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Un acuerdo útil y clarificador

La transferencia de cinco nuevas competencias del Estatuto de Gernika es un hito que debería servir como baremo, pero el proceso ha sido un examen a la clase política vasca y sus prioridades

Un acuerdo útil y clarificadorAlberto Ortega

La firma ayer, con retraso y un proceso que ha tenido que superar graves obstáculos, del acuerdo sobre cinco nuevas transferencias a Euskadi es un recordatorio contundente de algo que lamentablemente se minusvalora en la política española: cumplir la ley no es una concesión, es una obligación. El Estatuto de Gernika no es un capricho o una veleidad, como han aludido demasiadas veces al nacionalismo vasco voces de los partidos de ámbito estatal, sino una Ley Orgánica del Estado, norma básica que vincula a todos los gobiernos. Que la gestión del desempleo, las prestaciones no contributivas, el seguro escolar o Salvamento Marítimo sea vasca demuestra que el autogobierno no erosiona al resto del Estado sino que lo hace más plural y eficiente.​

Sin embargo, el camino deja cicatrices. La primera es la evidencia de que existen voluntades activas de obstrucción. La Comisión Mixta se desconvocó en diciembre a última hora, los ministerios pusieron reparos sucesivos y solo la presión política ha desbloqueado un pacto que estaba comprometido desde julio. No ha fallado la técnica –los mecanismos financieros y jurídicos estaban previstos y reglados–, ha fallado la voluntad: se sigue cuestionando el cumplimiento íntegro del Estatuto sobre la base de prejuicios ideológicos.​La segunda cicatriz es la fotografía de la política vasca. Ha sido, de nuevo, el PNV quien ha hecho del autogobierno eje central y persistente de su acción, forzando a Sánchez a cumplir la palabra dada y asumiendo el desgaste de un pulso largo y discreto. El PSE, en cambio, se ha movido al ritmo de la conveniencia del Gobierno de Sánchez, lejos del papel activo que el PSC juega en la estrategia socialista hacia Catalunya: más correa de transmisión estatal que socio impulsor del autogobierno. EH Bildu, por su parte confirma una vieja inercia: mucha retórica soberanista pero más voluntad de establecer un modelo socioeconómico marxista que reforzar el autogobierno efectivo que ha permitido construir en estas décadas el espacio vasco de bienestar. Y el PP vive del sucursalismo que subordina el interés vasco a la agenda del partido en Madrid. El acuerdo es importante porque ensancha competencias, pero también porque desnuda quién está dispuesto a pelear por el autogobierno real que crea el bienestar y la solidaridad reales y quién no.