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Andone SistiagaDirectora del Servicio de Atención Psicológica de la Universidad del País Vasco

“A la universidad le importan sus estudiantes y eso es lo que queremos transmitir”

“A la universidad le importan sus estudiantes y eso es lo que queremos transmitir”Ruben Plaza

¿Cuándo comenzó a funcionar el Servicio de Atención Psicológica de EHU?

Hace más de diez años, en el curso 2011/12.

¿Es un servicio conocido por el alumnado?

Yo quiero pensar que aquellos que lo necesitan son conocedores. Tenemos información en la web pero además uno de los recurso que sirve para identificar a estudiantes que pudiesen necesitarlo es la Red de Escucha y Respuesta. Es una iniciativa donde participa toda la comunidad educativa, estudiantes, profesorado y personal de la administración y servicios. Tiene por objetivo identificar estudiantes que puedan ser vulnerables. Una vulnerabilidad que no necesariamente tiene que ser psicológica, puede ser una vulnerabilidad académica, social, económica incluso. Tiene por objetivo, por ejemplo, que no tengamos un estudiante que pueda llegar a dejar la carrera porque tiene problemas para pagar la matrícula. O que tengamos estudiantes que estén pasando una mala época por problemas psicológicos o emocionales y que puedan tener problemas para llevar a cabo sus estudios. Si un profesor identifica en su clase algún estudiante que pueda sospechar que es un estudiante vulnerable, lo que la red de escucha hace es acercarse a él para hablarle de los recursos disponibles. Tenemos una guía que se entrega también a todos los alumnos de primero cuando se matriculan, de forma que desde primer curso el alumnado recibe esta información. A la universidad le importan sus estudiantes y eso es lo que pretendemos transmitir.

¿Cuál es el germen de este servicio?

Aunque el SAP ya existía anteriormente, ahora la LOSU obliga a las universidades a tener un servicio de este tipo. Hace muchos años era un servicio que se ofrecía desde la facultad de Psicología con sus profesores, pero después se centralizó y ahora mismo tenemos tres centros sanitarios registrados en cada uno de los campus y tres psicólogas que están trabajando a tiempo completo para dar respuesta a todas las solicitudes que recibimos.

Se aprecia un incremento importante en el número de alumnos que acuden al servicio. ¿A qué se debe?

Es difícil saber cuál es la razón de ese incremento, si realmente es porque el estudiantado lo necesita más o porque accede a él de forma más libre. Lo que sí creo es que nosotros también hemos cambiado nuestra forma de actuar al respecto. Hace unos años buscábamos sitios más discretos, donde el estudiantado pudiese acudir de forma más discreta, y ahora estamos en lugares visibles. Lo que buscamos es que el estudiante sepa que estamos ahí si lo necesita.

¿Se ha perdido el miedo a pedir ayuda?

Sí, yo creo que se ha normalizado muchísimo. Nosotros, de hecho, recibimos consultas muy diversas. Estudiantes que simplemente te dicen que están pasando una mala época y quieren encontrarse mejor, estudiantes que tienen problemas para venir a la facultad porque les genera una ansiedad terrible, estudiantes que tienen problemas con la comida y estudiantes que realmente están con sintomatología depresiva importante. Nosotros en principio atendemos todo lo que nos llega, si bien algunos casos requieren de servicios de salud. En esos casos lo que hacemos es el seguimiento o el apoyo hasta que llegan a recibir la ayuda de los servicios de salud que necesitan.

¿Existe una relación directa con los servicios públicos de salud?

No tenemos relación directa. A mí sí que me gustaría a futuro poder hacer una derivación más directa de los casos que aquí podamos identificar como de alto riesgo. Ahora mismo no tenemos una guía directa de derivación. Lo que hacemos es pedirles la tarjeta de Osakidetza, llamar, pedir hora para que puedan conseguir esa ayuda. Porque hay veces que las necesidades de los estudiantes a nivel de salud mental se escapan de lo que se les puede ofrecer desde la universidad.

¿De qué tipo de casos de alto riesgo hablamos?

Por ejemplo, un caso de trastorno de la conducta alimentaria que requiera una atención más especializada, o trastornos depresivos que tengan que valorarse fuera si requieren medicación o no. Nosotros aquí hacemos un apoyo, una orientación, tenemos estrategias de regulación emocional, estrategias para el afrontamiento de la vida diaria, pero hay otro tipo de casuísticas que requieren de los servicios de salud.

“Nosotros atendemos todo lo que nos llega, si bien algunos casos requieren de la intervención de los servicios de salud”

Llama la atención que casi la mitad de las atenciones son en el campus de Gipuzkoa. ¿A qué se debe?

Hay un efecto facultad de Psicología. Son facultades donde los estudiantes conocen más estos recursos, les resulta más fácil a ellos mismos también solicitar ayuda y yo creo que una parte se explica desde ahí. Hay facultades que solicitan más ayuda que otras, sobre todo las disciplinas de ayuda a los demás, las ciencias de la salud en general son disciplinas desde las que nos llegan más solicitudes.

Y muchas más mujeres que hombres.

Sí, probablemente por una razón similar. A ellos todavía les cuesta más pedir ayuda. Las conductas de ayuda o de apoyo han estado más vinculadas a las mujeres y en este caso ellas piden ayuda con más facilidad.

Se aprecia también que cada vez son más jóvenes.

La razón puede ser que desde la propia red de escucha también hemos ido informando desde los primeros cursos a los estudiantes. Que les haya llegado la información antes puede ser uno de los motivos.

“Es difícil saber la razón de ese incremento, si realmente es porque el estudiantado lo necesita más o porque accede a él de forma más libre”

¿Complementan la atención psicológica con otros servicios?

Estamos diseñando el Procolo de Prevención, Intervención y Posvención del Suicidio. Un protocolo que recoja a toda la comunidad universitaria. Dentro de este protocolo una de las acciones que se están llevando a cabo desde el curso 2021/22 son los talleres de Habilidades Gatekeeper para identificar estudiantado en riesgo de suicidio. Es un taller que antes se ofrecía solo al profesorado y ahora se ofrece a toda la comunidad universitaria, que está alineado con la Estrategia Vasca de Prevención del Suicidio. Es un taller que tiene como objetivo identificar y saber derivar los casos de estudiantado en riesgo de suicidio, que ahora mismo se puede hacer extensivo a cualquiera dentro de la comunidad universitaria que pudiese estar en riesgo.

¿Cómo se actúa en esos casos?

Lo primero es la identificación y después lo que va a recoger el protocolo es cuáles son los distintos recursos a los que se puede derivar. Depende de si es una situación en crisis o si es un caso en el que puede haber unos pensamientos suicidas. Si hay una situación de crisis hay que llamar a los servicios de emergencia y, si no, existen otros servicios a los que se pueden derivar. Si es un estudiante de la universidad le podríamos derivar al SAP y también existen otros recursos fuera de la universidad, el teléfono de atención al riesgo suicida o Bada bide bat de atención o apoyo al bienestar emocional de los jóvenes.

¿Se trataría de un trabajo en red?

Claro, eso es lo que se quiere impulsar. La universidad tiene sus recursos pero fuera de la universidad existen otros también y lo ideal sería que pudiésemos trabajar juntos para ayudar a mejorar el bienestar emocional o hacer más resistentes a nuestros jóvenes.