José Ignacio AsensioDiputado foral de medio ambiente y obras hidráulicas

"Llamémosle transición, pero es una revolución: o damos un cambio radical en nuestro consumo energético, o habremos perdido el tren de este proceso"

05.03.2021 | 00:48
"Llamémosle transición, pero es una revolución: o damos un cambio radical en nuestro consumo energético, o habremos perdido el tren de este proceso"

Los fondos europeos se presentan como un último impulso para que Gipuzkoa avance hacia un modelo energético que tiene poco que ver con el de hace cinco años

donostia ¿A qué nos referimos al hablar de transición ecológica?

–Hablamos de un cambio de paradigma que afecta a tres aspectos fundamentales: lo social, lo económico y lo medioambiental. Históricamente se ha tendido a identificar en mayor medida la vertiente medioambiental al hablar sobre estas cuestiones, pero debemos interiorizar que son tres prismas de una misma cuestión. La cuestión es que nuestra calidad de vida y la de nuestro planeta sea sostenibles en el tiempo en todos sus variables. La transición ecológica debe ser justa; su impacto, equilibrado y en ese transitar, no debe quedar nadie atrás. Esas son las claves de la transición ecológica. Y contextualizándolo donde estamos, hay que tener en cuenta el entorno, los indicadores sociales, demográficos y económicos y saber adaptar esa transición a las especificaciones concretas que nos caracterizan. No es lo mismo Gipuzkoa, donde por ejemplo el 60% de la población vive cerca de la línea de costa, que otro sitio con otra característica geográfica. Por eso es importante analizar el caso concreto en el que estamos, los impactos del cambio climático por ejemplo, a medio y largo plazo, y poder tomar las medidas oportunas y específicas. Los efectos pueden ser a largo plazo, pero ahora mismo es cuando estamos en un momento clave de tomar decisiones que afecten a las próximas generaciones.

Una de esas decisiones pasa por los combustibles fósiles, que a día de hoy tienen una gran importancia en Gipuzkoa.

–Efectivamente, tiene gran importancia porque el 50% de nuestro consumo energético son combustibles fósiles. Y sobre todo tiene gran importancia porque es el punto donde debemos incidir para favorecer la transición. Somos un territorio absolutamente dependiente del exterior, apenas generamos un 8% de energía. Entre lo que generamos más lo que compramos fuera, no alcanzamos el 20% en energías renovables. Es un problema a corto plazo porque, a esa falta de autonomía que tenemos, hay que añadir la importancia de la industria, que supone un 30% del PIB, y que es un gran consumidor de energía. Por ese motivo nos hemos embarcado en hacer una transformación importante del sistema de energía guipuzcoano partiendo del consumo que se hace en nuestros hogares. Llamémosle transición, pero es una revolución: o en la próxima década damos un cambio radical en nuestro consumo energético, o habremos perdido el tren de este proceso.

¿Gipuzkoa es un territorio propicio para acabar con esa dependencia energética?

–Más que propicio, es imprescindible realizar un cambio de modelo energético. En los hogares guipuzcoanos tenemos que dar un paso de gigante para fomentar el autoconsumo y empoderar a la ciudadanía en el centro del sistema energético. Que cada uno y cada una sea dueño de lo que consume, convertirnos en los generadores de la energía que consumimos. Y además, que sea energía verde no contaminante y que nos ayude a disminuir las emisiones. En esta línea hemos lanzado algunos proyectos con otras instituciones, para fomentar esta transición sobre todo en los hogares y comercios de Gipuzkoa. Y luego es verdad que siendo un territorio industrial, tenemos el componente de necesitar energías más potentes. Ahí entra en juego toda la revolución que va a llegar a través del hidrógeno.

Uno de los proyectos que han puesto en marcha para incentivar el autoconsumo es el de crear comunidades energéticas locales.

–Es una colaboración entre instituciones. Los ayuntamientos ponen suelo o edificios públicos donde colocar placas solares con las que alimentar a 200 o 300 familias. La generación sobrante se emitirá a la red y, si no es suficiente, se abastecerá de forma tradicional. Los vecinos participan en la adquisición de ese tipo de energía de forma sencilla y al coste más accesible posible. Por ello los hemos incluido en los proyectos de los fondos europeos, que servirán para sufragar parte de esa operación.

¿La ciudadanía es consciente de la necesidad de ese cambio?

–Tenemos que llegar a modelos de energías renovables y no contaminantes y para ello es necesaria una pequeña inversión cuya recuperación será sostenida en el tiempo. Gracias a ello habrá unos ahorros económicos en las facturas de la luz que rondarán el 20-30% de ahorro . Para conseguir transmitir esa idea es fundamental la participación de los ayuntamientos.

¿En qué modelos deberíamos fijarnos?

–Hace tan solo cinco años era muy difícil hablar de autoconsumo porque la legislación no era propicia para ello. Entre los modelos de centroeuropa o del norte de Europa está muy extendido el autoconsumo para el consumo ordinario de las familias. En ellos deberíamos fijarnos, porque solo gracias a eso reduciríamos nuestra dependencia en un 30 o 40%. Si a eso le añadimos el desarrollo que vamos a tener del hidrógeno verde, daríamos un paso de gigante.

El objetivo es reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 40% para 2030 y en un 80% en 2050. Para ello imagino que juega un papel importante la industria.

–Tenemos una industria todavía muy dependiente de cierta energía que hay que cambiar, la de los combustibles fósiles. El objetivo final es que todo sea renovable, pero hay que tener en cuenta que en un territorio industrial como el nuestro, la transición requiere su planificación y sus ritmos. Por eso, hay que transitar hacia aumentar la cuota de renovables en el mix energético de Gipuzkoa, para que las renovables tengan más importancia que el petróleo. Por otra parte, hay que mencionar que en el caso de Gipuzkoa se ha trabajado ya mucho en la eficiencia energética, con bastante éxito. Independientemente de la dependencia del exterior, nuestra eficiencia en el consumo energético ha mejorado, con la misma energía producimos más o dicho de otra manera, para la misma producción utilizamos menos energía. Es lo que llamamos el desacoplamiento del consumo energético y la producción, y que es precisamente una línea de trabajo en la que hemos trabajado y avanzado mucho.

Antes ha mencionado los fondos europeos. Además del mencionado proyecto de comunidades energéticas, ¿qué otros han presentado?

–Además de la transformación energética, debemos hacer un impulso importantísimo en lo que se refiere a la economía circular. Centrarnos en polos concretos como el del plástico, donde tenemos una industria potente. Son empresas que ya utilizan un plástico reciclado donde hacen producto nuevo, pero si hubiera más, podríamos sustituir al petróleo totalmente. También hemos incluido el centro de preparación para la reutilización (CPR). Tras la transformación de residuos que hemos hecho, tenemos que impulsar todavía más la valorización material y para ello el CPR es muy importante. Gracias a él podríamos reutilizar materiales que ya no sirven para el uso al que fueron diseñados. Estamos hablando de una posible recuperación que, junto al resto de las infraestructuras de las que nos hemos dotado, podríamos recuperar en torno a 300.000 toneladas al año que de otra manera irían al vertedero.

A la hora de asignarse los fondos, ¿se tiene en cuenta este cambio y las infraestructuras ya disponibles?

–Sin lugar a dudas. La cuestión es que en Gipuzkoa, estos proyectos como por ejemplo el CPR y un polo de economía circular centrado en el plástico son ejecutables y gozan de credibilidad, precisamente porque las infraestructuras están hechas. No divagamos sobre lo que vamos a hacer en un futuro, sino que decimos que vamos a adaptar nuestra inversión para completar el ciclo. No podríamos estar hablando de hidrógeno verde si no hubiéramos tenido una planta de biometanización. Hoy en día, transformamos 40.000 toneladas de residuo orgánico en energía eléctrica, pero con una inversión en nuestras plantas podríamos estar haciendo captación de CO2 para transformarlo en hidrógeno verde, en una cantidad suficiente para alimentar, por ejemplo, a toda la flota de Lurraldebus. En Gipuzkoa tenemos una sociedad concienciada gracias a la cual estamos 20 puntos por encima de la media de nuestro entorno en recogida selectiva, disponemos de infraestructuras ya construidas y hemos apostado por una inversión adicional para los objetivos del futuro. No partimos de cero, tenemos ya una parte del camino recorrido. Estamos en la vanguardia de transición energética en muchos aspectos.

"A Gipuzkoa los fondos europeos llegarán para impulsar la transición energética y la economía circular?

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