La captura del líder venezolano Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos, a la espera de ver como se concreta la incierta transición que ha anunciado Donald Trump, no va a tener un impacto significativo en las exportaciones de las empresas vascas al país caribeño, pero sí puede representar un cierto efecto en el negocio que hace Repsol, la multinacional energética de la que forma parte la refinería vizcaina Petronor.
A la espera de conocer el resultado final de la balanza comercial del pasado año, en 2024 las empresas vascas exportaron a Venezuela bienes por un valor de 7,8 millones de euros. Una cifra, en términos de comercio exterior, que es simbólica, pero que es, no obstante, superior a los 5,2 millones del año precedente. Volúmenes, en cualquier caso, muy lejanos a los que había a comienzos de la pasada década, cuando entre los años 2011 y 2013 se acercaron, en la suma de esos tres ejercicios anuales, a casi mil millones de euros. En el año 2011, por ejemplo, el grupo vasco Guascor firmó un contrato con la compañía de propiedad estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA) por valor de 140 millones de euros para la construcción de una planta para fabricar motores industriales de gas y diésel.
A partir de entonces, tras la muerte de Hugo Chávez en 2013 y su sucesión por Nicolás Maduro, la economía venezolana profundizó en un agujero del que no ha sabido salir, con una inflación altísima y una iniciativa privada prácticamente ahogada por el régimen. De esta manera, las exportaciones de las empresas vascas fueron cayendo drásticamente, y con más fuerza desde 2017, cuando comenzó el primer mandato en la Casa Blanca de Donald Trump, que desde el principio puso entre sus objetivos la salida de Maduro del poder.
En 2024, el grupo Elecnor abandonó sus negocios en el país después de obtener luz verde de un juzgado de Nueva York para cobrar una deuda de 220 millones que PDVSA mantenía con la compañía. Las ventas de las empresas vascas se han centrado, sobre todo, en productos industriales, como máquina-herramienta o bienes destinados a la explotación energética. Sudamérica siempre ha representado un espacio importante para las exportaciones vascas, pero de forma paralela al descenso de importancia de Venezuela, han ido recobrando más importancia destinos como Brasil, México y Chile.
En realidad, el más importante y casi único vínculo comercial entre Euskadi y Venezuela tiene que ver con las importaciones de petróleo que históricamente ha hecho Petronor, la refinería propiedad de Repsol. El cierre del petróleo ruso por la invasión a Ucrania y el levantamiento de algunas sanciones comerciales por parte de Joe Biden en 2023 propiciaron que las compras de petróleo a PDVSA aumentasen, una fórmula para hacer frente a la deuda histórica que mantiene la firma estatal del país caribeño con Repsol.
Así, las importaciones energéticas de Euskadi desde Venezuela alcanzaron en 2023 un importe de 63,5 millones de euros, para pasar a los 427 millones en 2024. El conjunto que forman Brasil y Venezuela supuso ese año el 36% de las importaciones totales de Petronor, frente al 27% del año 2023. Sin embargo, España no recibe importaciones de crudo procedente de Venezuela desde marzo de 2025, coincidiendo con la revocación por los Estados Unidos de los permisos y exenciones concedidos a varias petroleras, entre ellas Repsol, para exportar crudo desde el país latinoamericano, según indicaron ayer fuentes del Ministerio para la Transición Ecológica.