El fondo soberano noruego es el resultado de las reservas de petróleo que esconden las entrañas del Mar del Norte. Las ganancias del negocio del oro negro sirven para estructurar la economía del país, para dotarle de músculo financiero. El otro tesoro de Noruega es la nieve.

En el corazón del fiordo de Trondheim, las lenguas de nieve que tejen el entramado de pistas del esquí de fondo, se encuentra el otro gran tesoro noruego, que ha convertido el esquí en oro. Oro blanco. El que baña a Johannes Klaebo, el mejor esquiador de fondo de la historia y el atleta con más medallas de oro de los Juegos Olímpicos de Invierno. 

El prodigio Klaebo suma 11 de las medallas más preciadas, seis de ellas conquistadas en sus exuberantes y abrumadoras exhibiciones durante los recientes juegos olímpicos de Milano-Cortina. Nadie como él.

Klaebo que nació velocista, ideal para las pruebas cortas y explosivas, de apenas tres minutos de duración, como una pegadiza canción, es ahora una sinfonía, un esquiador capaz de dominar todas las distancias, las cortas, las medias y las largas. En solitario o en equipo. Klaebo es Dios sobre unos esquís. 

Al astro noruego, de 1,83 metros y 70 kilos, ligero pero con espalda de coloso, musculatura, le tallaron las manos sabias de su abuelo, Kare Hosflot, su mentor y entrenador, no solo la entrañable figura familiar que le cuidaba y le llevaba a los entrenamientos. El abuelo, de 83 años, es fundamental en el éxito de Klaebo. No se puede entender sin su influencia y presencia. 

Es él quien le fija los planes de entrenamiento, el que le dicta la táctica a seguir en competición y el que le guía en la preparación psicológica. Kare Hosflot es el responsable de la disciplina, la técnica y el amor al detalle que ha hecho de Klaebo un esquiador de grande finezza cuando se desliza con las tablas. 

El resto lo estabece un entrenamiento espartano, una genética privilegiada, una ambición desmedida y el carácter único de los grandes campeones. Klaebo es un elegido. Su familiares rodean las diferentes vertientes de un deportista que trasciende su ámbito competitivo. El noruego es una marca en sí mismo. Un producto. Una bandera. Un negocio. 

“Mi padre es mi mánager y cocina”, expone Klaebo cuando habla sobre su primogénito. “Mi hermano fue quien me ayudó cuando empezamos el canal de YouTube y lleva mi comunicación. Él era quien editaba todos los vídeos. Mi hermana era quien los traducía del noruego al inglés. Mi abuela era la que horneaba el pan para llevar a la Copa del Mundo. Y mi madre se encarga de las finanzas”. Klaebo es una empresa familiar. Todo queda en casa.

Klaebo posa con las medallas logradas en Italia. Johannes Klaebo.

El noruego expone sus pensamientos, un cierto misticismo y la búsqueda de la dicha a través de la frugalidad. “La ligereza me la da, en primer lugar, la disciplina en sí misma”. En sus notas añade que “el esquí de fondo siempre había sido mi espejismo, mi momento de paz con el universo. Nunca pensé que llegaría muy lejos. Lo soñaba. Pero era uno de esos sueños lejanos, dulcemente excesivos. Casi infantil. Como los niños que quieren ser astronautas, convertirse en presidentes de los Estados Unidos o en grandes actores: no había ambición en mi deseo, ni motivaciones ocultas. No había ningún plan”. Tal vez el plan era cosa de su abuelo. 

A Klaebo, una celebridad en su país, le comparan con Pogacar por su facilidad y supremacía, por la jerarquía con la que se impone sobre el resto. En eso se emparenta con el esloveno volador, con el ciclista más impactante de las últimas décadas. El unicornio azul del asfalto.

La carretera podría ser el próximo destino de Klaebo, que cuando sale con la bici a entrenar lo hace con los profesionales del Uno-X, el equipo noruego adscrito al WorldTour. Desde la formación escandinava la idea parece tener recorrido. 

Klaebo, durante un entrenamiento en bici.

Condiciones para el ciclismo

Thor Hushovd, mánager del Uno-X, aseguró en una entrevista en Velo que pidió al fenómeno del esquí que probara con el equipo. “Le dije a Klaebo el año pasado que una vez terminasen los Juegos Olímpicos de Invierno se pensase probar unas sesiones con el equipo Uno-X. He salido en bici con él y es obvio que tiene un talento natural para el ciclismo. Se siente genial sobre la bicicleta, tiene un gran control y se adapta con rapidez”.

Hushovd considera que Klaebo podría destacar en el ciclismo por la resistencia que ha demostrado en el esquí de fondo. “Siempre he dicho que Klaebo tiene una capacidad física extraordinaria, algo verdaderamente único. Con el motor que tiene, podría tener éxito en casi cualquier deporte de resistencia”, decía Hushovd. 

Xabier Artetxe, uno de los entrenadores de rendimiento de Red Bull desde el pasado octubre y que fue parte del Sky/Ineos, señaló en su día a este diario que la adaptación de deportistas de otras especialidades al ciclismo puede ser exitosa por las particularidades de la modalidad, que atiende principalmente más a las capacidades físicas que a las técnicas, que requieren otros deportes. 

Roglic, que fue campeón del Mundo junior en saltos de esquí, o Evenepoel, que fue futbolista y capitán de la selección belga en categorías inferiores, son ejemplos de esas transferencias.

También la incorporación de Jay Vine, que se ganó un contrato profesional en el ciclismo y ahora es parte del UAE después de haber mostrado su potencial físico, capacidad de movimiento de vatios, por lo que se rige el ciclismo, establecen un vía para Klaebo. El ciclismo tienta al rey de la nieve.