Siesta: estas son sus ventajas ... si se hace bien

Surgen voces entre la comunidad científica que matizan sus ventajas para la salud y alertan de la probabilidad de efectos no tan buenos en ciertas personas y situaciones.

18.08.2020 | 21:10
Siesta plácida al aire libre.

Los expertos son contundentes al señalar que la siesta puede favorecer de manera sustancial la recuperación cardiovascular y mejorar la capacidad de aprendizaje, pero también plantean algunos riesgos que puede representar este descanso después de la comida, tan presente en nuestra cultura.

Sostienen que después de una copiosa comida, la distribución de la sangre en nuestro organismo se modifica: se incrementa en las zonas abdominales, donde se realiza la digestión de los alimentos, y disminuye en zonas de nuestro cuerpo tan importantes como el cerebro y la región cardiopulmonar.

Por otro lado, si nos hallamos en ambientes muy cálidos, esa distribución de la sangre también se ve modificada por la vasodilatación periférica, y por ello se esparce de modo periférico. Las dos situaciones provocan una bajada del riego cerebral, que es el principal motivo de la somnolencia tras ingerir una comida abundante. Algo muy común en determinados países cálidos, mediterráneos y tropicales.

Entre los efectos no deseables que pueden causar las siestas prolongadas destacan las cefaleas, la irritabilidad y los cambios de humor. Asimismo, los expertos indican que es más probable el insomnio nocturno, así como los accidentes cardiovasculares y el agravamiento del síndrome metabólico.

Sin embargo, también insisten al señalar que en la infancia la siesta es imprescindible, y la consideran siempre beneficiosa. Además, apuestan por que los primeros cuatro o cinco años de vida se prolongue en el tiempo todo lo posible, ya que permite a los niños estar más tranquilos, menos irritables, más sociables y atentos para asimilar mejor todo lo aprendido. De hecho, contribuye a reducir la hiperactividad, la ansiedad y la depresión.

Pero, ¿como deben dormirla los niños? Pues depende de cada uno de ellos. A algunos les sobra con veinte minutos, mientras que otros duermen dos horas y los hay que no quieren hacerla en ningún caso. Por ello, según indican los expertos, no es cuestión de obligarles, aunque sí es bueno darles la oportunidad y preparar el ambiente adecuado para que se acostumbren a la siesta.

En este asunto es clave preparar una rutina: que sea siempre más o menos a la misma hora y en un lugar tranquilo. Lo ideal sería antes de las cuatro de la tarde.

La mayoría de los expertos sostienen que el tiempo idóneo para la siesta no debería superar los 20-30 minutos. Las razones que esgrimen para ello es que el sueño inicial es el más profundo y eficaz, y que si experimenta una excesiva duración puede ocasionar los comentados efectos no deseados. Las personas con largas siestas y fuerte sueño nocturno tienen, según algunos estudios, un 85% más de probabilidades de sufrir un derrame cerebral que quienes duermen por la noche y hacen la siesta moderadamente. 



Diez beneficios de un sueño reparador


  • Según la Fundación Española del Corazón (FEC) estos son los diez principales beneficios de una siesta correcta: 
     
    1- Prevención de las cardiopatías. La siesta ayuda a disminuir en un 37% el estrés y el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares. La falta de sueño incrementa el cortisol, y un exceso de esta hormona aumenta la intolerancia a la glucosa y a la grasa, debilita el sistema muscular e inmunológico, y disminuye los niveles de la hormona del crecimiento, lo que puede provocar diabetes y enfermedades cardiovasculares.
     
    2- Rebaja de la tensión arterial. Diferentes estudios han demostrado que quienes duermen una siesta diaria de entre 45 minutos y una hora tras haber soportado un día de estrés y tensión psicológica ven disminuir su presión arterial y su ritmo cardiaco.
     
    3- Facilita el aprendizaje. Expertos de la Universidad de Berkeley aseguran que quienes duermen la siesta rinden más por las tardes y aumentan en un diez por ciento su capacidad de aprendizaje. El sueño, dicen, permite afrontar nuevos conocimientos y fijar los ya adquiridos.
     
    4- Incrementa la concentración. Existen numerosos estudios que destacan que la siesta (incluso una de seis minutos) contribuye a mejorar cualquier tarea que suponga recordar listas de palabras o de objetos. El sueño facilita el almacenamiento de la memoria a corto plazo y deja espacio para nuevos datos.

    5- Estimula la creatividad. Neurólogos de la Universidad de Georgetown han comprobado que la siesta aumenta la creatividad, o al menos estimula la actividad de la zona del cerebro (el hemisferio derecho) que se asocia con esta capacidad.
     
    6- Facilita resolver problemas. Especialistas sostienen que cuando los sujetos alcanzan la fase REM del sueño (fase de gran actividad cerebral en la que soñamos), les lleva menos tiempo realizar diferentes conexiones entre ideas. 
     
    7- Optimiza los reflejos. Un estudio de la NASA realizado entre 747 pilotos demostró que aquellos que dormían una siesta diaria de 26 minutos cometían un 34% menos errores en el trabajo y duplicaban sus niveles de alerta.
     
    8- Favorece la abstracción. Un organismo estadounidense ha estudiado las expresiones faciales de varios niños de 15 meses ante frases que han escuchado anteriormente. Los niños que durmieron la siesta aprendieron una oración y su relación con otras, mientras que el resto no reconocía las frases.
     
    9- Incentiva la positividad. Otros estudios indican que las personas que duermen la siesta y pasan por la fase REM aumentan su receptividad ante la expresión facial de felicidad, mientras que quienes no lo hacen manifiestan más ira y miedo.
     
    10- Mejora el estado de ánimo. La serotonina es un neurotransmisor que regula el sueño, el apetito y el estado de ánimo. Y dormir inunda nuestro cerebro de serotonina, lo que nos proporciona una sensación de satisfacción y bienestar.