Los amantes de los dulces de Eibar viven hoy, sábado, 31 de enero, un día triste, ya que cierra sus puertas la pastelería Antxon.

Atrás quedan 82 años de historia que comenzaron cuando Antonio Barrenetxe, más conocido como Antxon, abandonó su localidad natal, Zugarramurdi, para ejercer su oficio de pastelero en Solera, un estanco en el que se elaboraban velas y caramelos y que pasó a incluir pasteles en su oferta.

Proyecto familiar

Más tarde, Antxon decidió seguir su camino en solitario y abrió su propia pastelería en un local contiguo.

Luego llegaron la apertura del obrador de Urki y el traslado de la pastelería a la calle Toribio Etxebarria, donde ha permanecido hasta el día de hoy endulzando la vida de los eibarreses.

Sus hijos, Óscar y Héctor, cogieron el testigo de Antxon y fueron consolidando juntos el proyecto que había puesto en pie su padre, hasta que el segundo de ellos optó por trasladarse a San Sebastián con su familia.

A partir de entonces, fueron Óscar y su mujer, Isabel Santas Fernández, quienes llevaron las riendas del negocio.

Una mujer al frente del negocio

Tras el fallecimiento de Óscar, a Isabel le tocó dirigir la pastelería Antxon.

Han sido muchos años atendiendo a los clientes y hoy ha llegado el momento de decirles adiós. Empezó a trabajar muy joven en la pastelería, como repartidora, hace ya 50 años, por lo que en el momento de la despedida son muchos los recuerdos que le vienen a la cabeza.

“Están siendo unos días muy tristes. A la gente le sorprenderá, pero he llorado mucho. Son muchos años atendiendo a la gente. Tengo mucho apego a los clientes. Por el local han pasado generaciones enteras: padres, hijos, nietos… incluso bisnietos. Hay gente a la que conozco desde que eran pequeños y que sigue viniendo todos los días, ya sea a desayunar o a merendar. También me estoy acordando mucho de todos los que nos han dejado en este tiempo”.

A pesar de la tristeza, se muestra agradecida por todo lo que ha vivido en la pastelería Antxon: “Aquí se ha trabajado muy bien. Como en todos los trabajos, hay que esforzarse, pero he estado muy a gusto. Además, tengo una plantilla sensacional que me ha facilitado la labor. Estoy encantada con ellos”.

Una respuesta abrumadora

El anuncio del cierre de la pastelería Antxon ha encontrado un eco que ha sorprendido a la propia Isabel. En los últimos días, la respuesta de la clientela ha sido abrumadora.

“Están arrasando con todo. Tenemos encargos como si fuera Navidad. En el obrador ya me dicen que no coja más pedidos porque no dan abasto”, señala entre risas la pastelera eibartarra.

Muchos clientes quieren llevarse un último recuerdo antes del cierre. “Algunos se llevan siete u ocho bollos para congelarlos y luego ir comiéndolos poco a poco”.

La codiciada palmera

Otros han posado su mirada en uno de los productos más emblemáticos de la casa, la palmera. “Ha sido nuestro gran referente. No te puedes imaginar cuántas hemos vendido. Hoy ya no nos quedan”.

De hecho, la fama de sus palmeras ha ido más allá de Eibar, con peticiones que a veces han sorprendido hasta a la propia Isabel. “Tenemos un cliente que suele venir a Eibar desde Burgos de vez en cuando, y cada vez que lo hace se lleva 24. Las congela y las va sacando poco a poco. Yo le digo que no se pueden congelar, que el hojaldre se estropea, pero él responde que no nota nada y que están igual de buenas”, relata entre risas.

Una nueva etapa

Las milhojas, el pastel vasco o la tarta selva negra son otros de los muchos pasteles que han salido del obrador de la pastelería Antxon y que han hecho las delicias de su legión de clientes. Ahora se van a quedar huérfanos pero, como indica Isabel, no va a ser por mucho tiempo.

“Nosotros vamos a cerrar, pero en unos meses la pastelería reabrirá sus puertas con un nuevo proyecto”.

Solo queda esperar a ver quién coge su lugar. No lo tendrá fácil para hacer olvidar la huella que ha dejado la pastelería Antxon entre los vecinos de la villa armera y los pueblos de Debabarrena y su entorno.