Higer Beer, el proyecto cervecero con sello hondarribiarra, se despide tras una aventura de tres años y medio. Sus responsables señalan que la decisión responde principalmente al deseo de cerrar una etapa antes de que el proyecto se aleje por completo de su planteamiento inicial y les exija una dedicación difícil de asumir como actividad no profesional.

El proyecto nació con un fin muy concreto. “Nuestro objetivo era hacer mil litros para repartir entre nuestros amigos”, explica Eneritz Chavarri, una de las impulsoras. Ella y su pareja elaboraban cerveza en casa y decidieron dar un pequeño paso más, con la intención de producir una cantidad modesta y compartirla con su entorno más cercano. “Nos gustaba imaginarnos a un amigo o familiar pidiendo en un bar de Hondarribi una cerveza hecha por nosotros”, recuerda. 

La cerveza gustó y eso les animó a seguir elaborando. “Hicimos nuevas tiradas, probamos recetas diferentes y el proyecto empezó a crecer”, cuenta. En ese camino se sumaron más personas al equipo, entre ellas Ibai Labaien, y pronto Higer Beer comenzó a ganar reconocimiento. En su primer año lograron el segundo premio en el campeonato estatal de cerveza artesana, en la categoría de American IPA. “Fue increíble. Fuimos a Burgos a buscarlo y uno de los mejores recuerdos que nos vamos a llevar de Higer es la juerga de después con otros productores de cerveza”, afirman.

Ferias y colaboraciones

Al mismo tiempo, en su corta trayectoria Higer Beer ha recibido numerosas invitaciones para participar en ferias, lo que ha llevado a sus responsables a moverse por todo Gipuzkoa, en localidades como Azpeitia, Ordizia, Lazkao y, por supuesto, Hondarribia, así como por el Estado, donde han visitado Barcelona y varios lugares de Asturias. “Para nosotros, que algo creado en Hondarribia llegara a estos lugares ha sido increíble”.

Y es que, lejos de limitarse a aquellos mil litros con los que soñaron al principio, la producción total ha alcanzado casi los 20.000. Durante estos años han elaborado nueve cervezas diferentes, adaptando estilos, sabores y graduaciones. Etxara y Xabatu han sido sus dos referencias base, las que han estado siempre disponibles, mientras que otras tiradas más pequeñas, de unos 300 litros, les han permitido experimentar con estilos distintos, probar nuevos lúpulos o ajustar sabores y aromas.

Una cerveza accesible

Todas las recetas, a excepción de alguna colaboración que han realizado con otras cerveceras, han sido propias. “Para acertar y hacer una cerveza buena hace falta mucha prueba, mucho fallo-error”, comentan. No obstante, afirman que todas las elaboraciones han tenido muy buena acogida. “Hemos conseguido llegar a un público que quizá no era aficionado a la cerveza artesanal, pero ha disfrutado mucho de las nuestras”.

Ese era uno de sus objetivos iniciales, que la cerveza fuera accesible para todo tipo de paladares, y también para todos los bolsillos. En este punto señalan que han tratado de ajustar los precios lo máximo posible, y destacan que los bares en los que se podía degustar sus cervezas han entendido esa filosofía y han respetado bastante sus precios. 

Otro de los valores que han mantenido desde el inicio ha sido el vínculo con su ciudad. Muestra de ello es que, salvo en un caso, todas sus creaciones llevan por nombre alguna palabra típica del dialecto de Hondarribia. “La única excepción es una cerveza que hicimos en colaboración con unos asturianos, que tenían una filosofía muy parecida a la nuestra y le pusimos un nombre suyo: ''Turullo', que es una palabra que se usa en las minas”.

"Hemos hecho muy buenos amigos"

Echando la vista hacia atrás, reconocen que conocer a gente nueva ha sido una de las partes más enriquecedoras del proyecto: “Hemos hecho muy buenos amigos, como los de Atala, en Burlada, o la gente de Gerrigardo, en Eskoriatza”.

Frente a estas satisfacciones, lo que más les ha costado ha sido la parte logística y burocrática. “Lo más costoso ha sido muchas veces la infraestructura. Organizar el reparto, ir a ferias, montar y desmontar… No hemos tenido distribuidores, los pedidos los repartimos nosotros, y también nos encargamos de la parte comercial y de todo lo demás”. Prueba de la frenética actividad a la que se enfrentaban es que el último año han estado fuera doce fines de semana para asistir a ferias. “Es mucho tiempo, y eso al final hace un poco de mella”, relatan para explicar su decisión de parar el proyecto. "Eso no es Higer. Higer es algo que pusimos en marcha para disfrutar entre amigos".

Aun así, destacan que la experiencia ha sido más que positiva. “Estamos súper agradecidos con la acogida que ha tenido Higer y con hasta dónde hemos llegado. Súper contentos”, señalan, y subrayan que gran parte del éxito se debe al público y a la implicación de bares y asociaciones: “Si hemos llegado a tantos litros ha sido porque tanto bares como asociaciones han colaborado. Y el público también ha colaborado y ha disfrutado, que también era el objetivo. Ha sido muy bonito ver a la gente en los bares, en las Herri Olinpiadak o en el Gazte Eguna beber nuestra cerveza”.

Ahora que la despedida es una realidad, los responsables de Higer admiten que lo que más van  a echar de menos, además de las fiestas y los encuentros para disfrutar de las elaboraciones entre amigos, son los momentos que ellos mismos compartían en ferias. No obstante, afirman que seguirán participando en este tipo de encuentros, aunque ahora lo harán de una forma diferente. 

Como despedida, Higer Beer ha elaborado una última tirada de Etxara, que todavía se puede consumir en los bares de siempre.