Misioneras vascas en el fuego cruzado de la II Guerra Mundial

03.01.2022 | 00:26
Misioneras mercedarias de Berriz a su llegada a Saipán. Foto: N.G.

El ejército japonés las declaró enemigas y en un combate contra eeuu Angélica Salaverria recibió un tiro en el pecho

ocho años antes de que estallara la guerra militar de 1936 en el Estado español y llegara a Euskadi, cinco monjas vascas del Instituto Misionero de las Mercedarias de Berriz viajaron a Saipán, la isla más grande de las Islas Marianas del Norte en el océano Pacífico occidental.

Fue el 4 de marzo de 1928 cuando procedentes del convento de la Vera Cruz, Loreto Zubia, Inocencia Urizar, Pilar Lorenzo, María Teresa Cortazar y Aurora Chopitea arribaban a aquel enclave tras meses de viajes. "Las Marianas en aquel momento eran un mandato japonés, lo mismo que las Carolinas, a donde también llegaron las monjas de Berriz", ilustra Koldo San Sebastián, quien ha investigado este curioso hecho histórico.

Fueron recibidas por los religiosos Dionisio de la Fuente y Luis Carlos Faber, este último procurador de las Misiones. Según relata San Sebastián a este periódico, a pesar de que las monjas no conocían ninguno de los idiomas que se hablaban en el archipiélago, quince días más tarde, abrieron una escuela de niñas.

La propia María Pilar López de Maturana, conocida como María Margarita, y que vivió entre 1884 y 1934, escribió al respecto: "Las hermanas fueron recibidas con amor, admiración y gratitud. Era la primera vez que alguien veía monjas en Saipán. A primera hora de la mañana, la mayoría de los habitantes de la isla habían comenzado a congregarse en el puerto para recibirlas. Algunos llegaron, incluso, de muy lejos. Más tarde, después de haber presenciado el desembarco de las monjas, caminaron como en procesión hacia la iglesia para dar gracias a Dios por lo sucedido". Sin embargo, su labor pacífica se vería alarmada por el estallido de la Segunda Guerra Mundial.

El ejército japonés vio a las mercedarias como enemigas, y las monjas acabaron internadas en un campo de concentración "en condiciones durísimas", valora San Sebastián. Y, por si fuera poco, se vieron atrapadas en medio de los violentos combates entre japoneses y estadounidenses. Lo relata el investigador. "Algunas religiosas resultaron heridas. La más grave, sor Angélica Salaverria, que recibió un tiro en el pecho, y estuvo a punto de ser rematada por un soldado japonés", subraya San Sebastián.

Con la ocupación estadounidense, las monjas conocieron a monseñor Arthur Tighe, que servía como capellán de la Fuerza Aérea (USAF) en Okinawa, ciudad que entre 1945 y 1972 estaría bajo administración del país norteamericano. Durante la Segunda Guerra Mundial, cuando Saipán y otras islas de la Micronesia quedaron bajo Administración de Estados Unidos, las misioneras comprendieron que debían aprender inglés para continuar su labor allí. "El padre Tighe prometió ayudarlas para que pudiesen viajar a Estados Unidos y aprender la lengua".

Con la ayuda del sacerdote y del arzobispo Edwin V. O'Hara, fueron llegando más misioneras vascas a aquel enclave. Así, en septiembre de 1946, arribaron seis monjas, incluida la superiora, la madre Josefina. Siguieron tres más en 1947, dos en 1948 y cuatro en 1949. Todas se inscribieron en la Academia donde estudiaban inglés, historia americana y otras materias necesarias para su trabajo.

En aquellos días, monseñor O'Hara quería abrir un centro para atender a personas mayores y pidió ayuda a estas mujeres. Se instalaron en un antiguo hospital desocupado y, en 1947, abría el hogar Our Lady of Mercy (Nuestra Señora de la Merced). Pasados los años, el padre Tighe se convirtió en residente en uno de los centros, donde pasó los últimos años de su vida.

En 1950, el Senado de Estados Unidos autorizó la residencia permanente a María Luisa Ajuria Lazpita, de Amorebieta; María Isabel Albizuri Aguirre, de Axpe-Martzaa; María Ignacia Arregui Urbieta, de Azpeitia; Aurora Jauregui Gorozarri, de Hondarribia; Begoña Landaburu Azcue, de Bilbao; Elvira Echevarria Goicoechea, de Zumaia; Pastora Inchausti Susarregui, de Errenteria; Jesusa Unzalu Eguidazu, de Muxika; Victoriana Egüés Saizar, de Tolosa; María Blanca Ganchegui Alcorta, de Tolosa, y Benita Izaguirre Zabalegui, de Hernani; Teodora Jiménez, "de Xavier".

profundizar en los lazos Y llegarían a continuación más religiosas desde Euskadi a diferentes lugares del mundo, no únicamente a las Islas Marianas del Norte o a las Carolinas; también, por ejemplo, a Estados Unidos. Koldo San Sebastián cita a Libia Anucita, María Teresa Guijarro, María Pilar Latasa, Inés Goicochea, Mercedes de la Sierra, Begoña Landaburu, Angélica Salaberria, Mercedes Lamíquiz, Fermina Aguirremalloa, Begoña Landaburu o Teresa del Valle.

MARÍA MARGARITA

La beata madre Margarita, la transformadora. Margarita María López de Maturana nació en Bilbao el 25 de julio de 1884. Al cumplir 19 años, el 25 de julio de 1903, ingresó en el monasterio de la Vera Cruz de Berriz, donde dedicó 20 años de su vida a las jóvenes internas del colegio y se dedicó a transformar el convento de clausura en instituto misionero. En septiembre de 1926, el convento misionero de Berriz abrió sus puertas y salió la primera expedición, con permiso especial del papa de la época, con destino a China y Japón. El 30 de octubre de 1927, las misioneras partieron a la isla de Saipán y en 1928 llegaron a la isla de Ponapé, hoy Pohnpei, del Archipiélago de Micronesia, en Oceanía. El 22 de octubre de 2006, se llevó a cabo la ceremonia de beatificación de la Madre Margarita en la catedral de Santiago en Bilbao.

Las monjas acabaron internadas en un campo de concentración en condiciones "durísimas", relata Koldo San Sebastián

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