Socióloga

Rosa Cobo: "Es importante distinguir entre sexualidad y pornografía"

Escritora y profesora de sociología de la Universidad de La Coruña, Rosa Cobo es autora de libros como 'La prostitución, el corazón del capitalismo' o el más reciente 'Pornografía, el placer del poder'. Además, dirige un curso de gran prestigio en la Universidad sobre Historia de la Teoría Feminista, del que ya se han realizado ocho ediciones.

22.09.2021 | 10:59
Rosa Cobo aboga por el fin de la industria de la pornografía.

Asegura que a partir de los años 70 la sexualidad se ha colocado en el centro del imaginario colectivo y se ha iniciado una etapa que algunos expertos califican como "de abundancia sexual". "En el siglo XXI, en muchas sociedades la sexualidad es sinónimo de libertad. El problema es que la pornografía no habla de placer, sino de poder", concluye esta experta.

Tradicionalmente, a los chicos se les iniciaba en el sexo acudiendo a la prostitución. ¿Este inicio se ha sustituido ahora por la pornografía?
El recorrido ahora es ligeramente diferente. La pornografía suele ser el primer contacto que tienen muchos adolescentes con el sexo, y después de la experiencia pornográfica, una parte de esos consumidores desembocan en la prostitución. Es un recorrido que está diseñado para que nuestros adolescentes hagan realidad lo que ven, aquello que les ha excitado.

Hasta hace no mucho, la pornografía estaba en las revistas o en el cine, lo que hacía que fuera difícil el acceso para los más jóvenes, pero hoy con internet€ ¿A qué edad se detecta el uso de pornografía entre los jóvenes?
Se han realizado investigaciones en diversos países del mundo que dicen que alrededor del 90% de los adolescentes de 14 años consumen pornografía, pero algunos empiezan a ver porno a los 8 o 9 años, bien porque tienen cerca a algún hermano o amigo mayor que les facilita el consumo, bien porque se lo tropiezan de casualidad en el móvil, la tablet o el ordenador.

¿Pueden hacer algo los padres por controlar este acceso tan temprano?
La pornografía no debería estar en abierto ni debería ser gratuita. En realidad, no debería ni existir, porque el porno es una celebración de la violencia contra las mujeres. La sociedad no debe permitir que el imaginario sexual esté poblado de deseos de dominio y violencia contra mujeres y niñas.

Se sigue teniendo la sensación de que quien usa pornografía sabe más de sexo...
Pero es importante distinguir entre la sexualidad y la pornografía. La sexualidad tiene que ver con dos personas que buscan placer y conexión emocional. En la pornografía solo existe el deseo de una de las partes, los varones, y la conexión emocional y la empatía brillan por su ausencia. El porno muestra que las mujeres no importan y que deben abdicar de sus deseos en favor de los de los hombres.

Si un niño puede empezar a los 12 años a consumir pornografía, ¿es toda una empresa de futuro?
Desde luego, la pornografía forma parte de la gran industria de la explotación sexual. El porno y la prostitución son las dos caras de la misma moneda. De hecho, una gran parte de los contactos para prostitución se canalizan a través de las páginas web pornográficas. Y precisamente de ahí extraen esos negocios una parte de sus beneficios. Es importante señalar que más de las dos terceras partes de la pornografía es de consumo masculino, mientras que apenas una tercera parte la consumen mujeres.

Y si es un negocio de futuro tiene un poder inmenso...
Sí, claro, la industria de la explotación sexual tiene mucho poder. Oscila entre ser la segunda y la tercera economía ilegal en términos de beneficios a escala global. Además, goza del apoyo del mercado, de estados, de segmentos de las industrias culturales y de la academia y de la complicidad de muchos medios de comunicación. La pornografía es un gran negocio en el siglo XXI porque las estructuras culturales legitiman sus representaciones. De hecho, la pornografía impregna la cultura contemporánea.

Y si este poder es tan grande, ¿existe alguna forma de controlarlo sobre todo en lo que se refiere a los más jóvenes?
Es preciso acabar con la prostitución y con la pornografía mainstream. Ambas realidades confieren privilegios a los varones y múltiples daños a las mujeres. No debemos permitir que el porno sea un dispositivo de socialización que educa a jóvenes y adultos varones en sobredimensionar sus deseos a costa de los deseos de las mujeres, ni tampoco deben ser socializados en la idea de que la sexualidad masculina es sinónimo de violencia.

Conforme se va consumiendo pornografía, el umbral de excitación va subiendo y es más dura: masoquismo, sadomasoquismo, dominación, códigos negros... ¿No abocamos el sexo hacia formas muy extremas?
Sí. Los varones consumidores de pornografía no buscan en ella sexo; buscan poder, y la necesidad de dominar a mujeres sin recursos y vulnerables no tiene límites. Ellas, las mujeres que están en la pornografía, transitan, van y vuelven de la pornografía a la prostitución y viceversa. La característica de los relatos pornográficos es que deben endurecer sus contenidos para que el consumidor se siga excitando. Por eso, por esa progresión violenta, se necesitan políticas orientadas a su desaparición.

Puestos en este extremo, ¿qué pasa con los actores y actrices de esta industria? ¿No están siendo sometidos a explotación?
La industria pornográfica obtiene beneficios de la mercantilización de los cuerpos de las mujeres. Las mujeres, en el porno, proporcionan altos beneficios y sus costes son muy reducidos. Si las condiciones laborales se están precarizando desde los años 70, podemos imaginar qué sucede con las mujeres que están en la pornografía o en la prostitución. Hay muchos estudios que señalan que los daños físicos y psicológicos son inmensos.

Si la escuela de la sexualidad está cada vez en manos del mundo de la pornografía y ésta es cada vez más extrema, ¿no puede ser que estas prácticas algunos se las crean y las intenten llevar a cabo?
Eso ya está ocurriendo, y hace muchos años. Por eso la pornografía es la pedagogía de la prostitución, de la violencia sexual y de la masculinidad hegemónica. Nuestros adolescentes consumen en el marco del porno prácticas violentas y abusivas que después quieren trasladar a sus relaciones con las chicas. Y las trasladan. Ya hay estudios que muestran el malestar y los daños sufridos, sobre todo por chicas adolescentes que creen que el amor es sinónimo de aguantar prácticas que niegan sus deseos y les proporcionan dolor.

Y en esa pornografía la víctima es casi siempre una mujer...
La pornografía es una narrativa que expresa el poder sexual masculino y también la posición de hegemonía que tienen los varones en la sociedad. El porno es un microcosmos en el que se concentra toda la violencia sexual contra las mujeres, la imaginable y la no imaginable. La pornografía está diseñada por varones para consumo masculino. Las mujeres son solo cuerpos al servicio de los deseos de poder de los hombres.

¿Existen visos de que se pueda parar este poder?
Así como la prostitución está en la agenda política, no sucede lo mismo con la pornografía. Espero que dentro de no mucho tiempo este fenómeno social tan destructivo para las mujeres y para nuestra juventud sea objeto de políticas por parte de nuestras instituciones políticas. Cada vez hay más padres preocupados por los efectos que el consumo de pornografía tiene sobre sus hijos. Sin embargo, me atrevo a pensar que se está formando una masa crítica que aún no ha salido a la superficie, pero que no tardará en salir y forzará al poder político a tomar decisiones.

En su libro Pornografía, el placer del poder, ¿qué soluciones propone, si las hay?
Dos reflexiones que ya he comentado: la pornografía no puede estar en abierto y gratis, ni tampoco se puede permitir que se consuman representaciones en las que las mujeres son objeto de la violencia masculina. 

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