La contraentrevista. Miriam Serrano. Enfermera de UCI

"Para mí, aquellos aplausos desde las ventanas se han quedado en un eco vacío"

Su trabajo es su pasión. Por eso ha dado hasta el último aliento en la UCI del hospital de Txagorritxu en este año y medio terrorífico poniendo siempre el factor humano en el centro

05.07.2021 | 09:27
Miriam Serrano es enfermera de UCI.

¿Vas a ser capaz de quitarte de la cabeza lo que has visto?

–No, y todavía contestándote a esta pregunta se me humedecen los ojos. Es difícil olvidarse de cómo se despedía una mujer de su marido tras el cristal mientras él le pedía a su pareja que se marchara, acompañar a una paciente que llevaba luchando durante meses y sentir que el bicho la vencía, pasar noches a pie de cama de los pacientes e intentar quitarles esa angustia...

Jamás hubieras imaginado vivir algo tan duro.

–Nunca podríamos imaginar algo así. Nadie nos preparó para esto. La primera vez que junto a mis compañeras y compañeros nos poníamos todos el EPI, sentí que nos adentrábamos en La guerra de las galaxias y jamás podría imaginar que no me equivocara en que se convirtiera en una verdadera guerra.

¿Cuantas veces te has sentido al límite?

–Muchas veces. Sé que puede costar imaginarlo pero los turnos eran verdaderamente agotadores. Era una carga física terrible, teniendo que levantar a pulso a muchos pacientes que estaban dados la vuelta. Además, los pacientes covid eran muy inestables y en cualquier momento tocaba actuar.

¿Qué te ha dado fuerzas para seguir?

–Ellos, mis pacientes. Estar junto a ellos llegara lo que llegara y pasara lo que pasara.

¿A qué le tenías miedo cuando llegabas para empezar el turno?

–A nada, nunca le tuve miedo a nada, a pesar de ser diabética y de trabajar con una bomba de insulina debajo del buzo.

¿Qué situación tienes grabada a fuego?

–Las manitas pidiéndome disculpas de un paciente que luego falleció y tener que despedirme de él a través de una bolsa.

¿Te llegas a acostumbrar a perder pacientes?

–La muerte forma parte de nuestro día a día, pero hay historias y pacientes que nos calan muy hondo.

También está lo positivo, cuando ves salir a alguien que lo tenía complicado...

–Hemos tenido muchos que han salido y ni te imaginas lo que nos produce verles después, una felicidad increíble.

Habrá sido complicado para la gente de tu entorno...

–Para mis padres sobre todo.

¿Has llegado a notar recelo por parte de alguien al saber que eres sanitaria?

–Sí, de algún vecino en alguna ocasión o dentro de un supermercado, cuando alguien se percataba de que eras sanitaria.

¿Qué piensas cuando acabas el turno y ves que en la calle se vive casi con total normalidad?

–He visto ciertas actitudes que me provocaban mucha rabia y frustración. No podía entender qué más necesitaba la gente para despertar. Una parte de mi deseaba que hubieran vivido lo que yo estaba viviendo y otra parte de mi deseaba que no lo tuvieran que vivir nunca.

¿Dónde han quedado aquellos aplausos desde las ventanas?

–Para mi, en un eco vacío.

Pese a todo, ¿empiezas a sentir que ya queda menos?

–Siento que queda, pero ahora mismo vivo el presente y las posibilidades que ahora me brinda.

¿Qué esperas encontrar cuando vuelvas de vacaciones?

–Prefiero no pensarlo ahora mismo. Lo que tenga que ser será.

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