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“No haber visto ninguna película de Billy Wilder debería considerarse un delito”

Donostia Kultura y la Filmoteca Vasca publican un nuevo número de Nosferatu dedicado al genio austríaco, director de obras como 'El crepúsculo de los dioses' o 'Con faldas y a lo loco'.

“No haber visto ninguna película de Billy Wilder debería considerarse un delito”Iker Azurmendi

La anécdota es bien conocida, aunque quizá no para los más jóvenes. En 1994, cuando Fernando Trueba subió al escenario para recoger el Óscar a Mejor película de habla no inglesa por Belle Époque, se puso a rezar de una manera particular: “Me gustaría creer en Dios para darle las gracias, pero solo creo en Billy Wilder. Así que, gracias, señor Wilder”. Su admiración, antes como ahora, sigue siendo férrea. Tanto es así que en la presentación del libro Billy Wilder. Anatomía de un genio, número 22 de la colección Nosferatu que impulsan Donostia Kultura y la Filmoteca Vasca, que ha tenido lugar este miércoles en Tabakalera, el realizador ha asegurado que no haber visto ninguna película del cineasta austríaco “debería considerarse delito”.

Trueba ha sido entrevistado para el libro por su coordinador, Luis Alegre, y en dicha conversación el responsable de largometrajes como La niña de tus ojos (1998) o El olvido que seremos (2020) vuelve a narrar la anécdota del Óscar. Al día siguiente de recibir el Premio de la Academia de Hollywood, cuando el madrileño atendía una entrevista telefónica en su hotel, la periodista y escritora Carmen Rico Godoy le interrumpió: “En la otra línea creo que está Billy Wilder porque, cuando le he preguntado quién era, me ha dicho que era Dios”. La anécdota tiene una tercera parte. En dicha conversación telefónica, Wilder le confesó que tras su agradecimiento público no había dejado de recibir llamadas de personas sorprendidas porque aún siguiese vivo. Incluso 37 años después, también despierta interés. No en vano, la sesión inaugural de la retrospectiva que ha tenido lugar hoy en Tabakalera con la proyección de El crepúsculo de los dioses (Sunset Boulevard, 1950) ha colgado el cartel de No hay entradas.

Trueba y Wilder se conocieron en 1988, cuando el primero viajó a Los Ángeles para buscar al protagonista de El sueño del mono loco. El cineasta contaba ya con más de 80 años y hacía siete que se había retirado, después del estreno de Aquí un amigo, que pasó sin pena ni gloria. Sobre la relación de ambos y la admiración del primero hacia el segundo en la charla con Luis Alegre, que acompañó en la presentación del libro de Nosferatu al director de Chico y Rita (2010), junto con la periodista y autora de uno de los artículos Marta Medina, el director de la Filmoteca Vasca, Joxean Fernández, y el director de la Unidad de Cine de Donostia Kultura, Josemi Beltrán.

¿Qué aportar de nuevo sobre un autor tan estudiado y sobre el que se ha escrito tanto? Ese era uno de los retos a los que se enfrentaban las 19 “miradas de todo tipo”, entre ellas, estudiosos tan reconocidos como los donostiarras Felipe Cabrerizo y Jesús Angulo, y otros expertos como Quim Casas, Elsa Fernández-Santos, Carlos F. Heredero u Oti Rodríguez Marchante, que colaboran en una publicación que quiere hacer accesible a Wilder también a las nuevas generaciones de cinéfilos.

Billy Wilder, "modesto" y "no exhibicionista"

El responsable de obras como Con faldas a lo loco (Some like it hot, 1959), Fedora (1978) o El apartamento (The Apartment, 1960) era, a juicio de Trueba, un cineasta “modesto”, “no exhibicionista”. Es una idea en la que también ha incidido Medina, al afirmar que Wilder se alejaba de aquello que se conoce como auteur, al no dejar una impronta estilística evidente, algo que, por otra parte, se explota en la práctica actual.

En este sentido, el texto de Medina, No confundir con William Wyler. ‘El toque Wilder’ es, a juicio de Luis Alegre, el “mejor” de todo el libro. No en vano, la periodista cultural ha repasado toda la filmografía del realizador y cineasta, para encontrar lo wilderiano en el cine de Wilder. Así, ha buscado las “rimas”, “los detalles” y “el estilo” que se repiten en sus trabajos. Asimismo, ha leído muchas entrevistas de época y ha recuperado masterclasses que dio en el American Film Institute. “Su vida y su cine cuentan parte de la historia de Europa y de Estados Unidos”, comenta la investigadora, que también ha recordado que se le suele recordar más como guionista que como realizador porque él quería ser “el cineasta que no se ve, que no acentúa, que no se subraya”. Para comprobarlo, no hay nada mejor que acudir al ciclo Nosferatu de Tabakalera que desde hoy y todos los miércoles ofrecerá una retrospectiva íntegra como director y parcial como guionista.