Lamperti abre gas en la París-Niza
El estadounidense se impone al esprint en la jornada inaugural de la carrera francesa, que lidera después de un final caótico y con varias caídas
Reconoce Jonas Vingegaard que le gusta entrenar en solitario, sin ruido alrededor ni molestias innecesarias. Lo remarcó el danés después de la caída que padeció mientras entrenaba en Málaga.
Aquel incidente y una posterior enfermedad descuadraron su estreno en la campaña, programado para el UAE Tour, pero reconfigurado en la París-Niza. El danés emana el espíritu de los eremitas. Campeón anacoreta, lejos del histrionismo y la locuacidad.
A Vingeggard, que prefiere el silencio, le rodea, empero, el escándalo de los elogios a Pogacar, Seixas, Del Toro, Ayuso o Evenepoel, que se adentraron en el curso antes que él. Al esloveno mágico le jalean las masas, las hordas de tifosi que cosieron los caminos de tierra de la Toscana.
Esas voces también elevaron a Seixas, la esperanza francesa, y a Del Toro, el heredero del esloveno en la corte del UAE. Uno detrás de otro conformaron el podio en Siena.
A Ayuso, su adversario en la París-Niza le aplaudieron la victoria en el Algarve y de Evenepoel llegan los ecos de su gran inicio de campaña salvo el tachón del UAE Tour. Todo es algarabía, lisonja y aplausos entre los rivales que algunos son y otros serán de Vingegaard.
El danés emerge en la París-Niza con el recuerdo marchito de la pasada edición, que abandonó dolorido y algo conmocionado tras una caída, y la presión que ejercen las victorias de otros, que le recuerdan que él también debe reivindicar su estatus.
Es el precio de los campeones modernos en un ciclismo que no espera a nadie, que se acomoda de prisa y corriendo sobre los resultados. El proceso es lo de menos. Cuentan las estadísticas y los éxitos.
En ese bosque de expectativas, Vingegaard se asomó a la tradición en la París-Niza, carrera con el deje y el aroma del Tour, con la tradición y el tejido de la historia, un blasón para la memoria.
En la jornada inaugural de la Carrera del Sol, a un palmo de Carrières-sous-Poissy después de escuchar el sonido de la campana de la última vuelta, pereció la fuga de Pedersen, Gamper, Walker, Le Berre y Grignard. Vingegaard ordenó la protección de sus lictores para acometer el final sin sobresaltos.
Lamperti se impone al caos
El estrés y el frenesí tomaron el esprint. No se conoce debate veloz y fugaz sin urgencias ni nervios. Tampoco sin caos ni caídas. En ese duelo, la victoria, con suficiencia y autoridad, sonrió a Luke Lamperti, hijo del motocross hasta que optó más adelante por el ciclismo.
El californiano, que reside en Sebastopol, hijo de rancheros, fue el primero en dispararse y no concedió ni un resquicio para que le remontaran. Anticipó, tomó la delantera y aceleró más que nadie.
Girmay lo intentó cerca de la vallas, pero no había puerta ni gatera por la que colarse. Vito Braet y un buen Orluis Aular tampoco pudieron frenar el ímpetu del norteamericano, el más veloz en un esprint que cortó el grupo por una caída. Lenny Martinez se raspó el cuerpo, pero continuó adelante.
Por detrás, lejos de los incidentes y del festejo de Lamperti, Vingegaard descontaba la primera etapa tras quitarse el óxido, en la que Ayuso entró en el grupo delantero entre el quebranto del caos.
El liderato era para el velocista de Santa Rosa, que mitigó los 241 días sin victorias en el Education First. Maillot rosa el suyo se quedó con el amarillo. Lamperti abre gas en la París-Niza.