Erviti abre su nueva tienda en Donostia

20.02.2021 | 00:28
Haizea Andonegi y Luismari Gárate, delante de la imagen del fundador del comercio Erviti y su hija, que siguió con la tienda.

La avenida de la Libertad acoge ahora la tienda Erviti, que fundó hace 130 años un navarro que veraneaba en Donostia y que sigue cinco generaciones después.

"Estamos contentos. En plena avenida de San Sebastián, con una calle peatonal al lado para poder llevar a cabo la carga y descarga, autobuses en la plaza Gipuzkoa, estación de tren y autobuses muy cerca...". Luismari Gárate, biznieto de José Erviti, el fundador de la conocida tienda de instrumentos musicales de Donostia, dejó con pena el local centenario de la calle San Martin, frente al Buen Pastor, pero ahora confía en que el negocio siga su marcha en la Avenida 4, después de la crisis derivada de la pandemia.

Cuando fallecieron los últimos familiares con derechos contractuales sobre el espacio de los arcos del Buen Pastor, los responsables de la tienda empezaron a buscar nuevos locales y hallaron el de la Avenida, que había sido banco y tienda de ropa y, antes de la reconstrucción del edificio, había acogido la conocida tienda Deportes Elizondo, que se mantuvo hasta 1985.

Estaban a punto de abrir sus puertas en el nuevo emplazamiento cuando llegó la pandemia y dejó en suspenso la operación. El diciembre pasado, empezaron a trabajar en el nuevo comercio, aún sin terminar de organizarlo. Erviti es el único de sus características, no solo de toda Gipuzkoa, sino de un amplia zona geográfica. "No hay tienda igual en toda la provincia y aquí vienen personas de Bilbao, de Pamplona, de la Orquesta Nacional de Madrid...", explica Gárate. "Hace un mes vino un matrimonio de Castellón a comprar un arpa. Ella se había jubilado y quería aprender arpa. Les tuvimos que mandar un correo para que no tuvieran problemas con la policía en el desplazamiento. Vinieron, probaron el arpa y se la llevaron", recuerda.

Además, la tienda que dejaba embobados a numerosos donostiarras con los instrumentos de los escaparates en la esquina de San Martin con la calle Loiola, también es un comercio mayorista. "Vendemos accesorios a muchas tiendas de toda España y Portugal", señala el responsable.

mostrador a medida En el nuevo local de la Avenida se muestra una exposición de instrumentos de metal (saxofones, trombones, trompetas...) y luce un gran mostrador, lleno de cajones para las cuerdas, boquillas y otros repuestos musicales, que ha sido construido a medida por un carpintero de Urnieta. Un piano de cola se ha unido estos días al muestrario.

A la entrada del nuevo negocio da la bienvenida una antigua fotografía en la que aparece el fundador José Erviti, con su hija Inés, que, a pesar de quedar huérfana muy joven, fue la que insufló fuerza a la tienda para seguir hacia adelante. La imagen se sacó poco después de la apertura de la tienda de San Martín.

Según relata Luismari Gárate, su bisabuelo José Erviti, natural de Pamplona con orígenes en el valle del Roncal, era un alumno aventajado de música por lo que fue enviado a Madrid. Allí, fue condiscípulo de algunos músicos conocidos como Chapín o Bretón y empezó a componer para ganarse la vida. Lo hacía para bandas y orquestinas y en 1875 abrió una primera tienda en Madrid en la que básicamente vendía las partituras que creaba.

Más tarde, sacó plaza de director del Conservatorio de Mérida y allí se fue. Pero venía a veranear a Donostia donde conoció a una hija de la ciudad, con la que se casó. Su primer local musical se situó en el paseo de los Fueros en 1891 pero pronto se trasladó a la esquina de San Martin-Loiola, por lo que este año se cumplen 130 de la tienda musical Erviti.

Pero el comercio no es solo lo que se ve. Además del almacén y oficinas de la Avenida, la tienda tiene otro almacén en Andoain, donde se llevan a cabo las reparaciones y arreglos de instrumentos que no se pueden hacer de modo sencillo en la tienda. Entre los trabajadores (diez en la actualidad) hay especialistas reconocidos, según señala Gárate. "Si hemos aguantado tanto tiempo, algo habremos hecho bien", dice el comerciante, deseoso de que la mala racha de la pandemia dé la vuelta y siga adelante el trabajo de ya cinco generaciones, con Haizea, sobrina de Luismari, también trabajando ahora en la veterana tienda.