Tantaka

Otro manifiesto es posible

25.04.2022 | 00:17
Otro manifiesto es posible

estos días se ha presentado un manifiesto por la paz en Ucrania que ha dado mucho que hablar. Me permito compartir aquí algunas ideas que, a mi juicio, deberían considerarse en un texto de esa naturaleza.

Es bien sabido que la paz tiene una estrecha relación con la justicia y con la verdad. Pienso que un documento de este tipo debería preservar esta relación. El manifiesto no está seguramente tan dirigido a Putin, al que poco importará lo que nosotros firmemos, como a la opinión pública de aquellos países en que se pueda debatir con cierta libertad sobre el conflicto. Su finalidad es pues, supongo, enriquecer el diálogo social. Si este fuera el caso, con mayor razón se antoja necesario insistir sobre el papel de la justicia y la verdad en toda esta historia.

Una llamada a la paz debería partir de cierta consideración sobre la legitimidad del uso de la fuerza. No sería, por ejemplo, lo mismo el uso de la fuerza para consumar un crimen de agresión, que su uso como medio de legítima defensa para resistirlo.

Un planteamiento que se basara en "un diálogo sobre la base (de) las dos condiciones más esenciales para la paz: las tropas rusas invasoras deben retirarse de Ucrania y Ucrania se convierte en un país neutral" sería a mi juicio injusta, puesto que hace depender lo uno de lo otro. Se convierte así la pérdida de independencia ucraniana (su soberanía en política exterior) en una condición –el precio– del cese de la agresión.

Premiar al agresor como requisito para dictar tablas es, además de injusto, inútil en este caso, puesto que Putin no ha dado una sola señal de que vaya a conformarse con esto y ha dejado claro que ambiciona la fragmentación del territorio ucraniano.

Ceder de entrada ante el agresor en parte de sus aspiraciones no solo no nos acerca necesariamente a la paz, sino que nos podría quizá alejar de ella al hacerlo más fuerte para consolidar su ganancia y continuar su camino.

Puestos a reclamar algo en un manifiesto, preferiría pedir que el agresor se retire respetando la independencia, la soberanía y las fronteras del agredido. Lo que no significaría inventar nada, sino remitirnos a la Carta de la ONU.

También debería incorporarse a un texto por la paz alguna reflexión sobre los crímenes internacionales, máxime si escribimos en el momento mismo en que estos se están cometiendo. Callar no parece razonable. Nuestro manifiesto debería condenar esos crímenes y rechazar que quedaran en la impunidad. La Corte Internacional de Justicia ha iniciado una investigación, el Consejo de Derechos Humanos otra, y la Corte Penal Internacional una tercera. Cada una con su mandato, sus poderes, sus procedimientos y su jurisdicción diferenciadas. Sería deseable que nuestro documento apoyara estas investigaciones ya en curso y solicitara que lleguen hasta el final. Entiendo que Rusia se oponga a estos procedimientos, pero un manifiesto por la paz no debería obviarlos.

No seamos ingenuos. El equilibrio entre la paz, la justicia y la verdad conlleva siempre una dificultad endiablada. Miles de páginas se han escrito al respecto. Lo hemos vivido en numerosas transiciones y procesos de paz, desde Argentina o Chile a España, desde Sudáfrica a Colombia. En todos los casos hemos defendido que algún tipo de equilibrio mínimamente razonable entre esos principios (paz, justicia, verdad) debe respetarse. En cada ocasión ese triángulo de principios, en equilibrios cruzados e inestables, se ha ajustado de formas diferentes, siempre de manera imperfecta, siempre con dolor y renuncias, siempre como una labor inacabada, siempre adaptado a la historia y a las fuerzas del momento. Para Ucrania también deberíamos aspirar a una salida que tendiera, aun cuando fuera mínimamente, a ponderar de alguna manera esos principios. En ninguno de los casos citados hemos aceptado sin criticarlo que en virtud de una paz entendida como mera pacificación puedan anularse por completo los principios de justicia y de verdad. Tampoco lo deberíamos hacer ahora.

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