Usoa Zumeta
Estampadora, editora de obra gráfica e hija de José Luis Zumeta

"Una de las mayores preocupaciones de mi padre era no repetirse: pintar mejor y avanzar"

19.07.2020 | 00:25
"Una de las mayores preocupaciones de mi padre era no repetirse: pintar mejor y avanzar"

La galería Arte Bideak de Ziburu inauguró el viernes la primera exposición póstuma con obras de José Luis Zumeta, fallecido el pasado mes de abril

usurbil – El pintor José Luis Zumeta y su hija, la estampadora y editora de obra gráfica Usoa Zumeta, compartieron durante muchos años su taller abierto al público. NOTICIAS DE GIPUZKOA se reúne con ella en Usurbil, frente al mural cerámico que su padre preparó en los años 70, para hablar de su figura, legado, estilo, trabajo, exposiciones, el taller y también de la carrera y futuros proyectos de la hija.

El viernes la galería Arte Bideak de Ziburu inauguró una exposición con obras de pequeño formato de su padre. Es una muestra en la que José Luis Zumeta puso especial empeño.

–La exposición estaba acordada desde el año pasado. A finales del año 2019 fuimos a ver el espacio reservado en Ziburu. A pesar de ser un lugar pequeño encajó muy bien la idea y enseguida comenzó a trabajar.

Es una exposición de obras de pequeño formato.

–No era muy habitual que él trabajase en pequeño formato en óleo; en papel sí, mucho. Sobre todo en los viajes que hizo a Argentina, en los que hacía témperas. Pero con el óleo en pequeño formato siempre se sentía muy comprimido.

Era más expansivo.

–Estaba acostumbrado a formato muy grande. No obstante, estuvo encantado y muy motivado haciendo un montón de trabajos y obras.

¿Cuántas obras se exponen?

–Se exponen unos 15 óleos del último año, trece de formato pequeño y dos de medio-grande, y cinco témperas.

¿Cómo describiría estas obras?

–En los últimos años en su obra siempre ha habido muchos personajes y van un poco en esa línea, muchas caras y muchas figuras.

En la presentación de la exposición en la galería Ekain de Donostia en junio de 2019, precisamente, él mismo destacaba una tendencia "bastante figurativa" en su última etapa.

–En este caso, como son de formato pequeño, en vez de figuras vemos caras prácticamente. Son obras muy frescas, muy potentes, con mucho color... en esa línea.

Su fallecimiento fue inesperado. Además de esta exposición, ¿le quedó algo más pendiente?

–Es verdad que en este caso se adaptó a la galería, pero normalmente el proceso solía ser al revés. Él producía regularmente y cuando veía que ya tenía cierta obra, intentábamos buscar un espacio. Es verdad que llevábamos años buscando un lugar amplio para hacer formato grande, pero buscábamos algo, en su línea también, fuera del circuito convencional y no es fácil de encontrar.

Para acoger obras de gran formato, se necesitará mucho espacio.

–La última de ese estilo fue la del Mercado de Zarautz, un sitio excepcional; pero no es fácil encontrar un sitio así, que esté a pie de calle, de fácil acceso, que tenga mucho espacio... La idea es que cuanto más gente vaya mejor, difundir la obra y que se vea.

Compartían taller en Usurbil, un espacio, además, abierto al público. Ahora está remozando un poquito ese taller. ¿Qué idea tiene de cara al futuro?

–Tengo un compromiso con el Ayuntamiento de Usurbil para hacer visitas guiadas. Hasta ahora trabajaba con un formato que se me adaptaba muy bien. El estudio cuenta con tres espacios: mi taller, en el que se explica la técnica; el de mi padre, en el que se veía lo que estaba pintando en ese momento; y la tercera área, un espacio limpio, la sala de exposición. Ahora al taller de mi padre creo que le tengo que dar una vuelta, no tiene sentido que las cosas empiecen a coger polvo. Pienso en, quizá, hacer un espacio más didáctico. De aquí en adelante tengo mucha labor de inventariado y también estaría bien que se viese ese trabajo.

Me imagino que será duro ir al taller, ahora que él no está.

–Sobre todo al principio. Mi taller y el de mi padre no son espacios comunicados, hay que salir y volver a entrar, pero al principio me daba la sensación de que iba a entrar en cualquier momento.

El confinamiento en su caso habrá sido especialmente duro. ¿Cómo lo llevó su padre?

–En enero y febrero estuvimos en Argentina, también hicimos un viaje a Chile. Me volví el 1 de marzo y él se quedaba hasta el 27 de ese mes. El día 11 le llamé y le dije que volviese y él me dijo que su intención era quedarse unos días más. No sé qué noticias le llegaron, pero al día siguiente me llamó para que le cogiese un billete. El 14 estaba aterrizando en Bilbao. Le llevaba comida, se la dejaba en la puerta, hacíamos videoconferencia... Al principio estaba muy asustada porque mi padre era de riesgo, tenía una edad y también alguna afección hace años. Luego vi que el confinamiento lo llevaba muy bien. Él estaba acostumbrado a trabajar en soledad. Se puso a acabar todos los dibujos que hizo en Argentina y con los que no estaba demasiado convencido; les empezó a dar la vuelta. Me llamaba para que le llevase material porque se le acababa. Al principio estaba asustada, luego bien y, al final, resultó así. Seguramente el confinamiento no le sentó nada bien.

¿Cómo era la forma de trabajar de su padre?

–Venía a partir del mediodía y hacía una jornada de cuatro o cinco horas diarias. Hasta hace no tanto los miércoles no venía al taller porque tenía mus y eso era sagrado. Y los fines de semana, dependía de si el partido era el sábado o domingo. Fue muy constante, la verdad. Trabajaba a diario y en casa siempre estaba dibujando, también con el iPad.

¿También dibujaba con el iPad?

–Sí, era como un juguete para él. Enseguida le cogió el truco y ha producido muchísimo.

¿Se ha expuesto alguna vez?

–Con motivo del documental que hizo mi hermana –Izenik Gabe 200x133, de Monika Zumeta, disponible en Filmin–, se proyectó en el espacio de Bomberos, en el marco de Donostia 2016, una producción de unas 500 imágenes que él seleccionó y que se iban pasando cada pocos segundos. Es fantástico porque no partía nunca de cero, siempre lo hacía de otro dibujo anterior.

Volviendo a la presentación de la exposición de Ekain Arte Lanak, el propio Zumeta explicó que su proceso de creación era "azaroso", que seguía las formas y los colores que le venían. Tampoco se planteaba una racionalización 'a posteriori' del resultado final.

–Es cierto. Era intuitivo e iba a donde le llevara el propio cuadro. Normalmente no trabajaba con una idea previa, a menos que fuera algo concreto como un cartel. Se dejaba llevar. Lo primero era llenar y luego seguía buscando, limpiando, quitando, poniendo... Mi padre no tenía miedo al lienzo en blanco, todo lo contrario: ¿cuándo se acaba un cuadro? Puedes seguir en el cuadro eternamente.

¿Eso le ocurría?

–Llegaba un momento en el que decía "Ya, lo dejo" y aparcaba ese cuadro. Lo que no quiere decir que mientras hacía otras cosas no lo retocase. Cuando acababa la colección del año yo solía llamar al fotógrafo para sacar fotos de las obras. Me ha solido ocurrir a menudo que cuando venía alguien a ver un cuadro, hubiese cambiado (ríe).

Quizá desde un punto de una hija es difícil pero, ¿cómo definiría la obra de su padre?

–Me parece que, pese a tantas etapas diferentes que ha tenido, porque ha tenido muchas en su carrera, siempre ha habido una gran coherencia. Ha sido un camino como limpio, muy claro, pese a que hay cosas absolutamente diferentes, desde empezar con líneas horizontales a que eso coja movimiento y luego volumen, a que descartase el color y luego pasase a grises... Todo ha fluido, agotando etapas y renovándose, pero siempre con una manera coherente.

Como comentaba, también va a dedicarse a inventariar la obra.

–Sí, es un trabajo duro. Ahora toca ver qué hay. Ahora hay un boom, como es normal, porque la obra es limitada; entonces, ahora todo el mundo quiere tener algo. La idea es bloquear la obra más importante, aunque, por supuesto, venta tiene que haber. Pero queremos seleccionar lo más importante y mantenerlo para guardarlo.

Comenta que siempre se renovaba, que, de alguna manera quemaba etapas, pero no sé si era también de mirar hacia atrás: a los periodos que pasó fuera formándose o a cuando crearon el grupo Gaur.

–No. Una de sus mayores preocupaciones era no repetirse: pintar mejor y avanzar. Mirar atrás no le ha gustado nunca. Quizá por eso tiene tantas etapas diferentes. Es verdad que todos le identificamos fácilmente, pero dentro de esa variedad. Uno de sus mayores objetivos era no repetirse, avanzar, evolucionar y hacer cosas diferentes.

Usted también siguió el camino del arte, ¿su padre fue su gran maestro?

–Sí (ríe). Fue el que me animó a hacer obra gráfica, que es por donde he tirado. En aquel momento yo estudiaba segundo de Bellas Artes y fue cuando empecé a hacer gráfica pero no en la facultad; hice un curso en Arteleku y empecé por ahí. Mi idea no estaba muy clara. Me interesaba la restauración, luego los audiovisuales y acabé haciendo pintura. Vi que la gráfica estaba ahí, que me interesaba mucho y que para trabajar con los artistas tenía que tener un bagaje potente de pintura. Él me animó y en el momento que salió la oportunidad de hacer un curso de serigrafía, me dijo que él me iba a dar trabajo rápido y que haríamos cosas.

¿Empezó a trabajar con él?

–Sí, pero me decía que también tenía que trabajar con más gente, que no me podía quedar solo con él. Me forzó a contactar con otros y eso me ha convertido en editora, me ha permitido poder mover exposiciones diversas, no quedarme solo ahí, anclada en su obra.

¿En Arteleku coincidió con el desaparecido Don Herbert?

–Claro, sí, varios años. Hice un curso con él pero la litografía no me convencía. Yo ya estaba en serigrafía, que me parece que tiene esa potencia de color. Y creo que se me adaptaba mejor la serigrafía que la litografía. Por supuesto, para la litografía necesitas una gran prensa y otra infraestructura que yo en ese momento no tenía. Con Don hablé mucho, siempre estaba allí. Estuve muchos años en Arteleku, utilicé su taller bastante. Éramos constantes los dos, yo también pasaba mucho tiempo allí, como Don.

Don Herbert casi vivía en Arteleku.

–No dormía allí pero es lo único que le faltaba. Don produjo mucho, con mucha gente.

Su padre produjo con Don Herbert. De hecho, en la exposición que acoge ahora mismo el Koldo Mitxelena se expone alguna de esas obras.

–Hay dos piezas. Una en dos o tres tintas y otra en una. Para la última serie que hizo, que es de una tinta, utilizaron una barra litográfica muy blanda. Don se lamentaba de no haber utilizado una barra litográfica más dura; creo que es cierto, creo que no le sacó todo el potencial que podía.

Arteleku, un lugar por el que pasaron muchos artistas, desapareció. ¿Falta en Gipuzkoa un centro similar o con la formación universitaria es suficiente?

–Por ahí ha pasado toda una generación o varias anteriores. Antes también había universidad, pero Arteleku hacía otra función porque te permitía tener tu propio taller durante un tiempo y poder dedicarte a algo concreto durante un tiempo, desarrollar un proyecto mientras estabas allí. Creo que sí que es algo que falta.

¿Está trabajando en algo nuevo?

–A finales del año pasado empecé a hacer formato grande con mi padre. A él no le hacía mucha gracia, pero yo le insistí para hacer una pieza sobre un trabajo anterior.

No le gustaba volver a lo anterior.

–No, no le gustaba. Pero dijo que igual podía salir bien. La idea era hacer algo sobre un papiro de los 80; lo hicimos, pero enseguida me dijo: "Vamos a hacer algo nuevo". Le preocupaba que la gente al ver una obra nueva percibiese una referencia a algo anterior. Evidentemente, hacer algo nuevo quedó pendiente, solo hicimos la primera pieza, pero ya que tengo la infraestructura montada para formato grande, sí quiero hacer algo con diferentes artistas. Cuando hablo de formato grande, hablo de 1,15 por casi dos metros.

¿Es una idea nueva?

–No, anteriormente ya trabajaba con ella. Estuve trabajando con Jesús Mari Lazkano y él tenía ese interés y por eso preparé una mesa para ello. Sí que me gustaría hacer algo con el propio Lazkano, con Dora Salazar, seguramente con Koldobika Jauregi... Aún no lo tengo claro, pero mi idea es hacer, al menos, media docena de piezas para mover en exposición.

¿Su última exposición fue la de la galería ARTgia de Gasteiz?

–Exposición como tal, sí; pero luego estuve en la Feria Internacional de Grabado de Bilbao (FIG). Allí llevé piezas nuevas que no se exhibieron en ARTgia. Otra cosa que se ha retrasado es una exposición que se iba a inaugurar en junio en la casa de cultura de Aiete, en Donostia. En principio hablamos de retomarla en septiembre, pero no sé si se podrá o se hará a finales de año. La idea es llevar obra reciente pero nada específico hecho para allí. Llevaré una pieza muy interesante de Lazkano que se vio en el FIG, una especie de desarrollo de las trece o catorce planchas que utilizó para un trabajo suyo. Es una especie de desglose con el que se enseña la técnica; es algo que no se enseña a menudo y que la gente desconoce totalmente.

"Hay un 'boom', como es normal, porque la obra es limitada; por ese motivo, ahora todo el mundo quiere tener algo"

"Pese a tantas etapas diferentes que ha tenido, porque ha tenido muchas en su carrera, siempre ha habido una gran coherencia"

"Mi padre me forzó a contactar con otros artistas y eso me me ha permitido no quedarme solo ahí,

anclada en su obra"

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