Dos días a la semana, en una de las estancias del edificio de Pake Leku de Oñati, el ambiente se transforma: las sillas se apartan, los acordes llenan la sala y el suelo se convierte en pista de baile. Aquí no existen prisas ni etiquetas; los cuerpos exploran, recuerdan y disfrutan, y las sonrisas se multiplican con cada giro. Las coreografías se deslizan entre boleros, bachatas, pasodobles, tangos e incluso rock, sin límites ni fronteras musicales: cada estilo encuentra su espacio y se interpreta con entusiasmo. “Ponemos un poco de todo, desde lo más clásico hasta lo más actual”, comentan entre risas.

Para la asociación de personas jubiladas y pensionistas Pake Leku bailar es mucho más que una actividad; es rutina, ejercicio, socialización y, sobre todo, un encuentro semanal con su propia banda sonora, donde los años parecen desvanecerse. 

Las y los participantes se organizan en tres grupos con experiencias muy diversas: algunos llevan solo unos años moviéndose al compás; otros acumulan más de una década de pasos aprendidos. Tienen entre 65 y 86 años, y aunque predominan las mujeres, los hombres también se entregan sin reservas cuando suena la música. Se observan, sincronizan y ríen. Mucho.

El grupo que guía Kontxi Puertas (primera, a la derecha). Anabel Dominguez.

Cita los lunes y jueves

Kontxi Puertas, que capitanea uno de los grupos, reconoce que le gusta incorporar nuevas melodías y matices. Cada sesión, los lunes y jueves, dura una hora; tiempo suficiente para dejarse llevar por los acordes y descubrir cada movimiento. Junto a ella, Ignacio Palacios y Xabier Arregi completan el equipo que guía las clases, marcando los compases con naturalidad.

La iniciativa echó a andar con la profesora Marian Barragán, que ayudó a los más veteranos y veteranas a coordinarse y a ganar confianza. Con el tiempo, algunos integrantes se pusieron al mando de la actividad más marchosa del hogar de San Juan Kale. Ignacio lo recuerda bien: “Me gustaba la música y el baile, pero no sabía nada. Me costó… y ahora me defiendo”, confiesa con orgullo.

El buen ambiente y el ritmo son los aliados en cada una de las sesiones. A.D.

Los matrimonios también bailan

Entre las y los bailarines hay varios matrimonios. Paqui y Fede llevan dieciséis años compartiendo pasos. “Ella me arrastró”, bromea él. Su afición nació como una curiosidad durante sus viajes: observar cómo otros movían el esqueleto los atrapó, hasta que ellos mismos quisieron probar. “Cuando me jubilé estuvimos en Marina d’Or y todo el mundo bailaba menos nosotros, que nos quedábamos en una esquina, mirando”, rememora Fede. Hoy se mueven al ritmo de todo. “Lo que sabemos y lo que no”, añade Paqui.

¿Qué les aporta el baile? Las respuestas surgen sin dudar. “Alegría”, dice Modesta, que acaba de cumplir 80 años y siente debilidad por el tango. Mari Tere Txopitea lo resume con calma: “Hacemos ejercicio de manera divertida. Te entretienes, ejercitas cuerpo y mente, y después hay tiempo para un café”.

Algunas y algunos llegaron con experiencia; otros nunca habían dado el paso, pero siempre sintieron interés. Tras retirarse del trabajo, encontraron el momento perfecto. José Antonio Vázquez, marido de Kontxi, comenzó hace años con Marian en la ikastola, continuó en Arrasate y, una vez concluida su etapa laboral, se unió a Pake Leku. “No era muy bailarín, pero cada vez lo soy más”, admite. La mujer ayuda. Eso sí, en casa no ensayan: “Yo preparo la clase por mi cuenta”, recalca Kontxi.

Fuera de Pake Leku, varias veces al año visitan la residencia San Martín, invitados a semanas culturales o celebraciones. “Los residentes pasan un buen rato”, cuentan.

El repertorio es variado; combinan bailes de salón, ritmos actuales y los grandes temas de Fito&Fitipaldis o Enrique Iglesias. A.D.

Despertar hasta a los pies más dormidos

Cada clase es un recorrido por un repertorio amplio y variado. A veces, una misma secuencia se adapta a canciones distintas, demostrando que la música atraviesa generaciones y consigue despertar incluso a los pies más dormidos.

Pero bailar va más allá de seguir un pulso común: es aprender a ocupar el espacio, coordinarse en rueda o en línea, moverse al unísono con el grupo y compartir gestos y miradas. Una forma de confirmar que el cuerpo, a cualquier edad, todavía tiene mucho que expresar y, ante todo, que disfrutar.

Es la hora. En la sesión que dirige Kontxi todos y todas toman posición. Suena 'Por la boca vive el pez', de Fito y Fitipaldis; después llega 'Súbeme la radio', de Enrique Iglesias. Y, a partir de ahí, ya no hay quien los detenga.