El más sencillo en detectar es el feo, ya que quien es el bueno y quien el malo, al ser una apreciación subjetiva, es más complicado, sin embargo no lo debiera de ser. El mal que hoy más nos aqueja, es que no sepamos distinguir entre una persona buena, y una persona mala, y de ahí que siempre andaremos al “garete”, por expresarlo en términos marineros. El último espectáculo que nos han televisado desde el Congreso de los Diputados, ha retratado, además de a los feos, que éstos no provocan dudas, a los buenos y a los malos, que por razones obvias me abstendré de decir quienes son, pero que como diría Cantinflas: ¡los estoy viendo!
Por escasas horas, no ha coincidido el cambio de horario, con el del nombramiento del Presidente, que si bien el cambio de horario no sirve más que para incordiar, el tener por fin un Gobierno con su Presidente era muy urgente. Se dice que algo tienen el agua cuando la bendicen, y haciendo un símil, podíamos decir que algo tiene la política, cuando tantos quieren vivir de ella, y no es para menos, porque un sueldo de cuatro mil y pico euros al mes, que es el que tienen sus señorías, no son nada despreciables.
Debieran establecerse unas normas, de cumplimiento obligatorio, por ejemplo, el uso obligatorio de chaqueta para entrar en el hemiciclo, ya que hacerlo en mangas de camisa es antiestético e impresentable, y que equivale a ir a la playa en smoking, o a la ópera en chándal. Un poco de respeto a las instituciones, porque ¿qué van a pensar de nuestro Congreso, allende de nuestras fronteras? Convendría no televisarlo. En cuanto a los peinados, amplia libertad, si bien sintiéndolo por el gremio de peluquerías.