Un primer tiempo inexplicable condena al Bidasoa

asobal el equipo irundarra cayó frente al ademar y no pudo batir su récord de ocho victorias en el campeonato liguero

20.11.2020 | 00:49
Kauldi Odriozola, ayer ante el Ademar.

Bidasoa28

Ademar León29

BIDASOA-IRUN Xoan Ledo (1); Crowley (1), Kauldi Odriozola (7), Julen Aginagalde (1), Rodrigo Salinas (8, 3p), Matheus y Bonanno– equipo inicial– JM Sierra (ps), Tesoriere, De la Salud (3,1p), Cavero (1), Zabala (1), Iker Serrano (1), Gorka Nieto (1), Bartok (3,1p) y Furundarena.

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ABANCA ADEMAR LEÓN Slavic; Marchán (5), Natán Suárez (3), Donlin, Gostovic, Pérez Arce (7), Semedo (5) y Casqueiro (1) –equipo inicial– Khalifa (ps), Erwin Feuchtmann (1), Tim Lucin (6), Pedro Martínez (1), Jaime Fernández, Llamazares, Piechowski y Kisselev.

Parciales Álvarez Menéndez y Friera Cavada (Comité asturiano). Exclusiones de Matheus, Kauldi, Bonanno, por los irundarras; Erwin Feuchtmann y Pedro Martínez (2), Pérez Arce, Semedo, Marchán, por los leoneses. Tom Tesoriere fue descalificado con roja directa a los ocho minutos de juego.

Árbitros 1-5, 3-10, 5-12, 7-15, 11-18, 13-22 (descanso), 15-22, 20-24, 22-25, 25-26, 26-28, 28-29.

Incidencias Artaleku, por primera vez sin espectadores desde que comenzó la liga.

Irun – No se batieron más records, porque el Bidasoa, que aspiraba a lograr la novena victoria consecutiva, perdió un partido muy extraño en el que cada equipo dominó un tiempo, desarbolando al oponente. Hasta el pitido final nadie supo a ciencia cierta qué podía suceder. El Ademar, mucho más enchufado que los irundarras, desde el principio fue a por el rival con las virtudes de siempre. Defensa intensa, presión sobre el juego ofensivo de los locales y veloces contraataques. Para eso, el Bidasoa, que sabía de sobra lo que se iba a encontrar, no tuvo respuesta y fue encajando goles a demasiada velocidad. Tanta que, Jacobo Cuétara agotó dos tiempos muertos en siete minutos.

Añadamos que un minuto más tarde, Tesoriere fue descalificado con roja directa y el equipo perdió un bastión para la defensa. Que el Bidasoa fuera perdiendo (3-10) a los diez minutos de juego era un claro exponente de lo que estaba sucediendo. Ni el cambio de portero, ni la disposición del juego de ataque, ni la presión defensiva, ni los lanzamientos ofrecían algo de efectividad. Los locales no eran ni la sombra de lo que estamos acostumbrados a ver.

Como nadie dijo que fuera a ser fácil, para empezar, al Bidasoa se le cayeron un par de jugadores en la primera línea. Racotea, sin recuperar de una lesión de codo, y Jon Azkue, con una torcedura en el tobillo izquierdo que se produjo en el último entrenamiento y que le impidió alinearse ayer. El equipo les echó demasiado en falta y el rival se aprovechó de sus ausencias. Ello conllevó una nueva oportunidad para los jóvenes Gorka Nieto y Eneko Furundarena que completaron la convocatoria para un partido de postín. Kauldi pudo llegar a tiempo y reforzar la zona derecha del equipo, en la que también estuvo presente Donat Bartok, con menos puntería que en los encuentros precedentes.

La primera incógnita del partido trataba sobre el rival de anoche. El Ademar venía de perder tres partidos seguidos en liga, pero de vencer con holgura al Metalurg macedonio en competición europea, después de ofrecer muy buen nivel. ¿Qué imagen iba a presentar en Artaleku? Lo había anunciado Jacobo Cuétara que el equipo de Manolo Cadenas podía ganar a cualquiera. Y lo hizo en casa del enemigo a batir, allí donde más duele. Jugó con fuego pero, era tanta la ventaja de la que disponía, que le sirvió para ganar, pese al enorme esfuerzo posterior del Bidasoa por evitarlo. Los leoneses bordaron el periodo inicial. Como detalle, a falta de medio minuto para el descanso (13-21), el técnico leonés solicitó un tiempo muerto para diseñar una jugada que los irundarras fueron incapaces de defender. Pérez Arce, una pesadilla toda la noche, lograba subir un tanto más al marcador leonés. Es decir que, la primera parte se resolvía del lado visitante con una ventaja decisiva e impensable en la previa del partido.

¿Qué pasó en el vestuario entre ambos tiempos? Es difícil saberlo, pero se intuye que una lectura tranquila de la situación, una llamada al orgullo y un compromiso con ellos mismos para tratar de responder en la cancha como es habitual. De los nueve goles de desventaja en el intermedio, se pasó a un 20-24, a los diez minutos de la reanudación. Tres tantos consecutivos de Kauldi Odriozola abrieron un camino nuevo. Siendo casi imposible la remontada, se veía algo de luz al final del túnel. Cinco minutos después, las cosas se apretaban más (23-25) y esta vez la pelota de los nervios se mudó de banquillo. Cambio de portero, tiempos muertos, errores, exclusiones. Total que, el partido desembocaba en el último cuarto de hora con todas las opciones abiertas.

Como es muy difícil explicar las cosas, el encuentro se igualó y el empate llegó en un zurdazo de Bartok (26-26), a siete minutos para el final. Era cuestión de fe, de acierto, de confianza y seguridad. No era el tiempo ni de las ansiedades, ni de los nervios, ni de los miedos. El que mejor conviviera con todo eso, se llevaba el partido. Llegó entonces la exclusión de Nico Bonanno y el Ademar aprovechó la superioridad para enlazar dos goles seguidos (Suárez y Feuchtmann). Otra vez a remar contra corriente y luchando contra el crono. Dos goles seguidos de Rodrigo Salinas y uno de Lucin suponían un gol de diferencia para los forasteros (28-29).

Quedaba un minuto y todo por resolver. Los leoneses pierden el balón por una falta de ataque de Natán Suárez. El Bidasoa disponía de treinta segundos para nivelar la contienda. Cuétara solicitó un tiempo muerto para diseñar una jugada de ataque a la que añadió un jugador más. Siete delante del meta Slavic. Al final, el lanzamiento de Sergio de la Salud no encontró portería y los puntos volaron de Artaleku, al igual que la condición de invicto.