Crítica de cine de Delicioso: Masterchef 1789

14.01.2022 | 00:05
Crítica de cine de Delicioso: Masterchef 1789

'DELICIOSO' (DÉLICIEUX)

Dirección: Eric Besnard. Guion: Eric Besnard, Nicolas Boukhrief. Intérpretes: Grégory Gadebois, Isabelle Carré, Benjamin Lavernhe, Guillaume de Tonquedec. País: Francia. 2021. Duración: 112 minutos.

En el tiempo en el que en París comenzaban a afilarse las guillotinas, 1789, tiempo de transformación y crisis, se ambienta este relato sobre un chef revolucionario introductor del concepto de los restaurantes burgueses. La mejor aportación, además de su cuidada recreación ambiental, estriba en los recovecos y el paralelismo que el guion establece en torno a la política y la gastronomía. Aquello que antes se denominaba tesis al hablar de un filme, aquí consiste en forjar un paralelismo entre el paso del viejo al nuevo régimen narrado desde el acceso al buen comer como derecho público.

El propio director y coguionista, Eric Besnard, daba a conocer cuál era la naturaleza e intención de su incursión en este tema cuando recordaba que "si hace 50 años ser peluquero era lo más, hoy los cocineros son semidioses" para añadir que "Delicioso no es sino una manera de proclamar aquello de Libertad, igualdad y fraternidad en el mundo de los fogones". Estaba claro pues, que en el tiempo en el que los programas de prime time los acaparan competiciones culinarias, un filme como este no carecerá de espectadores.

Si la buena mesa es el telón de fondo, la venganza y la reparación suministran los asideros a un guion capaz de sostener la intriga y el interés muy por encima de lo que cabría esperar a priori. Lo mejor de Delicioso y del hacer de Eric Besnard, reside en esos pequeños detalles, en el escrúpulo con el que se va desarrollando un argumento que se inscribe en ese subgénero cada vez más transitado que es el del cine y comida. En ese terreno, Besnard trasciende de la aparente frivolidad del tema para arrojar algunas sombras sobre el poder decadente de la aristocracia francesa. El paisaje que Bernard dibuja crece sobre el rigor de los elementos y tropieza en la figura de su principal protagonista, un Grégory Gadebois cuya presencia física confiere tanta credibilidad aparente al personaje como escasa permeabilidad.

A su cocinero le falta la honda humanidad y el sentido del humor que Laconte aportaba en su retrato de la corte en Ridicule. También es evidente que Gadebois está lejos de Jean Rochefort, tanto como que con Rochefort, Delicioso hubiera sido mucho más convincente.

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