Arantxa Orbegozo, “Txitxi”, responde a las preguntas como vive: directa, con energía y con humor. Tiene 63 años y habla del futuro más que del pasado. “No tengo 63 años; esos ya han pasado”, matiza. “Si la esperanza de vida es de 90 años, me quedan 27 por disfrutar, de los cuales un terció pasaré durmiendo. Hay que aprovechar bien el tiempo, aquí no hay prórroga”.

Se ha reinventado tantas veces que cuesta seguirle el ritmo. Ha sido barrendera, profesora de inglés, masajista, pintora de brocha fina y gorda, ama de dos hijos y, en breve, amona por segunda vez, algo que menciona varias veces durante la conversación. “Me hace una ilusión tremenda”, confiesa. Pero si hay dos hilos que atraviesan su trayectoria son el arte y el movimiento.

Mucho antes de convertirse en influencer, Arantxa ya era puro movimiento. De niña soñaba con ser pirata o monja, cualquier cosa que le permitiera viajar

Hoy se dedica a algo que, hace apenas unos meses, ni imaginaba. A través de su perfil de Instagram, @ysiyodecido, ha creado una comunidad que en octubre contaba con mil seguidores y ahora supera los 400.000. Su objetivo es ayudar a otras personas, especialmente mujeres, a bajar peso, recuperar movilidad y fuerza, y vivir sin dolor. “A mí me decían que cuando fuera mayor me dolería todo”, explica. “Y te aseguro que si te mueves, eso no pasa. Es más, la rodilla me duele sobre todo cuando me paro”.

15 minutos al día de ejercicio

El nombre de su proyecto resume su filosofía. “Porque todo es cuestión de lo que decides”, afirma. En sus publicaciones interpela directamente a quien está al otro lado de la pantalla: ese momento frente al espejo en el que algo no encaja, cuando la energía y la ilusión parecen haberse quedado atrás. “Has vivido para todos menos para ti. Y ahora te toca”, dice convencida.

Sus entrenamientos son tan breves como efectivos: 15 minutos al día. “¿Quién puede dedicar una hora diaria al gimnasio? Eso no es sostenible. Lo importante no es el tiempo que pasas, sino el cómo”. Trabaja fuerza, equilibrio, flexibilidad, resistencia... “Los resultados son increíbles. Muchísima gente me escribe para agradecerme lo que he hecho por ellas, cuando las que lo han conseguido son ellas mismas”. Son muchas personas las que constantemente se ponen en contacto con ella; de hecho, detiene la conversación varias veces para contestar mensajes de sus seguidoras.

Todo es mucho más simple

Lo que más engancha, sostiene, es la simplicidad. “Nos complicamos demasiado. Lo más importante en esta vida es hacerse buenas preguntas: qué quiero, para qué, cómo… Hacerse buenas preguntas es la clave para obtener buenas respuestas”.

Sus obras forman parte de la colección Entrañables, iniciada en Tolosa como homenaje a figuras populares: la Pirula, vendedora de dulces; la Petra de la Misericordia; Roberto Canicas, su entrenador; y Sor Vicenta

Pero mucho antes de convertirse en influencer, Arantxa ya era puro movimiento. De niña soñaba con ser pirata o monja, cualquier cosa que le permitiera viajar. Su familia tenía una panadería en Tolosa y no había dinero para grandes aventuras. Encontró una solución: el deporte. Se apuntó a un club para poder participar en campeonatos y así desplazarse. Aunque asegura que competir nunca le ha gustado, fue campeona de España de lanzamiento de peso y formó parte del primer equipo ciclista femenino de Orbea. Ha practicado bicicleta de montaña, triatlón y escalada. Y cuando dejó la competición, se tituló como masajista para acompañar a deportistas y seguir viajando.

Más tarde convenció a dos amigas para crear un club de piragüismo itinerante. Durante 13 años recorrieron pueblos del interior de Euskal Herria enseñando a niños y niñas a navegar en ríos y embalses. “¿Por qué solo podían andar en piragua los que viven en la costa?”, se preguntaba. Después, pusieron en marcha clases de gimnasia para personas mayores en pueblos que carecían de gimnasio. 

Aquella etapa terminó cuando decidió centrarse en la maternidad. Define esos años como “preciosos”. Tenía claro que no quería criar a sus hijos en la ciudad y se trasladaron al campo. “Se criaron libres y salvajes, como a mí me gusta”, dice entre risas. Hoy tienen 31 y 29 años y están a punto de convertirla en amona por segunda vez.

La pintura llegó más tarde, cerca de los 30. Conoció a un escultor que le mostró sus primeras pinturas y pensó que ella también podía intentarlo. “Me sorprendió darme cuenta de que no sabía que sabía pintar”. Empezó directamente con retratos y no se le daba nada mal.

El retrato de Txantxillo

Curiosamente, la tolosarra es la autora del retrato de Txantxillo que cuelga en la calle General Artetxe de Gros y de la sardinera de la Bretxa. El primero no fue un encargo. Lo pintó y lo colgó sin permiso. “Prefiero pedir perdón que pedir permiso”, aprecia. Al día siguiente recibió una llamada del Ayuntamiento. Temía que el motivo de la llamada fuera una multa, pero fue una felicitación y un nuevo encargo.

Sus obras forman parte de la colección Entrañables, iniciada en Tolosa como homenaje a figuras populares: la Pirula, vendedora de dulces; la Petra de la Misericordia; Roberto Canicas, su entrenador; y Sor Vicenta. Para colocar algunos de esos retratos salía de madrugada con el taladro, con el fin de evitar que alguien se interpusiera en su camino.

Hoy sigue pintando murales —pronto realizará uno en Zizurkil— y compagina el andamio con sus clases de gimnasia, conectada a su comunidad digital. Las nuevas tecnologías, dice, le permiten unir todas sus facetas.

Cuando se le pregunta qué le queda por hacer, no duda: “De todo”. Quiere viajar al Kilimanjaro, hacer un gran viaje en bicicleta y recorrer caminos con su furgoneta. Pero sobre todo quiere seguir moviéndose, compartiendo tiempo con sus amigas y siendo capaz de subir y bajar del andamio para pintar.

Arantxa no es un personaje de un cómic de héroes y heroínas. Es una mujer inspiradora que ayuda a entender que las limitaciones no están en la edad, sino en las decisiones que tomamos.