Juan Joxe Agirre monje benedictino del archivo de lazkao

"En los monasterios no se jubila nadie; si no se puede subsistir, hay que cerrar"

05.07.2020 | 02:08
"En los monasterios no se jubila nadie; si no se puede subsistir, hay que cerrar"

Es el mayor de los seis monjes benedictinos que quedan en Lazkao, los únicos que hay en Gipuzkoa; entró en la orden a los trece. 'Ora et labora' es su lema: 77 años de rezo y trabajo

lazkao Ha visto mucho en sus 90 años de vida, pero ahora le toca vivir cosas nuevas. ¿Cómo está llevando la vida con el coronavirus?

– Pues es una cosa nueva para nosotros, ha llegado de golpe en un momento que no lo esperábamos, pero ya ha habido en la historia otros episodios como este, como la peste, o la gripe famosa que hubo después de la Guerra Mundial, en 1918. Nosotros hemos conocido a los hijos de los que fallecieron allí. En Lazkao murieron muchos. Dos hermanos que vivían justo aquí se quedaron huérfanos y los crió su tía. Ahora la medicina ha avanzado mucho y hay vacunas, pero este nuevo virus€

¿Qué es jubilarse para usted?

–No sé qué es eso (risas). Aquí, en los monasterios, no se jubila nadie. Siempre hay algo que hacer y menos mal. Los monjes somos independientes, autónomos; si no se puede subsistir económicamente, hay que cerrar. Somos baserritarras que vivimos de nuestras labores.

¿Cuántos son?

–Somos seis, y yo, el mayor de todos. El 8 de junio cumplí 90, pero no pensaba que llegaría tan bien.

¿Cuántos monjes han llegado a estar aquí en Lazkao?

–Unos 45, contando novicios y jóvenes. Ahora, sin embargo, ya sabéis en qué situación estamos los conventos. Todos. Todo ha cambiado y no va a volver lo que hemos vivido.

¿Con qué edad vino al monasterio?

–Soy de Alegia y entré con trece años; antes era lo normal, después de la guerra. Los niños criados en el franquismo vivíamos entonces alrededor de la iglesia. Yo tenía dos tíos que eran frailes; los franciscanos andaban en busca de vocación, pero tenía un tío benedictino y vine a Lazkao.

¡Cuánto ha cambiado el mundo!

–Terrible.

Le veo en forma. ¿Hace deporte?

–No, pero antes sí; y mucho. Cuando esto era un colegio, entre otras cosas, fui profesor de Educación Física. Pero luego, en 1969, se hizo el instituto de Beasain para todo Goierri y nosotros tomamos otro modo de vida y nos repartimos el trabajo. Alguien tenía que encargarse de la biblioteca...

¿Qué tal se arregla con Internet y el ordenador?

–Sin ellos no hay nada que hacer; cuántas horas he pasado yo con eso, sobre todo los domingos.

¿Qué pasaría si le trajesen ahora aquí los documentos clasificados de los GAL?

–Eso sería el mejor banquete para mí. Pero no solo eso, sino como documentación, para la historia.

Le he visto dolido antes cuando me ha hablado de la visita de la Guardia Civil en 2005.

–¡En mi busca! Todavía sueño a veces por las noches... la carta de (Baltasar) Garzón (exjuez de la Audiencia Nacional) la tengo aquí: registrar todo, precintar y llevar. ¡Catorce guardias civiles de paisano! No es broma, ¡eh!

Fuera de la biblioteca, ¿le gusta leer? ¿Sigue la actualidad?

–Me gusta leer los suplementos semanales. En este último trimestre he leído unos artículos muy buenos sobre el coronavirus. Antes de venir a la biblioteca por las mañanas, paso por la portería a ojear las revistas y los periódicos del día.

¿Cómo es vivir aquí? Cuénteme su día a día.

–Me levanto a las 6.45 y de ahí hasta las 8.45 son todo oficios religiosos. Maitines, laudes... Ora et labora, vida espiritual. Luego desayuno y vengo hacia a las 9.15 horas la biblioteca, tras pasar por la portería y ojear la prensa. En el archivo suelo estar catalogando colecciones antiguas que tenemos atrasadas. A las 13.00 horas, oración del mediodía. Luego, comemos todos (los seis monjes) juntos. Siempre en silencio, mientras uno, al que le toca, lee para el resto.

¿Y qué leen?

–Ahora estamos leyendo unos artículos científicos sobre el virus, pero normalmente suelen ser libros profundos. Es lectura continuada.

¿Y nunca hablan?

Bueno, cuando hay un cumpleaños o es el santo de alguien, como San Juan, hablamos. Solemos estar hasta las 14.15 horas o así.

¡Vaya fiesta!

–Bueno, y además de hablar, tomamos café y una copita.

¿Qué echan en la copa?

–Lo que más coñac, licor de hierbas, que se hacen en los conventos, orujo, aunque nosotros no hacemos orujo; y a mí me gusta el Benedictine. Nos dan los dos y cuarto hablando. Y luego, el que quiere, siesta.

¿Usted es de siesta?

–No. Siempre voy corriendo a trabajar. Me he acostumbrado así. Y a la tarde tenemos misa a las 18.30; y luego, las vísperas, a las 19.15; y el que quiere, media hora o más, leer algo; y a las 20.20 horas, la cena.

"Ojeo la prensa y las revistas a diario antes de ir a la biblioteca y leo a gusto artículos científicos sobre el virus"

"Tener delante los papeles clasificados de los GAL y bucear en ellos sería el mejor banquete de mi vida"

"Sin ordenadores e Internet no hay nada que hacer hoy en día; cuántas horas he pasado yo con eso"

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