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Esas pistas llamadas bolatokis

05.04.2021 | 00:11
Xabier Lazcano, miembro de la Federación Guipuzcoana de Bolos, en el bolatoki de Ategorrieta.

Con el nuevo espacio que se está construyendo en Herrera, Donostia volverá a contar con cinco instalaciones para jugar a los bolos y recuperar de este modo una de las señas de identidad de la ciudad.

Entre frontones, campos de fútbol y canchas de baloncesto, unas pequeñas pistas sobreviven desde hace más de medio siglo en Donostia. Son los bolatokis, las pistas para jugar a los bolos que otrora vieron tiempos más gloriosos. No obstante, con la nueva instalación que se está construyendo en el parque de Arrobitxulo, la capital guipuzcoana volverá a contar con cinco espacios dedicados a esta práctica con los que descubrir un deporte que no todos los donostiarras conocen.

Hasta hace no mucho tiempo, Donostia contaba con cinco bolatokis repartidos en cinco barrios distintos de la ciudad. A los situados en Altza, Ategorrieta, Aiete y Añorga se sumaba uno en Herrera que, como consecuencia de las obras de ampliación de la estación del Topo, desapareció. Ahora, gracias a la iniciativa de una vecina del barrio, Elena Arrieta, Herrera volverá a recuperar su bolatoki, esta vez en el parque de Arrobitxulo. No será, tal y como cuenta el miembro de la Federación Guipuzcoana de Bolos, Xabier Lazcano, la primera vez que este bolatoki cambie de ubicación. En un primer momento, la pista estaba situada en la plaza San Luis Gonzaga y luego pasó al otro lado de la carretera, junto a la estación de Euskotren.

Una vez que la instalación esté terminada, Donostia volverá a tener sus cinco bolatokis "de toda la vida", que harán trasladar a más de un aficionado a otros tiempos en los que existía un mayor interés por este deporte. "Hace años era relativamente frecuente que hubiese más de un bolatoki en un pueblo. Hoy en día, algunos municipios como Hernani y Segura siguen teniendo dos, pero cinco ya es algo muy difícil de ver", explica Lazcano, quien descubre que en Zerain, actualmente con 252 habitantes, llegó a haber hasta trece bolatokis.

Con el paso del tiempo, está práctica "ha perdido peso" y el uso de estas instalaciones es mucho menor del que le gustaría a la federación. Actualmente, las pistas donostiarras se abren únicamente "dos o tres veces al año", con motivo de las fiestas del barrio y para campeonatos oficiales, lo que hace que prácticamente solo la gente del barrio los conozca.

Esto es consecuencia, en opinión de Lazcano, de la falta de material y de acceso al recinto, ya que, aunque casi todos son municipales y están cubiertos, cada bolatoki tiene un responsable con el que la mayoría de la gente "no sabe cómo ponerse en contacto". "Desde la federación tratamos de impulsarlos, pero llegamos hasta donde podemos", apunta, al tiempo que explica que tanto la Diputación como el Ayuntamiento de Donostia tratan de potenciar su uso.

"los que prueban, repiten" "La gente que lo prueba, disfruta", advierte Lazcano sobre una disciplina para la "que no cuesta" que la gente vea el atractivo. "Es muy fácil aprender a jugar, con tres o cuatro sesiones es más que suficiente. Competir ya es otra cosa", puntualiza.

El problema, por lo tanto, vuelve a ser la falta de accesibilidad, ya que estas instalaciones apenas se abren fuera de los campeonatos, lo que imposibilita que los nuevos jugadores puedan practicar. "La mayor restricción que tiene la gente es el material, que no se abra lo suficiente el recinto. Por lo demás, los que lo prueban quieren repetir", explica.

Para revertir esta situación, la federación cuenta con unos aliados inmejorables como son los propios vecinos del barrio, que no quieren que este deporte caiga en el olvido. Un bueno ejemplo de ello es Elena Arrieta que, junto a un delegado del Ayuntamiento, impulsó la recuperación dl bolatoki de Herrera, pero hay más, como la asociación de vecinos de Aiete, que mantienen el cuidado de la instalación de su barrio.

Así, poco a poco, van dando a conocer esas pistas que forman parte del paisaje urbanístico de Donostia desde hace más de medio siglo y ante las que a buen seguro todavía muchos donostiarras jamás se habían detenido.

"Hace años era relativamente frecuente que hubiese más de un bolatoki en un pueblo; cinco ya es muy difícil"

"La mayor restricción que tiene la gente es el material, que no se abra lo suficiente. Por lo demás, los que lo prueban quieren repetir"

Xabier Lazcano

Miembro de la Federación Guipuzcona de bolos