“Nueva Zelanda confinó su ciudad más poblada por siete casos”

El exrector de la UPV/EHU sostiene que es fácil enjuiciar las medidas de cuando no había datos

30.08.2020 | 01:43
Juan Ignacio Pérez Iglesias, catedrático de Fisiología y exrector de la UPV/EHU. Foto: Oskar M. Bernal

DONOSTIA – No es amigo de hacer augurios, porque en ciencia es muy poco recomendable, "pero lo que nos están diciendo desde los medios científicos es que en una pandemia que no está controlada –tenemos más de 25 casos diarios por cada 100.000 habitantes– la vuelta a la normalidad puede generar una expansión aún mayor de la misma, incluso si se toman medidas más en serio de contención del virus", sostiene Juan Ignacio Pérez Iglesias.

Si se vuelve a la absoluta normalidad escolar y académica es previsible que crezca la circulación del virus, "al entrar en contacto personas de distintos enclaves", explica el exrector de la UPV/EHU, que se muestra firme partidario de retomar las clases presenciales, "aunque antes habría que conseguir rebajar la circulación del covid", opina el exrector.

Reconoce que es difícil ponerse en la situación de la autoridad que debe tomar estas decisiones. "Tengo la suerte de no ser yo. Es una gran responsabilidad, no es nada fácil. Hay que mantener un equilibrio entre la docencia presencial y online, siendo muy importante transmitir a la población la idea de que se tiene el control de la pandemia".

Pérez Iglesias considera que deben de tomarse medidas más severas y que toda la sociedad ha de asumir su responsabilidad. "De hacerlo así se podría volver con cierta normalidad, siempre bajo una actitud vigilante".

Es consciente de que la actual situación se debe a que un porcentaje elevado de la población ha dado por resuelto el problema y ha empezado a hacer una vida normal a todos los efectos. "Las medidas que han puesto en marcha las administraciones vascas tras la desescalada buscan contrarrestar esto. Por otro lado, como pensaban que la situación actual ocurriría en otoño, las restricciones de movilidad y del ocio en general se han tomado tarde. Han costado mucho porque me imagino la difícil disyuntiva entre mantener una necesaria actividad económica, algo vital, y al tiempo contener la expansión de la pandemia. Se confiaba en poder detenerla sin tener que poner restricciones", asegura Pérez Iglesias.

En su opinión, el ejemplo que ilustra bien el modo de frenar los rebrotes ha sido Nueva Zelanda. "Cerraron Auckland, su ciudad más poblada con 1,7 millones de habitantes, en cuanto detectaron siete brotes. Esto no lo he visto en Gernika, Azpeitia, Ordizia, Getxo... Con este número de contagios, en muchos países se habrían cerrado", explica el catedrático.

insolidaridad En Euskadi se hace un gran número de PCR, aunque aún sean insuficientes, como los rastreadores. Algunos achacan a esta circunstancia el alto cúmulo de brotes, pero lo cierto es que nadie se lo esperaba. "Estos factores, junto a la actitud de parte de la población poco consciente de que nos estamos metiendo en un agujero actuando de esta manera insolidaria, son los que provocan los rebrotes", explica Pérez Iglesias visiblemente molesto. A su juicio, se tardó mucho en cerrar los locales de ocio nocturno y, en los diurnos, no se están cumpliendo las normas. "Es lo que veo. Igual no se pueden hacer cumplir, pero no entiendo que se aprueben normas que no se cumplan".

profetas del pasado El exrector de la UPV/EHU no desea ser profeta del pasado, "ni del futuro, porque para mí ahora es muy cómodo y fácil valorar las consecuencias de decisiones tomadas hace dos meses cuando desconocíamos lo que sabemos ahora. Por eso, me cuesta mucho enjuiciar las medidas iniciales cuando no se sabía nada de este virus".

Sobre el riesgo de sufrir un colapso sanitario ante el aumento de casos, cree que, aunque sea complicada, no nos hallamos en la misma situación que en marzo o abril. "La consejera Murga tiene razón. Afirmar que tenemos los mismos números que en marzo no es cierto, porque antes se identificaba el 10% de los casos y ahora el 80%", explica.

Miremos al futuro con esperanza. ¿Podemos? "Claro que sí. De una manera u otra. Este es un problema, que aunque cueste decirlo, vamos a resolver, porque ya convivimos con un montón de enfermedades víricas que causan mucho daño: la gripe estacional, el sida, que parece olvidado y, aunque parezca mentira, la tuberculosis. Y por causa de los antivacunas hasta resurgen enfermedades como el sarampión, que ya habíamos dado por superadas. Asumamos que probablemente tendremos que convivir con un virus más que nos seguirá generado enfermedad y muerte".

Un número de fallecimientos que será socialmente aceptable. "Como ahora son aceptables las muertes por la gripe estacional. Esto va a ocurrir y me duele decirlo, pero será así, porque los afectados seremos sobre todo personas mayores", subraya.

La duda que le ronda al catedrático de la UPV/EHU es si se llegará a esta situación antes o después de disponer de una vacuna. Se manifiesta escéptico sobre disponer de una vacuna eficaz a corto plazo y confía más en que se disponga de metodologías de análisis que permitan evaluar de forma rápida y económica a casi toda la población con cierta frecuencia. "Esto no es una utopía. Es algo que se está desarrollando y veremos en pocos meses. Por ejemplo, se están llevando a cabo ya test de saliva. Soy optimista con métodos más rápidos que las PCR", recalca esperanzado.