos, principalmente, los marca el animal, pero también las familias. Se trata de encontrar un equilibrio. En lo que respecta a la mascota, influye lo avanzado que está el problema o los factores genéticos. Eso sí, la implicación de la familia es tremendamente influyente, provocando que todo se desarrolle antes de lo esperado o todo lo contrario”, explicó Ver.
En este sentido, Muguerza resaltó que en su caso son recomendables las entrevistas con las familias: “Les pregunto cómo es la relación con el perro y por la situación en casa en general. Y es que las preocupaciones o el estado de los vínculos entre los miembros de la familia pueden afectar negativamente al animal. Cuando sus actitudes no son comunes, hay que mirar lo que está sucediendo en el hogar. Eso nos da mucha información. Los perros son como esponjas; absorben todo lo que ocurre a su alrededor, tanto lo bueno como lo malo. Es lo que se denomina contagio emocional”.
Por su parte, Ver no pudo ser más clara con su afirmación: “Muchas veces los que necesitan un psicólogo son las familias. Yo puedo ayudar en lo referente al animal, pero hay problemas que se tienen que solventar entre las personas. Si se da con la solución, enseguida habrá un cambio de actitud en el can”.
“Los perros se comunican constantemente, pero muchas veces no les entendemos”
El caso del pastor belga
Volviendo a las dificultades que pueden presentar los pastores belgas, ya mencionadas en el primer bloque del encuentro, Ver destacó que existe un debate en torno a ellos: “Hay quien defiende que hay que cansarlos para que estén más tranquilos, pero es una falsa creencia. Estar relajado es una cosa y estar cansado físicamente es otra completamente diferente. La realidad es que es una raza muy sensible y sufre de exceso de estimulación con facilidad. Así pues, un pastor belga puede estar exhausto y, al mismo tiempo, tener niveles de estrés muy altos. Lo que aparentemente es una solución puede dar lugar a nuevos conflictos”.
Es un animal social
La socialización es una necesidad emocional básica para los canes, en muchas ocasiones infravalorada por parte de los tutores. No obstante, hay que tener cuidado con el ambiente en el que socializan, ya que se pueden dar circunstancias contraproducentes. Según Ver, en función de los perros con los que se juntan pueden aprender cosas interesantes, “como la regulación emocional, pero también actitudes nocivas. Asimismo, hay muchísimas cosas que no les podemos enseñar por el mero hecho de ser una especie diferente. En cambio, con otros canes aprenden por imitación”.
Educar desde pequeños
Para concluir, Muguerza puso sobre la mesa la importancia de enseñar a los niños a respetar a los perros: “Tienen que aprender a no ser invasivos con ellos y a relacionarse de una manera amable, lo que ayudará a su posterior desarrollo personal”, concluyó.