Crítica de cine de 'Última noche en el Soho'

26.11.2021 | 01:11
Crítica de cine de 'Última noche en el Soho'

'ÚLTIMA NOCHE EN EL SOHO' (LAST NIGHT IN SOHO)

Dirección: Edgar Wright. Guion: Krysty Wilson-Cairns y Edgar Wright. Intérpretes: Thomasin McKenzie, Anya Taylor-Joy, Matt Smith, Terence Stamp, Diana Rigg, Rita Tushingham. País: Gran Bretaña. 2021. Duración: 118 minutos.

Probablemente habrá miradas que juzguen este filme como una ocurrencia disparatada y altisonante; un gesto nostálgico de vocación gore y pretensiones de autor, que se complace en resucitar ciertas prácticas del cine de terror proveniente de los años 60. No les falta razón, pero hay bastante más que eso.

En los claroscuros de ese Soho de ayer y de hoy, entre sus sombras, sobresalen dos libros de estilo. Uno de origen polaco, porque este filme algo debe al inquietante Polanski; el otro, italiano, porque mucho sabe del delirante Argento. Pero si uno se abisma un poco más, no verá dos referentes, sino una multitud.

Egdar Wright abre sus puertas y ventanas para que entre todo lo que le interesa. Y lo que le interesa es mucho y bueno. Y como el Soho está en Londres mucho hay de Michael Powell, solo o en compañía de Emeric Pressburger, y del mismísimo Hitchcock. Tampoco está de más señalar ecos y reflejos del Bergman más oscuro, ese en el que casi nadie piensa sin reparar en que fue el más valioso de todos.

 

Última noche en el Soho arranca con aires de cuento costumbrista, de película teenager para espectadores con mas acné por emerger que libros leídos. No hay un sombrerero loco pero el mismísimo Lewis Carroll hubiera prestado atención a este relato que comienza con una despedida. Aquí la abuela se queda en casa. El peligro no está en el bosque sino en la gran ciudad, en el Londres de hoy donde una huérfana de padre y madre llega para cumplir sus sueños de éxito: ser una modista famosa. El lobo acecha por todos los lados y en su camino se produce un desdoblamiento onírico, fantasmal. Esta Caperucita/Alicia se refleja en el espejo de sus sueños con otra que vive en el tiempo que ella idealiza, el Londres de los años 60. Pero no hay tiempo ideal, solo tenemos la hora del miedo y el misterio. Y eso acontece en un filme extraño. A menudo insinúa perderse en el exceso. Pero Wright equilibra su tendencia al espejismo con un férreo pulso narrativo. Con él domina el relato y con la ayuda de sus dos principales actrices sale a flote de todo ello. Ellas son el Cara a cara de un destripador vengativo.

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