Zaldibia | Adiós, amonita de 'Zubi-Ondo'

10.02.2021 | 00:23
El 10 de septiembre, Joxepa con su hija Maritxu, su nieta Koro y bisnieta Amaia, con Sara y Eneko. Foto: A. M.

joxepa etxeberria regentó durante años el restaurante zubi-ondo de zaldibia, y falleció este martes a los 107 años

Ha pasado los últimos años en casa, rodeada por su familia, y sintiendo el calor y el cariño", cuenta Amaia Mendizabal, la bisnieta de Joxepa Etxeberria. Fue este lunes cuando la vida de la mujer más longeva de Goierri se apagó a los 107 años. "Hace una semana comenzó con un catarro y se nos ha ido poco a poco, tranquila".

Joxepa nació en Okobio de Lazkaomendi, pero siendo joven se fue a trabajar de sirvienta a Zubi-Ondo, el restaurante ya cerrado que se encuentra en la entrada de Zaldibia. "En aquel entonces se llamaba 'Martinarotzane', porque había un taller de carpintería detrás. Se enamoró del hijo, Ignacio Irastorza, y se casó con él. Desde entonces ha vivido ahí, encima del restaurante, y la carpintería la llevaba su marido", relata Mendizabal. Tuvo cuatro hijos: Maritxu, Pepita, Pakita e Inaxio. Después vinieron los nietos Joxe Martín y Koro, quién con el nacimiento de Amaia le hizo bisabuela. Amaia tiene dos hijos, Eneko y Sara, por lo que la matriarca ha podido gozar de formar parte de cinco generaciones de mujeres.

Es ella la que ha estado durante años al frente de Zubi-Ondo. "Todos los días a las 05.30 de la mañana ya estaba con la escoba limpiando el bar, para atender a los trabajadores de Bilore que entraban a trabajar a las 06.00". En aquel entonces la fábrica que ahora está siendo derruida daba empleo a cientos de personas.

El restaurante tiene tres pisos encima, y en ellas ha vivido Joxepa rodeada de toda su familia. "Mi madre, mi abuela y mi tatarabuela han vivido juntas", subraya Mendizabal. De las hijas que tuvo Joxepa, fue Maritxu quién continuó con el bar hasta hace ahora casi siete años. "Cuando mi tío Joxe Martín falleció se tomó la decisión de cerrar el bar. No le dijimos nada, ni sobre el fallecimiento y ni el cierre, porque hubiese supuesto un gran disgusto para ella".

"Para mí ha sido como una abuela, todas las semanas íbamos a verla. Le llamábamos 'amonita', porque era pequeña y flaquita, y mis hijos así me decían con ilusión: "¡vamos a donde amonita!" . Todos hemos estado muy unidos y de la misma manera nos ha dicho adiós".