Bis a bis

Geopolítica e independencia industrial

11.10.2020 | 00:46

Afrontamos tal vez la mayor crisis mundial desde la Segunda Guerra Mundial; se pronostica que el declive económico puede llegar a ser más grave que la depresión de los años 30 del pasado siglo, se habla incluso de que supondrá un cambio de época, un retorno al Estado protector, un auge de las sociedades de la vigilancia, un retroceso de la mundialización, una vuelta a la autarquía y a las fronteras. Todo son hipótesis, aproximaciones al mundo del mañana, infructuosos intentos orientados a gestionar la incertidumbre que nos rodea a nivel mundial.

Uno de los principales problemas al que nos enfrentamos es la ausencia de un liderazgo mundial compartido; sin liderazgo los Estados competirán entre sí cuando en realidad la clave en tiempos tan complejos radica en cooperar. Esta tendencia se agudiza en la dimensión geopolítica global por el hecho de que el mundo vive momentos de gran debilidad institucional. Las instituciones que refundaron las relaciones internacionales en 1945, hace ya 75 años, experimentan un serio declive en su auctoritas mundial lo cual les impide abanderar ese necesario liderazgo supranacional.

En este contexto, Europa se está activando. La pandemia del covid-19 parece haber despertado al continente de su letargo económico y político de décadas, y ha revitalizado el proyecto de integración de la UE en maneras inimaginables hasta hace apenas seis meses. Jean Monnet, uno de los arquitectos fundadores de la UE, afirmó que "Europa se forjará en las crisis".

El despertar geopolítico europeo no ha surgido de la nada. Mientras que la rivalidad de EEUU y China se intensificaba durante la presidencia de Donald Trump, Europa comenzó a ajustar con cautela su enfoque hacia un mundo cada vez más definido por la competencia de grandes potencias. La UE comenzó a debatir la noción de "autonomía estratégica", que exige a Europa defender su soberanía industrial; en lugar de buscar a un aliado estadounidense que se ha vuelto abusivo bajo el Gobierno de Trump, o a un país como China, cada vez más agresivo, para el liderazgo global los líderes europeos han descubierto que deben buscar a Europa.

La crisis derivada de la pandemia ha convencido a una gran mayoría de europeos de la necesidad de una mayor cooperación de la UE. Europa está entrando en esta nueva década con más confianza en su unión y menos en los demás y parece atisbarse que Europa saldrá de esta crisis como un actor global más fuerte y unificado.

El presidente francés, Emmanuel Macron, lo verbalizó así: "Percibo signos de que Europa comienza a verse como una potencia geopolítica". El objetivo es reconstruir "su independencia industrial y digital", reforzar el Mercado Único, apostar por una política industrial más ambiciosa, revisar las normas de competencia, protegerse de "injustas y abusivas" prácticas comerciales de otros países y transitar hacia la "soberanía digital" en sectores clave cono la dimensión digital (el 5G), la inteligencia artificial y el Big Data.

Ninguna nación, con o sin Estado, es hoy completamente soberana. La nueva crisis a nivel mundial ha relativizado y redimensionado la tradicional concepción de la soberanía estatal. Pese a las dosis imperantes de populismo, pese a la impostura política que ha emergido, por ejemplo, en los debates sobre el brexit, la supuesta plena independencia política no es ya sino una frase. Lo prudente, lo aconsejable, lo pragmático es tratar de situarse en una posición de interdependencia lo más favorable posible.

Vivimos en una época de transformación radical de nuestros marcos de referencia. Asumir la interdependencia entre los diferentes poderes políticos, la soberanía compartida entre los mismos y los retos de las democracias en un mundo globalizado en el que los Estados se muestran impotentes para asumir por sí solos las respuestas a toda esa complejidad sobrevenida.

La Europa unida era desde el inicio el proyecto político de la unificación del continente. Un proyecto para construir una federación de naciones en torno a un proyecto de futuro compartido. Quizá los Estados son en ocasiones demasiado grandes para problemas pequeños, pero hoy, resultan también demasiado pequeños para los grandes problemas: es la hora de apostar más por la UE, porque el diseño institucional y las herramientas de que disponen los Estados devienen por sí solos insuficientes para hacer frente a dinámicas como las desencadenadas por esta crisis derivada de la pandemia.