Edad y género, discriminación múltiple

01.10.2021 | 00:35
La discriminación por edad y género afecta a las mujeres en multitud de formas y en diversas áreas de la vida. Foto: N.G.

Aunque el edadismo afecta a todas las personas, no tiene los mismos efectos en todas ellas: las mujeres de edad avanzada sufren más discriminación por serlo que los varones mayores

Aunque el paso del tiempo nos afecta a todos los seres humanos de la misma manera, el edadismo no actúa igual. Si bien la discriminación por razón de edad, tiene el potencial de afectar a cualquier persona mayor, hay factores que exacerban este riesgo. Y es que las discriminaciones no pueden analizarse desde una perspectiva unidimensional.

Esa es la tesis de la teoría de la interseccionalidad, que postula que en un sistema social desigual las personas son oprimidas y discriminadas en función de las múltiples intersecciones de su identidad; es decir, de la combinación de su género, edad, raza, orientación sexual y muchas otras variables.

En el actual contexto del progresivo envejecimiento demográfico del conjunto de la población, entender cómo se entrelazan el edadismo y la desigualdad de género es fundamental. Si bien en los últimos años se está realizando un esfuerzo importante desde las instituciones para fomentar la igualdad entre hombres y mujeres, la violencia y la discriminación a las mujeres mayores sigue muy invisibilizada. Apenas existen datos que reflejen cómo afecta específicamente la violencia machista a mujeres en edades avanzadas.

"Los hombres maduran...

... y las mujeres envejecen"

-Susan Sontag

Como ya sostenía la escritora y filósofa norteamericana Susan Sontag allá por 1979, parece existir un "doble estándar" en cómo entendemos el envejecimiento: en general, tendemos a percibir a las mujeres como personas mayores antes que a los hombres. Parafraseando a Sontag, se podría decir que "mientras los hombres maduran, las mujeres envejecen".

Esto es especialmente evidente en el mundo de la publicidad. Una clásica práctica tóxica que a día de hoy sigue vigente en todo tipo de campañas publicitarias, desde anuncios de perfume hasta de automóviles, es el uso del cuerpo de la mujer como reclamo comercial, siempre haciendo hincapié en su juventud y en su belleza. El mensaje subyacente a estas prácticas es que lo más importante para una mujer debería ser su aspecto físico y que cuando su imagen deja de ser juvenil, deja de aportar.

La publicidad se transforma así en un espejo distorsionado que transmite irrealidad, dañando severamente el autoconcepto de muchas mujeres y alientando entre ellas el edadismo autoinflingido, el aborrecimiento de la propia vejez. El ideal de la eterna juventud ha llegado a crear toda una industria, la del antienvejecimiento, que ofrece todo tipo de productos para "detener el paso del tiempo" en el cuerpo de las mujeres.

La contraparte masculina para las cremas "antiedad", simplemente, no existe. Mientras que George Clooney se congració como el "madurito" por excelencia anunciando cápsulas de café y haciendo gala de sus canas, los mechones plateados todavía parecen un estigma cuando el cabello en cuestión es el de una mujer.

Pero no termina ahí. Esta doble discriminación por edad y género también se refleja en el mercado laboral y, en consecuencia, en las pensiones de hombres y mujeres tras la jubilación. Según un informe del CSIC, en 2020 la pensión media del conjunto de mujeres fue un 32% más baja que la de los hombres.

En resumen, las mujeres mayores sufren más edadismo, más discriminación por su edad, con respecto a los varones y también con respecto a las mujeres jóvenes. La consecuencia lógica, aunque perversa, es la invisibilización del colectivo y de sus problemas en todos los ámbitos sociales, incluido, como ya se apuntaba al comienzo de este artículo, el de la violencia de género con las mujeres mayores.

Según un informe publicado por la Delegación del Gobierno central contra la Violencia de Género publicado en 2019, muchas de estas mujeres atraviesan distintos acontecimientos vitales similares (matrimonio, embarazo, nacimiento de hijos o hijas, separación, jubilación, papel de la mujer como cuidadora del maltratador...) que canalizan, aceleran y agravan la escalada de violencia.

Además, en torno al 60% de las mujeres mayores que sufren violencia de género residen o bien en ciudades pequeñas, o bien en entornos rurales o zonas aisladas, lo que acentúa su situación de vulnerabilidad.

En ese sentido, la interseccionalidad vuelve a cobrar relevancia: las circunstancias vitales desfavorables se apilan y piensan más juntas que por separado. La edad y el género no son los únicos tipos de discriminaciones que interaccionan entre sí. Como demuestran los datos de la Delegación del Gobierno, la residencia en zonas rurales, con menos servicios que las áreas urbanas, también juega un papel importante.

Por ello, conviene no olvidar que, además de a las mujeres, el edadismo también afecta más a personas pertenecientes a minorías étnicas o raciales o a personas con algún grado de discapacidad, ya sea física o intelectual. La lucha contra el edadismo debe entenderse y abordarse de forma integral, atendiendo también a las casuísticas específicas porque, aunque la discriminación por edad afecta a todas las personas, no les afecta a todas por igual.

El doble estándar en cómo entendemos la vejez en hombres y en mujeres especialmente evidente en el mundo de la publicidad

Además de a las mujeres, el edadismo también afecta más a minorías étnicas o raciales y a personas con algún tipo de discapacidad

La discriminación a las mujeres mayores por razón de edad y género sigue muy invisibilizada a pesar de los esfuerzos institucionales

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